¿Será acaso cierto que cada orgasmo es una pequeña muerte? ¿Será que quizás el sexo abre abismos entre hombres y mujeres? ¿Abismos insondables, vacíos inescrutables? ¿Será acaso que se trata de la constatación efectiva de que la promesa de completitud no se cumple y quedamos allí, suspendidos, con una soledad más definitiva, más concreta, más tangible? ¿Será acaso que el sexo sea esa fuerza que atrae a dos cuerpos suspendidos en el vacío pero que sólo logra estrellarlos, destruyéndolos en añicos y repeliendo a uno del otro justo a continuación? ¿Será acaso que amor y sexo sean, contra toda enseñanza fabulezca, finalmente incompatibles?