29.12.06
Ardorosa pasión
25.12.06
Artemisa de la estepa
O tal vez sí, una y mil veces.
Las gotas densas y frías corrían pesadas entre su piel y la ropa. La maleza entorpecía su huir, preñando de humedad sus pies. El suelo arcilloso y chapotero, inestable, dificultaba su equilibrio. Y cada brinco era un riesgo temerosamente aceptado, cada viraje escapando a un arbusto, una osada temeridad.
Los alamos se batían a causa del viento en concertado ánimo y allá atrás, a unos metros, seguramente divisaría la vieja casona de madera y techo de chapa. De entre la maleza, el olor putrefacto daba cuenta de algún pequeño cadáver, el cuál ahora sospechaba detrás de las aves carroñeras que impasibles bajo la lluvia le observaban a la vez que desperezaban las alas. La más pequeña y vigorosa le miró directamente a los ojos. Su mirada oscura y lasciva parecía más amenazadora cuanto una pequeña víscera aún colgaba del punzante pico del animal. La carrera angustiada puso a las aves a sus espaldas y un lozano graznido pareció darle caza por detrás.
El agua se agitaba ruidosamente entre las suelas y los pies, molestando. El barro había cubierto al calzado en su manto y el frío insensibilizó a sus moradores, anulando la existencia de aquellos que ahora le conducían por entre los árboles, qué aún más violentamente parecían sacurdirse al aproximarse. Alzó los brazos junto al paquete a la altura de la cabeza, pero ni esto pudo evitar que las ramas le azotaran y arañaran su rostro y espalda. Una rama larga y elástica le dió un agresivo latigazo a la altura de los riñones justo después de soltarla. El agudo dolor casi lo tumba. Trastabilló, haciendo enorme esfuerzo por lograr respirar y no ahogarse en su propia y espesa saliva en el grito ahogado de dolor.
Trás la alameda, sabía se encontraba la huella. Entre los surcos erosionados por cubiertas de camionetas pesadas y pretéritas encontró suelo estable sobre el cual correr, sin obstáculos, hasta el viejo y sombrío casco de estancia abandonado. Corrió los últimos metros con el ardor en la espalda que crecía y crecía, a la vez que un seco dolor ya se había depositado punzante en su garganta hinchada, lugar por donde el enmohecido aire de la tarde lluviosa transitaba. Su angustia creció al aproximarse a la puerta, la cual cerrada, no soportó la embestida de su hombro izquierdo. El rechinar de la madera le provocó un escalofrío intenso y expedito cerró y atracó a la misma con un pequeño y pesado modular. Sobre la mesa depositó el paquete, junto a un florero vacío sobre un mantel polvoriento. La estufa de carbón aún estaba tibia y desde la misma brotaba la oscura luz rojiza de algunas brazas agonizantes. Introdujo en la misma, sin sacarse aún ninguna de las pesadas prendas húmedas tercamente pegadas a su cuerpo, un par de maderas que arrancó de un enclenque cajón traído otrora de alguna proveeduría de algún pueblo cercano, y separó inmediatamente luego dos o tres tronquitos de carbón. Con mucho esfuerzo comenzó a sacarse la campera, tarea dificultosa, pues las fuerzas parecían abandonarle del cuerpo. Viró para cerciorarse que el paquete aún permanecía sobre la mesa cuando escuchó a la madera del suelo rechinar a su izquierda. Al observar en dirección a la habitación, con la puerta entreabierta, no le sorprendió el grisaceo azúl que teñía todo. La cama con la pesada colcha se le antojaba su próximo e inmediato destino, si bien lamentó que se encontrara tan lejos de la estufa. Otro ruido, siempre presente hasta entonces pero que ahora le parecía poderosamente amenazador, se escuchaba a sus espaldas. La ventana de los vidrios sucios por el polvo acumulado tras las sucesivas tormentas de viento se encontraba abierta. A través de la misma el viento empapaba las cortinas y permitía que un chiflete helado penetrara en la vivienda. Fue hartamente dificultoso lograr cerrar la placas hinchadas de la ventana. Pero el determinado empeño, junto a un par de golpes, a veces sobre el ángulo superior, muchas otras sobre el inferior, permitieron dar por terminada la tarea.
Se quitó la campera y lo mismo hacía con la camisa, desabrochada en sus tres botones superiores y en sus mangas, cuando tomó los leños de carbón y los introdujo en la tímida llama dentro de la estufa. Renegó por haberlos humedecido al sujetarlos, y otra vez, ansioso, volteó para cerciorarse que el paquete se encontraba donde lo había dejado. ¡Azorada su expresión al no verlo sobre la mesa! Confundido, histérico, corrío rápidamente su vista por toda la habitación. Gritó angustiado un «pero... cómo?» y casi corriendo, no sin dudarlo varias veces entre paso y paso, se adentró violento en la habitación. Dío un portazo y gritó tirando de sus cabellos. Miró a través de la ventana y nada. Corrió hacia la otra. Sólo lluvia, viento y los álamos que se estremecían al unísono, allá, a unos 60 metros.
Ingreso temblando a la sala principal, se acercó a la mesa, miró en derredor, y nuevamente el crujir de la madera lo obligó a rotar sobre sí violentamente.
Su rostro se puso pálido. Sintió que la sangre dejaba de palpitar a través de sus venas y que su corazón se estremecía de un gélido golpe. Ella era tan solo una niña, si bien milenaria mujer. Sus ojos fosforescentes le presaron la mirada, y su andar contundente y suave le acercaban más y más a él. La pared a sus espaldas, luego de golpear la mesa y tumbar el florero, que rodando se estrelló finalmente en el suelo para hacerse añicos, le impidió proseguir su espantada huída. La jovencita en su camisola, con sus pies preciosos y límpidamente descalzos, se aproximó más y más. La exigua tela que cubría su vigorosa y virgen femeneidad permitía adivinar la más bella de las vedadas promesas. Su cabello rojizo y pletórico, vagamente ensortijado, parecía unas veces fuego, otras sanguíneo caoba. Su rostro argüía un maléfico propósito detrás de una sonrisa en apariencia abandonada y apacible. Su piel, singular pétalo lunar, se le presentaba la más bella jamás concebida, si bien denunciaba una espectral y platinada naturaleza. Sin dejar de clavarle hipnóticos sus ojos fosforecentes, acercó sus brazos angelicales al pecho del hombre, pozándolos sobre el mismo, a la hora que entre sus manos tomaba el rostro de quién se convulsionaba nervioso, con los ojos desorbitados. El frío de su cuerpo atestiguó lo imposible. El contacto con la piel de la jovencita significó el abraso gélido sobre la superficie por sus extremidades alcanzada. El escalofrío violento, las convulsiones, el vértigo y la vista que se nublaba, salvo sus ojos, fosforecentes y lozanos.
Los brazos de quién hasta hace poco había huído colgaban junto a su cuerpo. La pared evitó que el mismo se derrumbara. Su mirada, nublada, nada podía distinguir, salvos esos ojos de otro mundo.
«Permíteme que te bese» ella suspiró con una voz lejana y profunda, acompañada de un aliento ártico. Y acercó su boca a la de él, que ya nunca jamás pudo atestiguar dicho beso.
en El maestro y Margarita
de Mijaíl Bulgakov
9.12.06
Reencuentros
Una distinción muy aguda, ya realizada por los griegos, me ayuda a entender el por qué de ciertas cosas. Siempre se es antes de ser. Pues siempre la ontología subordina a la cronología.
Así, en crudo, no digo nada. Es verdad.
Se es antes de ser. Y con esto significo que hay verdades y esencias que son tales con antelación a que la concatenación de los hechos las hagan existentes a nuestros ojos. Desde esta perspectiva, el tiempo no es más que el escenario donde finalmente se manifestará aquello que necesariamente ha de ser. Pues lo que es, lo es antes del tiempo, más allá del mismo e independientemente de él. En realidad, es el tiempo el que es posterior a lo que es, quién está más acá y quién depende de lo que existe. Por eso no erran quienes aseguran que todo está escrito. Some things are meant to be. O en realidad, everything is meant to be.
Esta verdad no nos resulta del todo evidente debido a nuestras limitaciones, consecuencia lógica de nuestra finitud como sujetos cognocentes. Estamos condenados al conocimiento imperfecto, relativo, teñido de emociones. Por esta razón la experiencia humana es tan bella y angustiante, digna y dolorosa. Nuestra finitud es tragedia. Y las comedias no son sino fraccionamientos conscientes y deliberados de ésta.
Sin embargo, lo que busco señalar es lo siguiente. Muchas veces reprochamos el sinsentido que como un sopor avanza sobre las cosas. La anarquía que impera, el nihilismo que adviene. Situaciones que duelen, ausencias que angustian, el fuego interno que mengua con esporádicos estallidos que sacuden y abrasan pero no alimentan la llama, todo en el tránsito de un hambriento sin fin de deseos renovados. ¿Y qué no implica un deseo sino una insatisfacción de algún tipo?
Mi experiencia me llevó a buscar paz y armonía dentro de mí. Jugué a imitar a Dios y cual una pequeña versión de él, lograr en mi la perfección. Al no alcanzarla jamás, pretencioso de mi, entendí que quizás la perfección como tal era sencillamente perseguir a la misma de forma sostenida. Quise explorar la infinitud dentro de mi mismo para de esa forma romper con la finitud humana. Busqué cerrarme para ordenarme. Porque, ¿cómo acercarme a otros sin estar preparado? ¿Cómo acercarme a otros siendo imperfecto? Siempre los intentos fueron grandes desilusiones, perniciosos desencuentros. Y el historial de los mismos indicaba claramente que hay cosas que no se fuerzan, que las buenas intenciones no vinculan y que quizás el problema habría de radicar en mi interior. Otra vez, más profundo urgaba y con mayor ansiedad procurando dar solución al eterno problema, resolver el viejo enigma. Everything that you need is inside of you. Frase de cabecera. Pero en mi vanidad o en mi desesperación muchas veces me ví tentado a velar por mi estabilidad en el retiro del mundo, en la autosuficiencia, tomando dicha frase literalmente. Todo lo que necesito está dentro de mí. Claro, pero, ¿para qué? ¿Todo lo que necesito para qué? Para estar bien seguramente. Pero olvidé preguntarme cómo estoy bien, asumiendo lo evidente de la respuesta. ¿Estoy bien en la soledad? ¿Estoy bien con el otro? ¿Estoy bien en el otro? A veces me sentía inclinado a pensar que en la soledad todo dependía de mí y las desestabilizaciones o desencuentros eran por ello menos probables pero, ¿puedo estar bien en la soledad? Everything that you need is inside of you repetía la voz monóacorde y porfíada. Y algo en mí sabía que eso era cierto. Sin embargo...
Hay cosas que son antes de ser, decía. ¿Pero qué hacer cuando percibís que el tiempo se te consume y sentís trágicamente que no sos? ¿Cómo excusarse ante uno mismo cuando uno no sabe realmente quién o qué es? ¿Cómo lograr ser? ¿Cómo lograr encontrarse con uno mismo?
Las cosas son antes de ser. Las cosas son antes de ser en el tiempo. Experimentan siempre una tensión hacia su perfección. Y hacía allí irresistiblemente son conducidas. Entonces, al reconocer esos ojos hacia los cuales te sentís con celeridad impulsado a sumergirte, al desear con contundente e irrevocable afán la fusión con ellos, para ser en ellos, entonces entendés que lo divino no está en vos, sino que lo divino está entre vos y ella. Entendés que sos para el otro o no sos. Sos en tu vinculación con lo externo a vos, o no sos. Sos en el amor, en el afecto, en la concertación de las voluntades, o no sos. Sos en tus roles, en tus relaciones, en tu diálogo, o no sos. Everything that you need is inside of you. Y estar bien es posible cuando destinás todo eso en tu interior para vincularte con el otro. Cuando apostas por abrirte. Cuando renuncias un poco a tu individualidad para dar nacimiento a una individualidad compartida. Sos al ser hijo, padre, novio, amigo, hermano, anfitrión, artista, laburante, compañero. Sos al ser para el otro, responsablemente, con amor. Sos al amar.
Se es antes de ser. La chispa divina es y está en todo. La chispa divina está entre vos y yo. Por eso nos reconocemos. Por eso nos despersonalizamos en el amor y a la vez, somos heroes, cual un dios griego. Por eso uno puede amar desde siempre y para siempre. Por eso uno es multitudes, en sus vinculos con el mundo. Por eso la aceptación es sabia y el amor irresistible. Por eso amarte es reencontrarnos, reencontrarme. Somos antes de ser y ya no podremos nunca no ser.
13.11.06
El amenazado
Una felicidad como ésta, que irrumpe violenta, inesperada y abrumadora tal y como es, generará siempre y naturalmente muchísima ansiedad. En todos los casos, como ahora, vencerá a los incrédulos, y les confirmará que sus certezas esperanzadas y sus escepticismos desesperanzados siempre fueron y serán relativos y perecederos.
Allí como ahora, cuando la felicidad sea tan superlativa que el propio dominio del lenguaje o quizás el lenguaje mismo se presenten como inexpertos duplicadores cuyas obras son poco fidedignas y raramente fieles a aquello que buscan duplicar, tan inexactas e incoherentes como la crónica de un testigo intoxicado y delirante. Allí cuando lo que se viva sea tan intenso que uno sienta como lo desborda y lo tensiona. Allí cuando la felicidad sea confusión e inutilice todo intento racional por comprender y obrar de acuerdo a ello. Allí cuando la misma genere dependencia física y sepamos - ¡con horror! - que su continuidad depende de factores ajenos a uno. Allí cuando la continuidad dependa de factores propios de los caprichosos dominios irracionales de uno mismo. En todos aquellos casos en que la felicidad sea tan grande que ingrese en la categoría de lo absurdo e irrepresentable, allí será natural que uno sea invadido por miedos y tema a la presencia de las sombras.
Cuando colosal, la felicidad es una embarcación de cristal surcando mares, estrechos y costas inexploradas sin timonel. Pero también, cuando se presenta como ahora, uno es omnipotente, es un dios. ¡Y cómo embriaga la ambrosía, señores, cómo embriaga!
Se me presenta otra vez una cadena de preguntas conocidas: ¿Es la felicidad un abusivo crédito que uno debe pagar en coutas de dolor con intereses de escándalo? ¿Es la felicidad no el fin de la vida, sino un desequilibrio en la misma? ¿Es lo más sabio descomprometerse de la vida y sus reglas de juego?
Es claro a esta altura, amor, que como vos, tengo miedos. Ojalá coíncidamos en que finalmente, la razón de ser de los mismos no es otra que la de ser superados.

18.10.06
Tensiones - Apologías y rechazos
14.10.06
Antígona, mamá

Quizás este texto busque ser una descarada celebración narcisista. Por otro lado, no creo que a nadie que me conozca personalmente tome por sorpresa mi culto a la tragedia edípica y sus metáforas, como la ceguera necesaria a la hora del luto, justo a continuación de develada la verdad, corrido el velo ya. Es que hay verdades para las que uno nunca estará preparado. Fisiológica o emocionalmente. Y aún así deberán ser enfrentadas y perseguidas.
No oculto tampoco mi devoción para con Antigona, diosa del amor, virgen suicida. Aquella que al renunciar a su condición de mujer, con su vida, sacrifica su derecho a engendrar. Qué huevos. En serio. Romántica, consecuentemente ciega, decidís (¿decidís?) renunciar al mandato de tu carga filogenética, a la transmisión y perpetuación de tu gen, a la celebración de tu maternidad. Pero acaso, ¿hay madre mayor que vos? Ontológicamente originaria, quién sino vos, madre de tus antecesores; quién sino vos, la redención de tu estirpe.
Hace unos pocos días compartí la mesa con dos señoras increibles que discutían dando lugar a una idea que abracé inmediatamente: la única forma originaria y natural de amor es la que vincula a madre e hijo. Todas las demás son adaptaciones del mismo molde a un mundo de géneros, edades y roles; en definitiva, artificios. Pero allá atrás, antes de que la mujer sea mujer y de que el hombre sea hombre, antes de que estuviere claro quién nació antes qué quién; allá, en el foro íntimo y desnudo de toda esencia, todos somos madres e hijos. ¿Y no somos acaso hijos tan pronto como madres, los unos de los otros? Si se me acusara de reduccionista, jíbaro me confesaría, pués tan claro me resulta desde esta perspectiva cuántos padres son madres de sus hijos y cuántos son o se tornan en hijos de los suyos. ¿Qué celebra la pareja enamorada, sino el reencuentro con su madre y el regreso al utero y tierno abrazo de la infancia; sino el espacio donde y gracias al cual ser madre? Antes de aprovisionarnos de mil máscaras, en esa realidad tras la realidad que es la metafísica, allí tranquila, enceguecedora e inalcansable toda verdad.
Con anterioridad a ser Leopoldo, previamente a ser Aitor, siempre fui Edipo Rey: orgulloso esposo de Yocasta, gigantezco y tierno padre de Antígona. ¿Y quienes son estos dos polos, estos dos arquetipos de mujer, sino el punto en el cual fue cortado el circulo para convertirse en linea de dos extremos? Madre que es mujer, hija que es madre. En su exilio, el anciano Edipo, hasta la muerte incestuoso, marido de su hija-madre tanto por necesidad como por amor fue. Y como el péndulo de un reloj, la joven al enterrar a su padre-marido se tornó en madre de sus hermanos hijos, y así, en un arco desde ella a Yocasta, se construye una imagen en la cual una madre ve su reflejo invertido en las plácidas aguas de la mismísima fuente de Narciso.

Mi vieja. Má. Mamá.
Les advertí en un principio que se me podría acusar de celebrar mi narcisismo en este texto. Habré de hacerlo con el pseudo decoro que le reviste el hacerlo de forma indirecta. Sin embargo, ésta será otra de esas tantas veces en que las palabras se me antojan enemigas; imperfectos y caricaturezcos vehículos de un mensaje, de una verdad, que no alcanzarán a permitirme expresar lo que amo, admiro y agradezco a mi madre. Quizás por eso me cuesta tanto escribirle a ella en particular.
Reconozco que soy un tipo egocentrico, un egoista. Muchas veces jodido como consecuencia de ello, porque independientemente de las culpas que después experimento, puedo perfectamente cagarme en otros. Como un caballero. Ahora, y condenado a ser leído con el rechazo que pueda provocarles mi fanatismo, les juro que no conozco persona más fiel, más honesta y más pura que mi vieja. En realidad, en cierta forma, me ha jodido la vida nunca haberle visto protagonizar ninguna muestra de crueldad, de egoísmo, ninguna pequeña maldad. ¿Cómo mierda no fracasar y exigir demasiado a la hora de buscar una pareja? ¿Cómo no entender a la realidad lástimosa e imperfecta cuando uno conocío al amor manifestándose de forma perfecta, de forma absoluta? ¿Cómo conformarse con menos?

Mi madre es una persona con un corazón tan grande, tan grande, que casi no tiene otros organos. Y esto claramente le juega en contra. Pues es una persona que vive para quienes ama, y nosotros, pequeños y viles, con ombligos del tamaño de ese corazón del que hablaba, transitamos el día a día tratando de encontrar algo de estabilidad emocional, de cuidar nuestros jardincitos. ¿Y por ella, quién vive? Quizás su mayor pecado sea olvidarse de sí misma demasiado seguido. Pero para la realización de su crimen no le faltan complices.
Desde pequeño, desde siempre, e independientemente del desarrollo de sus distintas inteligencias que siempre tanto le he admirado, esa memoria “definitiva como el marmol” o su aguda perspicacia, lo que siempre me ha sorprendido ha sido su sentido común. Sentido común aliado a una sensibilidad que le hace fuerte, a una empatía que supera con amplitud a su amor propio, depositado en los suyos y no en ella misma. Es una persona libre. Sufre de su condición de madre mitológica, sí. Pero es libre porque ninguna estructura mental y generacional le limita. Pues ella es de esas clases de personas que, y entiéndase esto de forma literal y absoluta, pueden dialogar con cualquiera. De qué forma le admiro y envidio ésta y tantas cosas.
Mamá es una persona trasnparente, honesta, con una hermosa sonrisa sincera e infantil. Es de esas personas que jamás hieren en una discusión para imponer su verdad o defender su causa. Ni con los ojos, ni con los gestos ni a través de palabras. No recuerdo conocer a nadie más con esta característica. Es, además, de esa clase de personas que las pocas veces que llora lo hace con los ojos abiertos, mirandote a los ojos. ¿Cuántas personas son tan fuertes para estar así de desnudas ante alguien? Mi vieja disfruta tanto de dar regalos... de darse al otro, de encontrar la forma de sorprender y acariciar al niño soñador dentro de uno, aquel con el cual siempre encuentra el diálogo, aquel al que, aún niño, trata como a un adulto, y le invita a dialogar de sus aspiraciones, de su percepción del mundo, de sus valores.
El amor de mi vieja es sin dudas uno de mis mayores estímulos para superarme. Todos mis logros siempre van dedicados a ella, cuando no tan sorprendentemente, todos mis logros son consecuencia de su amor, uno de mis motores, una de mis grandes seguridades. Pues mamá es axioma, es verdad desde la cual puedo cimentar un mundo, una de las pocas cosas definitivas en mi vida. Su mirada y sus manos son amor, su rostro es diálogo, sus brazos son hogar.
Ella es el puerto desde el cual parto y al cual siempre volveré.

3.10.06
Waking life
Nuestro estadio emocional es el que condiciona nuestra percepción de la realidad, nuestra percepción del mundo. Vivimos allí donde nos ubicamos, de acuerdo a cómo nos sentimos. Es así como la belleza puede pasar frente a nuestras narices desapercibida, o como podemos descubrir un universo increible en el detalle más nimio.Vivimos como en sueños, enredados, despertando de uno en uno.
24.9.06
Roze Perzikbomen
Vincent Van Gogh me gusta por distintas razones. No sólo por la expresividad de sus cuadros, ni por los motivos sobre los cuales trabaja. No es tampoco tan sólo por la elección de colores donde predominan los amarillos y azules. Reconozco que le envidio esa simpleza que logra comunicar de forma directa, pero tampoco es tan solo por eso que lo admiro. Podría señalar también que su nombre me evoca facilmente a esta tierra que ahora visito y donde tuve la suerte de vivir un año, la bella y prolija Holanda, con sus recuerdos y sus (mis) afectos. Su amor por los paisajes franceses, sí, también. Pero no. Hay algo más. Admiro de ese hombre el coraje y la determinación de ser quién fue, cómo fue. Vincent Van Gogh me recuerda siempre que uno puede y debe ser lo que es, un ser único, original, auténtico, preso de la bella facultad de poder hacer una propia interpretación del mundo. En su vida no vendió pinturas sino a su hermano, Theo, quién le proporcionó de los medios para poder dedicarse a su gran pasión. Y bajo la aflicción de la enfermedad, el rechazo por parte de algunos de sus pares por su "excentricidad", los miedos y fantasmas propios del artista, vivió y murió fiel a sí mismo. En este sentido, quiero que mi obituario sea algún día parecido al de él.19.9.06
What is not and what will never be
¡No...! Esto es un sueño - se habría recordado a sí mismo, desconociendo, o queriéndolo hacer tal vez, a aquellas fuerzas que a uno le resultan francamente irresistibles. Y como una polilla hacia la vívida llama, víctima de la fascinación enamorada que renuncia a toda razón e instinto de autoconservación, tal y como los bravíos navegantes que se lanzaban en orgiástico transe a las sirenas, así él fue con vehemencia seducido por toda ella.
El regreso a la realidad es el florecimiento de la herida, la mejor hora de la tragedia. Cada silencio, una agonía. Cada bello recuerdo, un violento y traicionero golpe. Cada noche aún por vivir, el terror siempre temido. Cada risa, una burla. Cada díalogo, impotencia.
Curioso cuán retorcidas pueden ser las vueltas que se empecine en dar la providencia para hacernos pagar por el pecaminoso atrevimiento de querer disfrutar de la felicidad. Especialmente cuando se ha encaprichado en escarmentarnos de la manera más insidiosa. En concreto, maldita providencia, retorcida eres en especial cuando conduces a un hombre a enamorarse de una habitante de uno, y tan sólo uno, de sus tantos sueños, de sus tantas realidades.
31.8.06
El sueño como causa
O me vendieron gato por liebre, o he entendido todo mal. También puede ser que sea el mío un caso atípico. No lo sé. Pero, ¿No era que el sueño era el estadio en el cual nuestro inconsciente lograba expresarse, ex-presurizarse, por qué no, el lugar donde lograbamos la redención?
De seguro entendí todo mal.
Suelo convencerme de que el sueño es musa; en cierto sentido, la experiencia de soñar es la experiencia creativa por excelencia, esa que sujeta a quién sueña, permitiéndole (determinándole) la exclusiva e intimida vivencia dual de ser artista y testigo de la propia obra. Nos vemos liberados de la obsesión gnoseológica del sujeto racional ensañada en detectar relaciones causales, y aflora plenamente el poeta ingenioso de las analogías, las metáforas y las semejanzas, reacio a las estructuras, los esquemas y las categorías rígidas.
¿Pero no era éste un mecanismo que nos liberaba de presiones, cual valvula de escape en olla a presión?
Mi experiencia me dice que no. De ella infiero las razones por las cuales se llama sueños también a las construcciones utópicas racionales. Pues los sueños han oficiado en mí como catalizadores, y también, mediatamente, como motivos. Porque, al cerrar los ojos y liberarme del cuerpo, sus sentidos y sus categorías intuitivas, al practicar la muerte del filósofo, del chamán y del artísta, emprendo el viaje que tiene por fin acceder al mensaje criptado del oráculo. La premonición y la explicación de males pasados, de pecados ajenos que nos hacen herederos de castigos por filiación, como a Edipo, o Cronos, o quién fuere, allá en Delfos, a posteriori de fumar hachís en algún paraje alejado o de beber sangre áun caliente de un gallo decapitado.
Luego de soñar, especialmente cuando estos sueños han logrado lanzarme tras la resolución del misterio al despertar, en pos del abrazo amoroso y desesperado con el sentido, me veo impelido a la acción, profundamente motivado. Siento que el fuego se aviva, y por tanto, se intensifica, a partir de esa busqueda particular, la experiencia total de mi vida. Encuentro otra pieza del infinito rompecabezas que tiene por imagen al sentido total de mi existencia.
Los sueños me han motivado acá, acá y acá. Podría decirse que procuran, desde su lugar y con sus propios métodos y herramientas, salvar todo aquello que en el plano consciente hemos desechado, no sólo por represión originada desde lo emocional, sino por las limitaciones propias del sujeto racional.
18.8.06
Notturno Op. 27 n. 1
18.6.06
Pater familis
17.6.06
Sobre la necesidad de la (auto)crítica
16.6.06
Horizontes

Cada tanto la recuerdo a Maria Iribarne, sentada sobre un médano observando el mar, en aquella última estadía en la estancia de su primo, momento de uno de los últimos dialogos entre ella y Castel; tampoco puedo evitar verla a Alejandra Vidal Olmos en sus recuerdos de temprana adolescencia en Mar del Plata: imaginarla desnuda y erguida, temblando de frio, mirando al infinito desafiante y con desprecio.
11.6.06
Telarañas racionales
El Mundo como Voluntad y Representación
Arthur Schopenhauer
Intuición de la vida
Georg Simmel
9.6.06
La filantropía como una forma de suicidio
Siendo portador de dicho Discurso, difícilmente un individuo se muestre crítico al mismo, pues allí hasta donde él puede percibir, éste sólo le significa satisfacciones. Consecuentemente se liberará a las mismas sin mayor consideración.
Por tanto, es muy probable que el acriticismo sea quebrado recién una vez uno se haya convertido en sujeto pasivo de la practica excluyente, es decir, en excluído. Sucedido esto, se desarrollará algún tipo de empatía - en términos relativos - y podrá el individuo percibir al dolor ajeno como propio.
Algo es cierto: no se puede desconocer la utilidad relativa de esa suerte de exclusivismo que es el particularismo. Pues su antagónico, el universalismo, es decir, la apertura total del sujeto a una instancia superior, estimuladas su porosidad y permeabilidad para el eficiente ejercicio del intercambio, habrá de significar con eventualidad la subsumisión voluntaria a una fuerza demasiado poderosa, que devorará impasible. La indefinición, la volubilidad, el anonimato, lo opuesto al sentido de pertenencia: todas consecuencias de perseguir un fin noble, pero extremadamente presuntuoso.
7.6.06
I feel tragic like I'm Marlon Brando
«...Déjese a esto cuanto tiene de innegable exageración. Se trata precisamente de exagerar, puesto que se trata de comprender. La plena comprensión comienza por reducir a conceptos o, lo que es lo mismo, a palabras la irreductible realidad. Todo concepto es por su naturaleza una exageración y, en ese sentido, una falsificación. Al pensar dislocamos lo real, lo extremamos y exorbitamos. Pero esta violencia que le hacemos nos permite inyectarle luz y tornarlo comprensible. Frente a las cosas fabricamos modelos excesivos que nos sirven para entendernos a nosotros mismos en nuestro trato con ellas. ¿No es grotesca la representación topográfica de una tierra? Y, sin embargo, nos sirve el mapa para caminar seguros por ella. Este carácter de ficción que tiene el concepto, esta su consciente falsedad es su virtud mayor. Quien no perciba la ironía nativa de todas nuestras ideas que renuncie al ejercicio del intelecto. La exageración es el momento de creación que tiene el pensamiento. En él inventamos un mundo exacerbado, esquemático, compuesto de gritos - todo hombre es grito, mito, leyenda - pero lleno de dramática claridad. La verdad resulta cuando al trasluz de ese mundo ficticio miramos la realidad. Nos basta entonces con restar nuestra propia exageración.»
6.6.06
The number of the beast
El mundo es un lugar jodido.
.
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Y las huestes del día maldito han arribado.
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Es momento de enfrentar nuestros miedos y aceptar lo inevitable.
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La bestia está aquí y tiene hambre.

1.6.06
Del ocaso a la aurora
Llegaste, sí, llegaste. Pero te das cuenta que el conocimiento en sí y por sí solo no es un valor, al menos no de la forma que se te antojaba. Te das cuenta que el conocimiento no es ni siquiera un fin. Concluyes felizmente en que es sólo un medio. Y que la satisfacción de la aprehensión enciclopédica es efimerísima. Entonces sí, loco, entonces sí. La verdadera satisfacción, el motivo de verdadera algarabía no está en saber y acumular respuestas, sino en haber aprendido o descubierto cómo formular nuevas preguntas. Ahora sí la erupción es completa; nuevamente la angustia cede; uno celebra la verbalización de esa pregunta indecible e inidentificable hasta hace poco. De pronto, ese mundo insustancial - esas arenas movedizas y voraces, esa tensión que te implotaba y explotaba - encuentra en el horizonte de su existencia otra nueva estrella que orienta, que conduce, que obliga. Otra vez el mundo está en armonía, pues otra vez quién busca respuestas encontró sus preguntas.
27.5.06
Sobre la necesidad de los límites
Hay un jueguito que me gusta mucho pero que no practico muy asiduamente; cualquiera que esté familiarizado con el concepto de asociación libre no tendrá problemas en entender en qué consiste. Es tan sencillo como partir desde un término, un término cualquiera, y desde el mismo, de la forma menos consciente posible, ir formando una cadena de en la cual los mismos se asocian subjetivamente el uno con el otro, sin una lógica explícita. Claro que lo divertido es reconstruir esas relaciones, algunas muy sencillas, otras un tanto confusas, algunas muy recurrentes, otras por primera vez descubiertas.
El último que realicé me llevó a perderme en una serie de consideraciones que partieron desde mi experiencia subjetiva, mis miedos y preocupaciones, para luego finalmente identificar cuantas de las características por mí detectadas no me son exclusivas sino que son universales y propias del ser humano.
Una pregunta asaltó mi mente al releer los términos asociados; quizás la pregunta en que se ha su fundado la crisis de esta semana, la última crisis en esta sucesión de crisis que tengo por vida: ¿Dudo de mí? «No lo creo. Es la maldita ansiedad que me confunde, entonces ansiedad y confusión como madre e hija me obligan a sondear, a buscar sólidos, a alcanzar logros materiales, postpotencias, seguridad. ¿Dudo de mí? No lo creo. Poco me preocupo en dudar de mí. Dudo de lo externo. Dudo del devenir. Dudo de la justicia. Le temo a la justicia. Le temo al destino. Si todo en mi vida estuviese destinado a permanecer estático menos yo, quizás sentiría menos vértigo. Puede que haya entendido al ascetismo avolitivo como una oportunidad de lograr artificialmente ese imposible cuando decidí que el mismo era la respuesta. Claro. Flor de fábula que ahora no compro. No quiero estatismo. Quiero sólidos. Quiero compañía. Quiero contención y contener, y por eso contención. Quiero desafíos. Quiero destrozar paredes, transgredir límites. Pero quiero alguien a quién dedicarle cada logro. Quiero alguien que destroce rutinas, o que por el contrario, las haga maravillosas».
Hay una serie de constantes en mi vida que creo que son más o menos las mismas constantes que en la vida de cualquiera. Lejos de ese miedo al cambio tan necio y presente en los adolescentes, entiendo al mismo desde chico y por situaciones de fuerza mayor como una oportunidad, una grandiosa oportunidad de hacer honor a lo vivido y crecer, aprovechar ese espacio nuevo ahora otorgado, utilizar al máximo nuestros conocimientos e imaginación y desarrollarnos... ¡Sí, crecer!. Este es el punto donde se articulan una serie de teorías que me resultan muy esclarecedoras. Porque la voluntad de poder, esa pulsión que Nietzsche ubicaba asimétricamente distribuida en los sujetos, en términos cuantitativos o cualitativos, es aquel apetito voraz y nunca aplacable que nos atraviesa a todos. Teniendo en claro que lo importante es poder, es crecer, es ser más, ¿cómo ser conscientes de nuestros progresos, de estar efectivamente siguiendo nuestro designio? El estadio del espejo, la teoría popularizada por Lacan y que convierte al otro, al sujeto ese que no soy yo pero que como yo da significado a las cosas, da valor a las cosas, será entonces la forma más eficiente, inmediata o fidedigna de comprender la naturaleza de nuestros logros. Él nos platicará de distintas maneras sobre nuestros logros.
Pero esa no es la única forma de corroborarlo, así como tampoco será la aceptación o el reconocimiento del otro nuestro único incentivo a superarnos. Hay otro importantísimo elemento y que no se confunde necesariamente con sujeto alguno, y ese elemento que incentiva es el límite. Creo con mucha fuerza que esta naturaleza de los límites, naturaleza que provoca y estimula, naturaleza que nos condiciona a entender que en la violación, en la transgresión del límite podemos con seguridad identificar un movimiento, un avance, un cambio de situación, es tan importante como la existencia del otro. Así la transgresión del límite no sólo es entendida como sinónimo de logro o de poder sino también de libertad. El placer de haber ejercido el derecho de enfrentar lo impuesto y haberlo superado. La exaltación del yo que supera lo que parecía insuperable. Hay algo muy retorcido en la naturaleza humana, una suerte de fatalismo pernicioso, una suerte de desviación de la cual pocos y muy inteligentes individuos logran apartarse: el placer de la transgresión - que quizás debería conducirnos únicamente a superarnos, a ser mejores - nos puede llevar a la autodestrucción, o en una versión minimalista, a la autoflagelación. La confusión puede ser mayor o menor dependiendo del caso, pero ¿cómo entender acaso el abuso de cualquier tipo que signifique daños psíquicos o físicos sino como la asociación de la transgresión de un límite con algo placentero o beneficioso?. Quizás llevado al extremo es más fácil observar lo que intento iluminar: ¿cómo entender que un sujeto accede felizmente, con cierto vanidoso y pretencioso orgullo al consumo de drogas o alcohol sino es considerando que ese individuo se cree imponiendo su voluntad, superando un límite?. ¡Atentar contra su propia vida, su propia salud, su propia integridad es entonces una muestra de su poder! ¡Puede él más que el instinto de supervivencia! Eso es poder, estúpido. Muestras más horribles y extremas de cómo un enfermo puede confundir la superación de un límite con el poder, con la exaltación del yo y el placer que implica la superación, quizás sean los casos del pedófilo, del asesino o del torturador. Y toda explicación no se reduce a una cosificación del otro, en la transmutación del mismo en límite a ser superado sin más. No. A la morbosidad, presente en todos los casos o no, debemos sumar el hecho de que quién comete tal acto de barbarie, encuentra en el dolor y el impacto psicológico del otro el mayor límite posible. ¿Qué límite más claro que ese? Ante una lógica unidimensional, ¿qué placer mayor que ese? ¿Qué mayor logro qué ese?
Pero no hay necesidad de ser un enfermo a esa escala para ser culpable de la confusión de aquellos dos significados que puede tener un límite al ser evaluado: el límite como estímulo para crecer, el límite como protección de la propia integridad y de la de terceros. Y puede que esa confusión haya sido la que me ha motivado dolores de cabeza últimamente.
22.5.06
In dubio pro reo
Estoy angustiado y te extraño.
Que falta que me hacés.
20.5.06
Ficciones
Construimos significados de la percepción de esa múltiple realidad fragmentada que nos azota como el viento, nos empapa como el agua, nos quema como el fuego. Mejor sería decir acaso que sentimos que nos azota, sentimos que nos empapa y sentimos que nos quema. Tal y como al despertar de nuestros sueños, al recordar, es decir, luego de preguntar y respondernos ese donde estoy - estás acá - y dedicarnos a recordar un de donde vengo, no podemos evitar otorgarle sentido a imágenes y sensaciones anárquicas e inconexas, de forma tal que ahora son articuladas. De esa maraña de elementos que se contradicen y que viola el orden - la esclavitud - impuesto por la ley de causalidad, lógica articuladora del tiempo y el espacio, tiempo y espacio que en el sueño son caprichosos, de esa multiplicidad de elementos a la cual aplicamos al recordar un antes y un después y con la temporalidad también una vinculación de causa y efecto, obtenemos una reconstrucción del sueño todo lo articulada, todo lo cerrada, todo lo nítida posible. Y en ella se expresa el significado.
16.5.06
Mulholland Drive

Feeling my heart pull west
I saw the future dressed as a stranger
love in a space-dye vest
Love is an act of blood and I'm bleeding
a pool in the shape of a heart
Beauty projection in the reflection
Always the worst way to start
"But he's the sort who can't know
anyone intimately, least of all a
woman. He doesn't know what a woman
is. He wants you for a possession,
something to look at like a painting or an ivory box.
Something to own and to display. He doesn't want you to be real,
or to think or to live. He doesn't love you, but I love you.
I want you to have your own thoughts and ideas and
feelings, even when
I hold you in my arms. It's our last chance... It's our
last chance..."
Now that you're gone I'm trying to take it
Learning to swallow the rage
Found a new girl I think we can make it
as long as she stays on the page
This is not how I want it to end
And I'll never be open again
"...I was gonna move out...ummm...get,
get a job, get my own place, ummm,
but... I go into the mall where I
want to work and they tell me, I'm,
I was too young..."
"Some people, gave advice before,
about facing the facts, about
facing reality. And this is, this
without a doubt, is his biggest
challenge ever. He's going to have to face it.
You're gonna have to try, he's gonna to have to try and,
uh, and, and, and get some help here. I mean no one can
say they know how he feels."
"That, so they say that, in ya know
like, Houston or something, you'd
say it's a hundred and eighty degrees,
but it's a dry heat.
In Houston they say that?
Oh, maybe not. I'm all mixed up.
Dry until they hit the swimming pool."
"...I get up with the sun... Listen.
You have your own room to sleep in,
I don't care what you do. I don't
care when. That door gets locked,
that door gets locked at night by nine o'clock.
If you're not in this house by nine o'clock, then you'd
better find some
place to sleep. Because you're not going to be a bum in
this house.
Supper is ready..."
There's no one to take my blame
if they wanted to
There's nothing to keep me sane
and it's all the same to you
There's nowhere to set my aim
so I'm everywhere
Never come near me again
do you really think I need you
I'll never be open again, I could never be open again.
I'll never be open again, I could never be open again.
And I'll smile and I'll learn to pretend
And I'll never be open again
And I'll have no more dreams to defend
And I'll never be open again
5.5.06
Sobre el ascetismo
Creo fehacientemente que todo individuo convive con tensiones dentro de él y dudo que quién en apariencia deja entrever no cobijarlas en efecto lo haga. Ciertamente no discuto que muchas veces algunos de nuestros referentes parecieran ser poseedores de esa impasibilidad que tan atractiva suele presentársenos, pero que sin embargo, como correctamente señalan las voces sabias, al proponerlos como suprahumanos, como cuasi divinos, como seres con una convicción imperturbable que no puede ser debilitada por ningún género de duda o inseguridad, al ser presentados así, decía, se les roba cobardemente todo mérito. ¿Cómo no recordar al evocar a un referente que este era tan humano como vos, yo o cualquiera de nosotros? ¿Cómo no recordar que padecía dolores, se sentía tentado por vacíos deseos, era violentado por pasiones que debía doblegar, tal y como nosotros? El mérito de un Jesús, de un Sócrates, de un Gandhi como lideres tiene como elemento necesario la humanidad de estos y de ninguna manera puede decirse que es en desmedro de la misma.
Sin embargo estas tensiones que son propias de nuestra condición de individuos pueden llegar a hacerse insoportables; y tanto pueden llegar a serlo que es probable que adoptemos medidas desesperadas y violentas en nuestra necesidad de contenerlas, de apaciguarlas, de sofocarlas.
Hallándome en busca de respuestas y preso de mi necesidad fui fuertemente impresionado tras mis lecturas de varios filósofos o intelectuales, incluso en algunos casos por referentes que parecieran contradecirse los unos con los otros, y hasta hace poco amasaba con buenos ojos transcribir en éste espacio un fragmento de Frederick Nietzsche que vinculaba el ascetismo con cuestiones como el matrimonio, la familia, o la sencilla experiencia de ser humanos.
Hace años la idea del ascetismo como un modelo de vida era vista por mí con muchísimo asombro, cual proeza sólo al alcance de unos pocos y augustos individuos. Con el tiempo y las experiencias, con un par de lecturas y vicisitudes que me llevaron a sentir a todo hedonismo corto de vista como lastimoso, a la vez que me hice de la idea de que otro tipo de hedonismo, el de horizontes infinitos, ese que no buscaba un placer inmediato sino uno trascendental, no placeres sensibles o físicos sino placeres que identifiqué exclusivamente en el ámbito del Aprendizaje y del culto al Conocimiento, decía, con el correr de unos años y lo experimentado en ellos, comprendí que el ascetismo no estaba vedado a unos pocos, sino que era «la respuesta».
Regresemos al fragmento de Nietzsche del que hablaba anteriormente: el mismo sostenía, en ese tono tan sarcástico y electrizante que tanto me gusta de él, que en todo filósofo conviven el desprecio por la sensualidad y el abrazo al ascetismo; "Ambas cosas forman parte del tipo, como hemos dicho; y si una u otra faltan en un filósofo, entonces éste no pasa de ser - estése seguro de ello - un filósofo «por así decirlo»". Al justificar su afirmación, aseguraba que el filósofo, al considerar el matrimonio, presentía en el mismo un obstáculo hacia el optimun, su mejor Yo posible. "¿Qué gran filósofo ha estado casado hasta ahora? Ni Heráclito, ni Platón, ni Descartes, ni Spinoza, ni Leibniz, ni Kant, ni Schopenhauer lo estuvieron; más aún, ni siquiera podemos imaginarlos casados. Un filósofo casado es un personaje de comedia..." Y así Sócrates se presentaba para él como un simulador, un sarcástico bromista. "Todo filósofo diría lo mismo que dijo Buda en una ocasión, cuando le anunciaron el nacimiento de un hijo: «Me ha nacido Ráhula, una cadena ha sido forjada para mí»." Expuesto así, todo aquello que nos prive de dedicarnos exclusivamente al perfeccionamiento del propio alma, que consuma nuestro tiempo, eso se erige en obstáculo.
Últimamente me encontraba convenciéndome de que el ascetismo, es decir, una vida de esfuerzo y sacrificio solitario, paciente y obstinado, era la senda correcta sobre la cual transitar. Mis inseguridades eran así fácilmente ridiculizadas y aceptadas como un mal que iría, con un poco de esfuerzo y suerte, cediendo con el tiempo. Es por ello que Waking Life significó para mí, junto a un renovado encomio a la obra de Schopenhauer, también una bofetada que buscaba despertarme. ¿Cómo ser tan insensato de entender al ascetismo como algo disociado del más bello humanismo? El compromiso con la experiencia humana, con el universo mágico que es en potencia cada una de nuestras vidas, no puede ser entendido nunca como algo fuera de cualquier ascetismo. He venido subyugando sistemáticamente aquello de humano y de bello en mí o en la experiencia de vivir. Como habitualmente lo hace, entonces, la luz me permite ver nuevas sendas, nuevas posibilidades.
30.4.06
Not fair
28.4.06
What is and what should never be
ociosos y vanos mis esfuerzos hubieren de ser si el oliva noventa y dos, en su andar ufanaso,
sabio y diligente hacia el Olimpo su periplo, no hubieseme hasta allí conducido...
Aitor - ¿Qué es esta mierda? ¿Para qué me pedís que la lea?
Leopoldo (sonrojándose) - Es algo que escribí. Trataba de imitar en plan cómico el estilo de Parménides y describir una rara ensoñación que me resultó graciosa. Esa de la que algo te conté, ¿te acordás? Pero ya veo que no gusta. Jé. Creeme que me esmeré en tratar de darle un dejo del tono poético que se supone que tienen los textos en verso de los antiguos griegos como él, Homero o Hesíodo.
Aitor - ¡Claro, y de puro resentimiento porque no te salió me lo encajás a mí para que lo lea! ¡Qué piola que sos! (Riéndose y devolviendole las hojas) Después lo leo, Leo.
Leopoldo (aún sonrojado pero ahora riéndose) - No, no hay necesidad, maricón. No debería habertelo mostrado desde un primer momento. Así y todo acepto que apesta. Pero la idea estaba buena. Lamento no poder llevarla a cabo.
Aitor - ¿Y cual era la idea? Te subías intoxicado en cafeina al 92 rumbo a Puán como Parménides sobre su carro rumbo a la Diosa que lo instruiría sobre como conocer aquello que es y la naturaleza de lo que no es, ¿y luego?
Leopoldo (entusiasmado como un nene) - Bueno, la idea era que el chofer del colectivo era hijo de italianos, el tano, ¡Parménides!. ¿Entendés? Entonces, con mala onda me decía que la única razón por la que me dejaba subir fuera de regla - estaba esperando que el semáforo cambiara - era porque le parecía un nene. Entonces Jesús, que estaba sentado en el primer y asiento, ese que está solito adelante junto a la puerta, comenzaba a decir autómata, como de memoria "Bienaventurados sean los niños pues de seres como ellos es el reino de los cielos". Pármenides sonreía con un dejo amargo, con las comisuras que parecían sostener cada una mil kilos, y me decía desaprobando en un gesto a Jesús: recordá pibe, vos no opinás, no sabés nada. Sólo tenés permitido preguntar, preguntar y querer saber. Ahorá andá y luego clavaba sus ojos en el culo de una piba particularmente fea pero ¡Qué culo! y le tocaba bocina, no sin cierto brillo pervertido encendido en esa sonrisa de su rostro.
Aitor - Y sí, hay culos que eximen de cualquier culpa o pecado.
Leopoldo - Bueno, la cosa es que a medida que avanzaba hacia atrás todo se tornaba totalmente surrealista, pues el 92 ya no parecía colectivo sino otra cosa, como el rincón oscuro y polvoriento de una casa abandonada con suelos de madera y gruesos cortinados púrpuras, objetos de mármol, el sónido de agua que caía de cierta altura... Aún viajabamos y buscaba un lugar donde ubicarme. Mi cara de piedra lograba disimular la sorpresa que las caras que veía me provocaban. Procuraba evitarme recibir una mirada de censura, pero no podía no mirar con los ojos enormes.
Aitor - ¿Qué veías? Contame.
Leopoldo - Parejas insólitas. ¡Situaciones insólitas! Imaginátelo a Jorge Luis Borges tomando del brazo a su compañero de asiento, Homero, y solicitándole que le avise el momento en el cual estuvieremos bordeando el Parque Centenario. Y detrás de ellos a Heráclito y Sábato cuchicheando, riéndose de los primeros con malicia. Ciegos de mierda: babosos y arrastrados. Las simpatías de Heráclito por Homero no eran mayores.
Aitor - ¿Eran todas parejas literatas grecoargentas?
Leopoldo - No che. En otro momento me los cruzaba a Calicles discutiendo avivadamente con Nietzsche. Por momentos reían y parecián coíncidir felizmente, pero luego alguno de los dos se irritaba y las venas de cuellos se hinchaban. Fogosos discutían. Luego ni se hablaban. Pero tan pronto como esto pasaba, encontraban otra excusa para fraternizar. Ahora que lo pienso, me extraña no haberte visto entre ellos.
Aitor - Já. ¿Y no andaba por ahí Platón? ¿Platons de albóndigas?
Leopoldo - Sí, creo que coincidían con Schopenhauer en su anmadversión por los sofistas. Platón parecía más moderado, pero Arthur no se molestaba en disimular. Le nombraba insistentemente y con toda clase de imaginativos insultos a gente de su época. Pero pronto el primero pareció aburrirse y creo que andaba con la cabeza por las nubes.
Que febril la mirada
Twenty-something-me, luego de la sorpresa y la incredulidad, encontraría sociego en la idea de que la apertura que he vivido los últimos año...
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"...siempre las flores vigilaron la muerte, porque siempre los hombres incomprensiblemente supimos que su existir dormido y gracioso es...
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La falta de entendimiento se denomina en sentido estricto estupidez y equivale a la torpeza al aplicar la ley de causalidad , la ineptitud ...
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Seguramente hay tantas formas de amar como individuos. Por otro lado, teorizar sobre las relaciones de pareja, sobre relaciones que (en teor...




