31.12.05

El culto obsesivo por lo absoluto

Ya me estoy aburriendo a mí mismo de la línea de escritos del tipo "mea culpa" o cataratas de lagrimas disfrazadas de palabras. Sin embargo, heme aquí nuevamente. El exceso de tiempo libre trae como consecuencia desagradable el hecho de que tenemos más tiempo para pensar.
Recurrentemente me planteo que en gran parte mis angustias encuentran su nacimiento en mi obsesión por el Ideal, el «deber ser», la manifestación más excelsa de una cosa. Mi ansiedad limita el goce de cualquier logro. En aquellos momentos en los cuales no logro proveer a mi ansiedad de un objeto sobre el cual centrar su atención, es justo cuando más desorientado, más perdido, más solo me siento.
Al lograr encontrar un objeto - y digo lograr porque esto ya casi se ha convertido en un proceso consciente - que de alguna forma sirva de fin hacia el cual canalizar y dar cauce a toda obsesión, entonces sí por lo menos no experimento la angustia horrible de sentirme vacío, intrascendente. Claro que elegir esclavizarse a la persecución de un objetivo, no parece a simple vista la solución más apropiada a largo plazo. Marcuse, al referirse al «Hombre unidimensional», señalaba que "su esclavitud no está determinada ni por la obediencia, ni por la rudeza del trabajo, sino por el status de instrumento y la reducción del hombre al estado de cosa, sin importar si este instrumento no siente su «ser cosa»." ¿Qué sucede cuando uno elige, es decir, hace ejercicio de su libertad, y decide esclavizarse a algo? ¿No implica en sí la libertad la sumisión a nuestras propias decisiones, y la responsabilidad ante éstas? Claro que puede decirse, en ese caso, que a diferencia de otros tipos de esclavitud, uno no da lugar a ese tipo de vinculo con un agente externo, sino que lo establece con uno mismo. Uno es su propio amo y esclavo.
Cierto es, no obstante, que autoesclavizarse es un tipo de comportamiento muy usual entre aquellos individuos bien considerados por los cánones de critica sociales del comportamiento o las conductas. Un tipo laborioso, un tipo sacrificado, un tipo que se exige al máximo no obstante el contexto, seguramente es un ejemplo moral. ¿Hasta qué punto es eso así? En el transcurso, en el devenir de los días, de las horas, de cada segundo que se detiene y pareciera ser eterno, ¿Está ese alguien realmente seguro de algo? Ya ni siquiera me atrevo a preguntar de ser feliz, sino al menos de trascender de alguna manera, de ser útil, de haberle encontrado realmente una razón de ser a su existencia.
Es ley universal que uno necesita razones para vivir. Sartre nos señalaba que al hombre racional no le basta con el instinto de autopreservación y supervivencia, pues siempre es consciente que la puerta de la autoextinsión existe y se encuentra a su disposición. Ante esto, mecanismos psicológicos se encargan de encontrar ese "something to die for", esa razón por la cual luchar, e incluso dar la vida, porque responde a algo superior a nosotros, a algo que nos trasciende, pero que conecta nuestra finita existencia con algo jerárquicamente superior. Es la puerta a no sentirnos solos, ni vacíos. Algunos en este afán se abrazan a la religión, otros al propio desarrollo económico, espiritual, cultural, etc. Hay quienes se abrazan con talante vehemente a sus seres queridos, especialmente aquellos familiares cercanos que por alguna razón han de necesitarnos, como menores o ancianos. La bandera de la "patria" suele también eregirse como aquello superior. En casos extremos de gran desorientación, el individuo suele abrazarse a aquello que le ofrece un goce físico inmediato, especialmente cuando el mismo suele desvincularlo de cualquier otra realidad.
¿En qué tiene que ver esto conmigo? En que, como todos, no soy ajeno a estos mecanismos. Muchas veces me asusta mi necesidad por "absolutos". Por eso mi propensión a lo épico: al héroe que se alza contra un desafío descomunal y siempre, no obstante cuan oscuras se presentas sus posibilidades, logra encontrar dentro de sí mismo la motivación para continuar. ¡Cuánto más me gusta - aunque no sin cierta vergüenza infantil - saber que generalmente la misión del héroe, viva él o no, es cumplida exitosamente!
El culto a lo épico y la persecución de un Ideal no es lo mismo que el abrazo desesperado a los absolutos. La desesperación es mala consejera. La radicalización, ciega. Y a largo plazo, ningún logro, ni los más modestos y pequeños, mucho menos aquellos que implican años de renuncias, logran despertar con permanencia la más mínima alegría.

29.12.05

La mentira del inconsciente

Como ahora mismo, en ocasiones me siento muy triste.
Siento la tristeza apoderarse de todo mi cuerpo con la presteza del más violento de los escalofríos. Entonces, se hiela mi espíritu y me siento totalmente indefenso.
Odio sentirme como un nene asustado, pero por otro lado, permitírmelo me alivia... es una suerte de amargo gozo que libera una horrible pulsión, que tanto más horrible, más gozosa su extinción. Ahora, por ejemplo, permitirme extrañarte, aún sin estar seguro de si te extraño a vos o a la seguridad que sentía por sentirme tu dios, me hace sentir despreciable, porque me transformo en este ser que no sabe sino necesitar y llorar ausencias.
Sé que la vida es más que vos. Me han tocado en suerte cosas maravillosas. He logrado cosas maravillosas. Sin embargo...
¡Claro que quería compartir todo con vos! ¡Claro que duele ya no ser tu Dios! ¡Claro que duele saberte orgullosa de ser la diosa de otro! Claro que detesto no poder superar y aceptar, entender y respetar, alegrarme por tu alegría, tomar distancia de aquello que fue y centrarme en lo que es. Detesto estar pendiente de idioteces, cosas que no hacen sino envilecerme y denigrarme. Yo puedo ser mejor que esto. Lo sé. Y lloro porque alguna vez lo fui. Y me doy asco en este darme asco. Pues todo es tan sencillo como dejar de relamerse la herida y centrar la atención en otros lugares, nuevos rostros, nuevos desafíos.
Sin embargo me abrazo a mis fantasmas, y entonces elijo la paranoia, elijo las excusas para odiar sin culpas por razones vanas. Erijo castillos en el aire, y tan bonitos que son. Allí decido ubicarte, hermosa y elegante observándome desde una torre, o esperándome en profunda excitación a la vez que un baño te das, o te acurrucas en una enorme cama de suaves telas.
¿No es acaso lo que quiero? ¿Saberte mía? ¡Cuánta vanidad en necesitar que me necesites! ¡Cuánta inseguridad en necesitar que me necesites! En un principio buscaba una mujer idéntica a vos, y la encontré. Su rostro y su cuerpo eran tal y como los tuyos. Por suerte vivía lejos, y fácil fue inventar una excusa para no verla más. Luego busqué a alguna mujer que no cayera tan rápido a mis pies, una mujer que al igual que vos, representara un desafío. Ella tenía novio, como vos. Con cuánta alegría bebí besos de sus labios. La alegría de recuperar lo propio. La alegría de contaminar aquello que a mí me habían contaminado. Tanto asco di que ella pudo, para mi fortuna, deshacerse de mí fácilmente. Finalmente, logré encontrar a alguien que cómo vos, nunca habría en el futuro de poseer, y a ella destiné horas y horas de amargo deseo. La odie por eso. Me odie por eso. Tal y como me sucede con nosotros, ¿verdad?
Odio saberme tan bajo. Odio extrañarte. Odio temer que quizás te extraño porque te necesito. Odio pensar que te necesito porque me diste seguridad. Odio pensar que me diste seguridad no porque me ayudaste a crecer, sino porque me convertiste en tu Dios. Odio temer que toda esta construcción racional sea producto de mi cobardía por no reconocer que aún te sigo amando.

3.10.05

Reconstrucción de un amor (propio)

Do I contradict myself?
Very well, then I contradict myself.
I am large, I contain multitudes.
Walt Whitman

En 1949, una vez concluida la Segunda Guerra Mundial y cuando el posmodernismo se hacía presente para teñir a su antojo la vida del hombre, Albert Einstein publicó un escrito político, un simple análisis aunque en extremo agudo. En el mismo sostuvo que, a su entender, la esencia de la crisis de nuestro tiempo se refería a la relación del individuo con la sociedad:
«El hombre es, a la vez, un ser solitario y un ser social. Como ser solitario, procura proteger su propia existencia y la de los que estén más cercanos a él, para satisfacer sus deseos personales, y para desarrollar sus capacidades naturales. Como ser social, intenta ganar el reconocimiento y el afecto de sus compañeros humanos, para compartir sus placeres, para confortarlos en sus dolores, y para mejorar sus condiciones de vida.»
La individualidad enfrentada contra nuestra inherente condición de seres sociales. Sencillo. Certero. E interpreto en esta idea una significativa síntesis de mi propia crisis. Aunque creo que la mía, reviste paralelamente otro eje: la imposibilidad de conciliar mi mundo interno con el externo a mí.
A partir de los nueve años comencé a observar que mis estructuras, mis códigos, mis valores, mis juicios, o sencillamente todo lo que emanaba de mí solía no ajustarse armoniosamente a las estructuras, los códigos, los valores y los juicios de quienes me rodeaban. Claro que entonces no alcanzaba a entender muy bien esto y sólo pude sentirme absolutamente confundido. Confusión ante la cual lo más cómodo y seguro resultó encerrarme. Encerrar paulatina y progresivamente en mi interior todo aquello que sólo me produciría frustraciones de ser exteriorizado. Durante mucho tiempo mi mejor amigo fui justamente yo. Mi más acérrimo crítico. Mi mayor confesor. Mi más grande compañía. Mi mayor cómplice. Por suerte pasaron los años y Matías junto a un par de muy buenos amigos me salvaron del autismo.
No obstante, tuve que sufrir un par de veces por mi tendencia a la idealización, fiel a mi estructura egocéntrica, aunque no por ello egoísta, pues bien sé yo qué enorme necesidad tenía - y aún tengo - de compartir, de aprender, de crecer. El objeto que en mí sufrió la mayor idealización, consecuencia de largos viajes introspectivos, fue el amor. Y como pasaría inevitablemente, ese abstracto tan absoluto y determinante en mi mundo, necesitó encontrar un objeto a través del cual representárseme. Necesitaba encontrar una mujer que fuera la puerta a ese mundo. Ahí comenzó una serie de bochornosas desventuras, dignas de una comedia romántica británica, la cual aún no estoy seguro que haya terminado. Pobres quienes tuvieron que soportarme.
Cuándo, aún en la vorágine "idealizar, acosar, golpearme contra una pared" surgió la posibilidad de irme de intercambio a Holanda, o más aún, cuándo esa oportunidad se convirtió en un hecho, y encontrándome preso de una enfermiza oscilación entre dos polos enfrentados que reclamaban mis partes mutiladas, entendí que esa experiencia significaba para mi una posibilidad increíble: la posibilidad de determinar quién era o quién quería ser. Hasta entonces, había entendido que mi fracaso en conciliarme con el mundo que me rodeaba y aquello que explicaba en parte mis fracasos sentimentales, radicaba en una inseguridad básica: debía yo ser fiel a quién era, en este caso con mi personalidad cuasi paternal, condescendiente e intelectualoide, o por el contrario adaptarme al medio en el cuál me encontraba y comenzar a utilizar los recursos, recursos que odiaba, pero que a muchos parecían funcionarles. ¿Debía aceptar las que parecían ser las reglas de juego o fiel a la mías arriesgarme a perder?
Claro que fui a Holanda, fui quién quise ser, que en definitiva fue ser quién era, me elegí a mí, y al hacerlo elegí mayor amor propio y mayor seguridad en mí mismo. Ese fue un pasito muy significativo en el cual logré conciliar un poquito mi mundo interno y el mundo externo. Significativo resultó el hecho de que en Holanda conociera a dos argentinas hermosas. Ambas quilmeñas, adorables y muy simpáticas. Pero totalmente distintas. Identifiqué inmediatamente una parte mía que se sentía atraída hacia M. Antinori, y otra que lo hacía con tanta intensidad a C. Indarramendi. Largas horas, otra vez, analicé el por qué de este fenómeno. Lo que me atraía en una estaba ausente en la otra, aunque no siempre. Las dos eran hermosas. Dos angelitos. Pero hasta sus bellezas eran arquetipicamente distintas.
Ya entonces estaba obsesionado con el nombre Aitor, y era ese efectivamente mi nick en el ICQ y en el MSN Messenger. Ese nick era mi puerta a ser un poco más impulsivo, un poco más osado. Ese nick fue mi puerta hacia más seguridad al relacionarme. Y ese nick, una vez nuevamente en Río Gallegos, me condujo a mi ex. ¡Pero si lo amé tanto por eso!
No obstante esto, aún habitaba en mí una gran perplejidad hacia quién era yo, qué buscaba, cómo debía mostrarme. Mi identidad aunque más definida, aún verde se encontraba. Fue entonces que, aún reflexionando sobre aquellas antagónicas presencias dentro mío, y con la excusa de escribir algún día una novela, nacieron finalmente en un hoy borroso parto, Aitor Indarramendi y Leopoldo Antinori.
Aitor Indarramendi, atraído a su homónima, resultó ser el más mundano, realista, impulsivo, espontáneo, agresivo, orgulloso, claro a la hora de definir sus intereses y sus objetivos. El hedonista, quién proyecta una imagen de seguridad.
Leopoldo Antinori, también atraído por su homónima, era el más idealista, el de mayor tendencia a la introspección, a la conciliación, el soberbio pero culposo, el estoico, el de la disciplina y el esfuerzo, quién exteriorizaba sus miedos e inseguridades.
Aitor es el individuo, Leopoldo el ser social. Uno es seguro justo allí donde el otro flaquea. Claro que en mi mundo interno siempre me sentí más identificado con Leopoldo, y asocié a Aitor a aquello que admiraba de gente en mi entorno, y a aquellos elementos que quería en mi personalidad. Mi ex, mi tío, mi hermano. Esa ausencia de culpas, esa frontalidad y carencia de eufemismos para decir verdades (que zonzamente tan agresiva me parecía entonces), esa facultad de poder putear cuando les duele algo a quién se lo merezca, sin miramientos, que las disculpas o el perdón se inventaron para ser pedidos y la boca su hizo para hablar y escupir verdades.
Con el tiempo y un par de frustraciones en el plano sentimental-emocional, y en la necesidad de seguir entendiendo, doté a Leopoldo y Aitor de parejas. Leopoldo estaba destinado a Elena, si bien a ésta una turbia historia la vincula a Aitor. Por su parte, Aitor, fiel a su esencia, sufre sin saber claramente por qué desatendió totalmente a Mariana. No sólo eso, también la engañó. Luego la perdió, aunque no está él seguro de lamentarlo.
Mucha gracia me causó el último verano leer Rojo y Negro de Stendhal y observar que Julián Sorel se divide entre dos amantes, dos ideales disímiles de mujer. No sólo eso, al igual que yo muchas veces, tiene una concepción "militar" de la conquista amorosa. La interpreta una lucha. Luego entendí que si vivo la conquista así es por cuestiones sencillas. No hay necesidad de violencia donde no hay amenaza contra mis intereses. La amenaza para mí es la posibilidad de ser rechazado. El punto vulnerado, mi propio amor propio, mi seguridad. Quizás por ese fracaso que recuerdo cada vez que veo a mi ex es que es tan estresante para mí hoy verla.
Elena es esa mujer retorcida que me obsesiona, que me apasiona, que tan perjudicial puede ser para mí. Mariana, en cambio, también me ama, pero ella y su amor son mucho más sencillos, menos rebuscados, dulces, pero demasiado suaves. Mariana es aburrimiento. Elena es sufrir. Pero también es el más idílico elixir.
Aitor y Leopoldo son mis cómplices en ésta búsqueda interminable detrás de las pistas de Elena. Dios sabe cuán locamente obsesionado estoy por ella. Lo triste del asunto, es que han pasado los años, y mis idealizaciones no han mermado. Cada tanto creo reconocer rasgos de Elena en alguien, o busco los incondicionales brazos de Mariana en momentos aciagos. Es duro, y no sólo para mí, sino porque arrastro a gente conmigo, y les hago sufrir cuando caigo en la realidad. Cómo duele saberse uno víctima de sus propios juegos enfermizos.
Lo paradójico y triste de mi desafortunada y hueca búsqueda a través de las calles de ésta mastodóntica ciudad es que Elena no habita en Buenos Aires, sino que al igual que Leopoldo y Aitor, claramente lo hace dentro de mí.

13.9.05

Singing in the rain

“Gris es toda teoría y verde y dorado el árbol de la vida”
Johann Wolfgang von Goethe

Por ahí, no recuerdo bien donde, leí alguna vez que las mentes pequeñas discuten las personas, las de mayor tamaño discuten en términos de sucesos, y finalmente las superiores logran hacerlo en término de ideas. San Agustín con atino lo señaló: Lo esencial es invisible a los ojos.
Una idea muy interesante. Personalizar la política, las instituciones, los sentimientos, nos lleva a asociar, por ejemplo, a un movimiento que brega por los derechos sociales con personalidades que nada tienen de meritorio, ensuciándolo todo. O entender, siguiendo la misma lógica, que quien se llena la boca en la defensa del liberalismo con sus bolsillos llenos sólo pretende defender al sistema que le posibilita acumular egoístamente hundiendo a los demás, cuándo la individualidad es también algo a ser festejado. Asociar abstractos como el amor con un proyecto de pareja, una relación filial o una amistad para luego vivir una decepción suele llevarnos, en un primer momento y cegados por la herida, a despotricar contra ese abstracto. A pensar que el amor es una farsa. Sí. Muy triste. Por suerte uno tarde o temprano tiende a entrar en razón.
¡Vamos! Que no es tan complicada la idea... Es el odiar el pecado y no al pecador. Sin embargo muchas veces me cuesta no proyectar mi odio a la mediocridad, tanto a la propia como a la ajena, sobre las pobres víctimas de ésta.
Algo similar observo que pasa en todos los planos de la vida. Es más, creo que la ignorancia del hombre y su fracaso al intentar ser dueño de su destino se centra en no poder distinguir entre procesos y estadios. Eso que todos junto a Zarathustra, allí, sobre la montaña, deberíamos intentar comprender.
Hace poquito ví la Naranja Mecánica y realmente me gustó mucho. Entendí como mensaje central la idea de que no podemos cambiar la naturaleza de sujetos, de sucesos ni de cualquier cosa por medio de la violencia, de manera abrupta, en cortos términos de tiempo en obediencia a esa déspota caprichosa y alborotada llamada ansiedad. No querida, la gente sí cambia. Pero no lo hace de un día para otro. Tampoco lo hace si las circunstancias y su voluntad así no lo favorecen. Pues de ser modelada estoicamente, de ser educada, de dársele amor, que en términos fríos es lo mismo que decir: "de dársele las oportunidades para crecer", seguramente lo hará. Pues no aprendimos a hablar de un día para otro, y sin embargo pasamos de ni siquiera balbucear a poder comunicarnos utilizando símbolos y metáforas, porque el marco fue favorable para que así fuera y se respetaron los tiempos necesarios. Aprendimos a caminar. Aprendimos a decir que nos equivocamos. Aprendimos a pedir perdón. Aprendimos que tropezón no es caida. Abolimos la esclavitud. Llegamos al espacio.
A ver si cortamos con esa inocencia tan dañina de pensar que podemos solucionar los problemas de nuestras vidas de un día para el otro, o que los problemas de nuestro país, o de nuestro mundo, siendo tan complejos como son, tanto que escapan a nuestro completo entendimiento, pueden solucionarse en un abrir y cerrar de ojos. Mejor antes entender la dinámica de cada problemática en particular. Haciéndolo, entendiendo dicha dinámica, habremos de entender por consiguiente en que dirección hacer fuerza y en qué términos temporales esperar los resultados.
Debemos entender que muchas veces nuestro esfuerzo es parte de la solución. Que el estoicismo puede ser una suerte de hedonismo. Que el otro, el hedonismo peyorativo, es una cobardía. Que Aristóteles nos guiñó el ojo y nos sopló la respuesta cuando nos dijo que la felicidad es una actividad y no un estadio. Y que, tanto como individuos así como sociedad, vinimos a esta vida para no dejar de crecer nunca.

1.9.05

Mi noche boca arriba

El cuerpo de Fernando que yace muerto y Alejandra que se entrega a las llamas redentoras. La purificación. La metamorfosis. Y sus alas que atraviesan y desgarran su piel desde dentro comenzando a crecer. Las antenas que brotan del craneo para con ellas poder alcanzar una nueva percepción de lo circundante. Y esa crisálida de fuego que da vida a una bella mariposa, de vívidos colores, en tonos rojos e índigo con laberínticas líneas negras de resplandeciente oscuridad. Un cuerpito de terciopelo negro azulado que se despereza, que abre sus alas con la inocencia de un nuevo ser y alza vuelo en búsqueda de un destino manifiesto. Ser belleza, frágil y efímera, pero fiel a sí misma, aún.
El entumecido cuerpo del incestuoso padre, con los ojos vacíos, en la ceguera de un alma atormentada, envilecida en su necesidad, que muerte encuentra en lugar de amor, en lugar de verdad. Y Juan Pablo que despierta de su pesadilla con un grito que desgarra su garganta, con los ojos desorbitados en paranoia, con su cuerpo temblando de miedo y rencor. Porque María está muerta. Dejarlo intentó.
Tuvo que matarla. ¿Nunca entenderá acaso que él la alejó? Su constante desarrollo lógico causal, buscando respuesta a cada una de sus obsesivamente desmenuzadas acciones, y la angustia en la posibilidad de que ella hubiese sido ruin o vana. De que no fuera perfecta. De que fuere tan humana como esa humanidad que odia de sí mismo pero que el artista encandilado niega en su hambre de luz. Para finalmente no ver nada. Para que sus ojos le duelan. Para solo ver dolor.
Insensato le habría gritado Allende.
Y la ficha que cae. Juan Pablo ahora entiende haber sido acusado de necio o, peor aún, de falto de razón. ¡Justo él falto de razón! Entiende TODO. Se desfallece en su celda gris, solitaria y polvorienta. Su pecho se cierra asfixiante. Y en su desesperación soy yo quién ahora se despierta, sobresaltado... Pero todo fue un sueño. Sonrío cansadamente y me apresto a levantarme. Afligirme sería insensato, tal parece que hoy será un bello día. Una sonrisa compartida, sin importar la nostalgia, y más importante, la gracia de la aceptación, del fin, que es comienzo, que es fin, pero que es comienzo, así me lo han hecho saber.

28.8.05

Naturaleza muerta

"...siempre las flores vigilaron la muerte,
porque siempre los hombres incomprensiblemente supimos
que su existir dormido y gracioso
es el que mejor puede acompañar a los que murieron
sin ofenderlos con soberbia de vida,
sin ser mas vida que ellos."

Jorge Luis Borges
Fragmento extraído de Muertes de Buenos Aires

23.8.05

Los locos y los niños...

Un psicólogo noruego describe una sesión con Ivan, un chico de Bosnia - Herzegovina:

¿Cómo se puede hablar con un niño de nueve años del hecho de que su padre haya disparado contra su mejor amigo?
Le pregunté qué explicación tenía él, y me miró a los ojos y dijo: "Creo que han bebido algo que les ha envenenado los sesos". Y luego añadió, de pronto: "Pero ahora están todos envenenados, así que estoy seguro de que es el agua potable, y tenemos que averiguar cómo limpiar los depósitos contaminados". Cuando le pregunté si los niños estaban tan envenenados como los adultos, movió la cabeza y dijo: "No, ni hablar. Tienen cuerpos más pequeños y por eso están menos contaminados, y he descubierto que los niños pequeños y los recién nacidos, que sobre todo beben leche, no están envenenados en absoluto".
Le pregunté si alguna vez había oído la palabra política. Casi saltó, me miró y dijo: "Sí. Ése es el nombre del veneno".


Citado en Dan Smith, State of War and Peace, pág. 31

13.8.05

Monomaníaco

Desde mi temprana infancia ya fui preso de mis obsesiones y mi ansiedad. Hasta el punto de entender - bajo mi concepción - que debía organizar mi vida de manera tal que nada afectara mi culto a la obsesión de turno. Por ello nunca hesité llamarme a mi mismo un romántico. No sólo por mi propensión a utilizar vocabulario cursi o empalagoso como plumas de pavo real sino por mi concepción épica de la vida, esa por la cual entendemos que estamos aquí para cumplir una misión transitada cuesta arriba, pero sabiendo a la vez que nuestras capacidades son suficientes para interpretar nuestro heroico papel. Son fabulaciones perpetradas por nuestro cerebrito para otorgar el cáliz pasional que evitará que nuestra vida nos resulte vacía y demasiado dolorosa. Desde abril, primero tímidamente, ahora con total desprecio por otra cosa, he estado embarcado en la realización de mi tesis o tesina para mi Licenciatura en Relaciones Internacionales. Mi hipótesis (la segunda porque la original era poco concreta, más que osada en realidad un disparate) consiste en que a mi entender existirían una serie de factores o elementos que podrían facilitar una escalada de la violencia en el seno de la sociedad francesa, la cual podría traer como consecuencia plausible la aparición de terrorismo, y no me refiero exactamente al fenómeno autonomista de Córcega o Bretaña (del tipo de ETA o IRA) ni tampoco a atentados como los de Madrid y Londres. Más bien me refiero a la formación de grupúsculos del tipo "neonazi" entre los franceses. Pero mi obsesión me ha llevado a perder noción de toda realidad e inclusive he tenido dificultades para distenderme completamente cuando lo he intentado. Algunas situaciones rozan el ridículo. Por ejemplo, el domingo pasado fuimos con el más lila de los sauces a ver Charlie y la Fabrica de Chocolates. Me he cansado de repetir (como si eso me hiciera especial o por lo menos más experimentado que el resto de los mortales) que yo había ya visto la original del ´71 y por otro lado, también me he cansado de gritar a los 4 vientos que la versión de Burton es una must see. En fin. Uno de los niños que ingresan a la fabrica, Mike Teevee, simboliza perfectamente al niño masa occidental. Sin entrar mucho a describirlo, basta con decir que no le faltaban ni violencia ni inteligencia, detestando todo aquello que no fuera esencialmente útil. Su padre, y aquí comienza lo bizarro, era idéntico a Samuel Huntington, el teórico del "Choque de civilizaciones", doctrina que justifica en círculos intelectuales abusos imperialistas sobre las poblaciones de Irak, Afganistán, Chechenia o donde sea. Una teoría tan peligrosa y errada como el determinismo antropológico de los nazis. Exactamente igual. Por tanto me resultó hilarante que el hijo de Samuel fuera tal cual el americano medio: un ser violento y presuntuoso, que utiliza cualquier racionalidad para justificar su enfermiza tendencia a la opresión y su culto a la violencia.
Al día siguiente, con Gabyota la idea también era distendernos, y el compromiso consistía en ir a ver, cual dos infantes, Madagascar. No puedo negar que me reí mucho ni es mi intención polemizar y compararla con otras películas del tipo. Lo cierto es que verla fue para mi pensar constantemente en el hombre posmoderno: los grandes indices de urbanización, la asfixia de la ciudad, la pasividad y el conformismo de Alex qué contento abraza el hedonismo mientras que su amigo no logra paz alguna sino cuando sueña en sus utopías de verde, naturaleza y libertad. El enfrentamiento entre dos sistemas, dos filosofías. Pero todo empeoró cuando una vez en Madagascar se encuentran con los nativos... ¡Es el choque de civilizaciones nuevamente! - pensé.
Y entonces con ojo crítico y totalmente a la defensiva, comencé a cuestionar el discurso dominante, la representación del otro y la simbología de la peli para detectar la existencia o no del elemento brainwashing sobre las impresionables mentes de nuestros jóvenes (y no tan jóvenes) hermanos espectadores.
Las situaciones se siguen reproduciendo. El sonido del despertador en mis entresueños ha significado la alarma en pesadillas de atentados y explosiones. Sueño que Fernando Reinares, reconocidísimo académico y estudioso especialista en la problemática de los conflictos políticos violentos, se parece al perro de Wallace y Gromit y platica con otros sobre mí. Leo cuentos como Fantomas y los vampiros transnacionales (de Cortazar) en mis pocos momentos de ocio. O leo sobre la expulsión de moriscos y judíos de la España medieval y traslado el escenario a la Francia actual. Bajo una película de Audrey Tatou (Amelie) que todavía no he visto por no disponer de tiempo pero empieza en las trincheras de la 1ra Guerra Mundial...
Por suerte me tomaré un descanso. Me voy a falar sobre pesca con mosca a Sao Paulo por el laburo. A vida é maís gostosa no Brasil. Tan sólo espero no encontrar también allí otra excusa para ser preso de mis delirios.

19.7.05

La tragedía de construir Roma en un día

El siguiente es un fragmento tomado de un diálogo de Roma de Adolfo Aristarain.
En el mismo, Joaquín Góñez (hijo de Roma y protagonista, interpretado por Juan Diego Botto), Mundstock (sí, el de Les Luthiers que hace de dueño de una librería sobre la calle Corrientes) y otros pibes platican a la vez que oyen Jazz. Es la presentación de la bebota de Joaquín (Marcela Kloosterboer) en sociedad.


Mundstock -El nivel más elevado de la inteligencia del hombre es su capacidad de emocionarse con algo abstracto, y eso es la música... ...y de la música lo mejor que hay es el jazz. Este tipo, se muestra, habla, cuenta una historia.
Joaquín - Parker decía: "Uno toca lo que uno es". Era un genio.
Mundstock - Sí, pero lo genial de estos tipos, es que, además de lograr mostrar su sentimiento te emocionan por la perfección del, del, del fraseo, esa técnica, ese sonido único.
Bebota - ¿Cuándo se murió?
Mundstock - En el 55´.
Joaquín - Tenía 35 años. Un médico forense pensó que era un tipo de 65. Estaba hecho mierda. Alcohol, heroina, ***sedina.
Mundstock - Escucha nene, escucha. Un tipo que consigue hacer esto, no tiene otra salida más que autodestruirse. Sabía que era un genio, era lúcido. Era consciente de lo que había hecho y sabía que era insuperable, irrepetible, único... Todo lo que hiciera, todo lo que hiciera después, sobraba. Era inevitable que se muriera pronto. Era necesario... era ineludible desaparecer. Lo trágico es que después de esa frase, después de un solo, el resto de su vida ya no tenía un objetivo. No podía fabricarse una meta, porque ya había traspado la meta que es casi imposible de alcanzar. La manifestación pública de la excelencia y del genio.

16.7.05

Sobre mi amigo Aitor

Aitor se describiría a sí mismo como un tipo jodido. Quizás no extremadamente complejo una vez que se conocen las mejores herramientas para interpretar el por qué de cada uno de sus decires y conductas. Es un tipo que ahora mismo se encuentra desorientado. Ahora tanto como siempre, pues se podría decir que la desorientación, el dubitar, es algo muy propio de su naturaleza. Quizás para compensar esa falencia que es su ausencia de seguridad es que tiene a flor de piel toda esa prepotencia y agresividad. Ojo, no es que sea un tipo violento. No, no se equivoquen. Pero vive desafiando a todos, en todo momento. Hace de la intelectualidad una herramienta para reirse de los demás y ubicarlos precisamente en la situación que él tanto odia: la de la inseguridad. El sometimiento físico rara vez ha sido una opción para él, pero de sentirlo necesario amenaza primero, coerciona después. Es un estratega y rara vez resulte herido gratuitamente. Por lo menos físicamente.
Pero como suele pasar, una persona que anhela y precisa de seguridad presa de la obsesión recurre a estructuras. Por lo tanto no sorprende que Aitor sea un dogmático. Con aires de apertura mental, describe en plan convincente e irrefutable cualquier cosa. Pero eso sí eh! Intercala el tono solemne con una sonrisa y una cadencia armoniosa y agradable al hablar. Las razones del resultado del partido del fin de semana, qué es lo que está fallando en la economía nacional, que es lo que debe hacerse para evitar accidentes de transito, cual es el mejor género de música, el mejor guitarrista de la historia y que crítica merece la película en cartelera. Conoce las respuestas a todo interrogante. El suyo es el reino de los tres egos: pues es egolatra, en cuanto se convence reiteradamente de ser especial y se halaga por ello. Es egoista, pues rara vez persigue algo que no le de satisfacción inmediata. Y finalmente es un tipo muy egocentrico. No habrá de reconocerlo nunca pero es un convencido de un propio destino manifiesto. Y suprime constantemente un paradigma rídiculo que lo avergüenza pero no por ello deja de creer en el mismo. Ese paradigma reza que todos y todo gira en torno a él. Para colmo, como suele suceder uno influye en el medio y el medio influye en uno. Siempre ha estado rodeado y sólo se ha rodeado de gente que le hizo creer que él era el ombligo del universo. Subrepticiamente, de maneras indirectas, evitando la alevosía, por supuesto. Todos tan solo actores, dijera Shakespeare alguna vez.
Aitor, sin embargo, tiene una gran virtud. Es un tipo muy sensible.
Es una virtud que le trae problemas, claro está. Pues es un tipo orgulloso. Un moralista.
Sin embargo, en su intimidad de parisiennes y buena música, en momentos de observar a través de la ventana y mirar hacia adentro, o cuando busca conciliar el sueño bien entrada la noche, la sensibilidad le da cuenta de un enorme vacio. Siente un agujero negro que absorve todo aquello que es maravilloso. Consumiéndolo. Tornándo lo concreto en evanescente. Generándole ansiedad.
Odia depender de afectos, necesitar de objetos, precisar de cualquier cosa exógena. Pero se ve doblegado a raiz de sus debilidades y cada tanto se torna en ese celoso dependiente que odia, o en el consumista frivolo que aborrese. Entonces lee a Sartre o Nietzche. Pero siente que no entiende nada. O cuando lo hace, las palabras lo atraviesan de lado a lado como enormes y fuertes balas que perforan su gelatinoso cuerpo. Nunca logra aprehenderlas. Mucho menos las ideas o las enseñanzas. Querido Aitor! Si supieras cuánto las entiendes! Cuanto las aprehendes! En tu dogmatismo. Preso de tus propios procesos y esas fuerzas centrifugas y centripetas que sientes te desarman y se enfrentan por poseerte, divirtiéndose mientras lo hacen.
La angustia que sientes es natural y no está mal que la sientas. Acostumbrate a vivir con ella sin convertirte en su esclavo. Ojalá puedas entender que dudar y vagar escéptico tratando de hacer las cosas bien es parte de la experiencia que se llama vivir...
Aunque pensándolo mejor, no estoy seguro. Coherente con lo que te expreso, eso es más bien lo que creo.

9.7.05

Declararle la guerra a la violencia

Bombas de 4,5 Kg. que explotan apagando vidas y encendiendo odios y dolor, para que casi al unísono exploten otras bombas, las de las discusión, las de la consciencia, las que enfrentan a funcionalistas con moralistas, a los dogmaticos de la ley del Talión con aquellos que piensan que el ojo por ojo no quiebra el ciclo, sino que lo retroalimenta.
Me parece interesante señalar dos posturas reflexivas asimetras en relación a lo acontecido en la flagrante Ciudad Olimpica 2012, elegida tal a raíz de sus superiores niveles de seguridad.
Una, un tanto inocente, sostiene que los atentados sucedieron en el momento estrategico equivocado y no es funcional para nadie pues interrumpe el accionar del G8, elite ecónomica, bélica, científica, o en términos más simples y aún más correctos, elite de poder que se atribuye una actitud paternalista para con los estados pobres de Africa y el resto del mundo. Tal como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial están para servirnos y guiarnos en esta díficil tarea de ser estables, no?
La otra, indignada por la historia reciente cuyo guión ha sido escrito desde USA, UK, Rusia o sus aliados, historia de bombardeos, muerte, terrorismo, savotage político, explotación indiscriminada de recurosos naturales y humanos, etc. Historia reciente concordante con el imperialismo del Siglo XIX, ese imperialismo que no tenía miedo de que lo llamen por su nombre ni se vestía con finas telas retóricas del tipo "la instauración de la democracia" o "la persecusión de amenazas tales como dictadores con armas de destrucción masiva" para esconder su pene erecto imperialista y su bello púbico endurecido con la sangre seca de sus victimas.
Obviamente, pensar que los 8 paises del mundo que tienen en conjunto las 2/3 partes del PBI mundial (sí, leíste bien, 8 paises que producen y manejan dinero desproporcionadamente, prueba irrefutable de una brecha entre ricos y pobres que no es lógica, sino rídicula, obsena, insultante, y carente de cualquier justicia si pensamos en los millones que se rompen el culo para ganar el equivalente a un par de dolares para que sobrevivan sus hijos), paises cuyas instituciones y cultura domocráticas adolescen de fuerza (¿Cuánta estabilidad demócratica acaso pueden tener Francia, EEUU o Japón en una situación económica como la de cualquier país africano, o sin necesidad irnos a un extremo, como la de cualquier estado sudaméricano, cuando siendo las potencias económicas que son atraviesan tantos problemas ?) y cuyos jefes de Estado son hombres de negocios que responden a intereses de empresas transnacionales, y no al románticismo "nacional o patriotico" de otrora (del cual hijos de puta como Blair o Bush no dejan de hacer uso político para justificar sus errores premeditados y sus guerras por petroleo, poder y dinero)...

... ¡¿Alguien realmente piensa que se juntaron a buscar la manera de tener trabajadores más caros, o que lo hicieron para que sus empresas renuncien al mejor negocio del mundo (en términos rentables) que es la explotación del sector primario en Africa!? Porque por cada millón invertido en la explotación de minas de piedras preciosas en el Congo o de petroleo en Nigeria ganan más plata que en ningun lugar, sin importar los 4000 PIBES que mueren POR HORA en el mundo.

Pero estos grupos radicalizados de gente enferma, organizaciones terroristas que si bien son funcionales al dejar expuesta una realidad horrible a los ojos de todos son tan funcionales para crear conciencia entre las masas como para que orangutanes y cerdos de rimbonbantes discursos vean facilitada la fuente de miedo e indignación para conseguir el apoyo económico y moral de sus poblaciones en sus empresas. Lamentablemente la espiral de violencia sólo se detendrá cuando todas y cada una de las partes entienda que la justicia no se hace con fusiles, bombas u odio. Y puede que eso no ocurra nunca.

30.6.05

Camino a Holanda 2006

Si bien Freud centraba su explicación de la psiquis en el fenómeno de la sexualidad muchas corrientes psicológicas y antropológicas centran como aspecto diferenciador del hombre y los animales el discurso, el cual tiene origen en símbolos y por finalidad la creación de los mismos. La capacidad de emitir y recibir mensajes simbólicos precisa inexorablemente de un atributo en particular: la racionalidad.
El hombre se comunica sólo a través de representaciones, de símbolos. La ambigüedad del mensaje y la variedad de posibles interpretaciones concientes e inconscientes son la constante de este ser social que paradojalmente necesita comunicarse para sobrevivir pero nunca logra en forma absoluta que el otro interprete exactamente aquello que éste ha querido comunicar.
En términos menos abstractos y consecuentemente ejemplificando podríamos aclarar un poco lo que intento señalar desde un episodio donde un sujeto A pronuncia en algún punto de su discurso al sujeto B una palabra cualquiera como por ejemplo Padre. El sujeto B le dará a este vocablo una significación de las tantas que maneja o varias de ellas a la vez. La recepción del mensaje y el proceso de interpretación puede estar condicionado por una multiplicidad de factores. A saber, el sujeto B puede interpretar:
· Qué es lo que él piensa que A quiso decir por Padre.
· Su propia percepción de lo que un Padre debe ser.
· Su propia percepción de lo que un Padre es generalmente.
· Su percepción de su padre.
· Puede interpretarlo de acuerdo al tono de voz utilizado por A al pronunciar el término o puede estar condicionado por aquel discurso en el cual la palabra estaba inmersa o por el cual estaba precedido.
· Puede estar evocando el recuerdo fútil y frívolo de algún otro discurso, obra, programa, etc. en el cual aparecía un padre o el mismo era nombrado.
· Puede que al oír el discurso de A, B estuviese fijando su atención en algún desperfecto físico del primero que le produjere algún sentimiento negativo, condicionando negativamente de esta forma la palabra Padre por simple asociación irracional.
· Puede suceder también que B esté transitando un mal día o que recientemente haya discutido o reñido con su padre. Como consecuencia es factible que realice mentalmente un inventario de todos los defectos de su progenitor y lo concibiera transitoriamente como un sujeto déspota, autoritario y mucho más similar a un gorila o un cerdo que al arquetipo ideal de Padre.
· Algún malestar físico o psíquico, como ser un dolor de muelas o simple fatiga, podrían reducir los índices normales de atención dispensada por B a cualquier cosa que A diga, no obstante efectivamente escuchar y pensar el discurso de este último. Sin lugar a dudas no podría dibujar un cuadro abstracto - simbólico tan rico y detallado como de estar sin molestias. Lo mismo sucedería de sufrir B algún grado de excitación (sexual, cardio respiratoria, afectiva) provocada o no por A.
Sin saber mucho de las Ciencias de la Comunicación, ni de Lingüística, psicología, sociología, etc., aún así me atrevo a afirmar que en términos simples no es muy desacertado ni osado el que asegure la existencia de factores lingüísticos, paralingüisticos, vivénciales, psicológicos o simplemente subjetivos que influyen de una u otra manera en la interpretación de cualquier símbolo o significante aprehendido. Todas y cada de una de las interpretaciones es única debido a que el Tiempo es un factor que convierte en dinámicos al sujeto B y los contextos en los cuales recibe el mensaje: el receptor no ha de interpretar Padre de igual manera a los 3, 15, 21 o 40 años. Durante el mismo día podemos enfrentarnos mil veces al mismo significante y tener desiguales interpretaciones, pues potencialmente tantas veces receptemos una palabra, tantas interpretaciones tendremos (únicas cada vez), sean o no importantes las diferencias u originalidad en cada caso.
Llevar esta lógica a sus límites es exasperante, pues no los existen.
Toda esta engorrosa presentación que se asemeja a un campo minado o un laberinto (donde las paredes son reiterativamente palabras como Padre, interpretación, símbolo y los consabidos sujetos A y B) que buscan ahuyentar a los desgraciados lectores tiene su razón de ser. Pues zambullido en mis recuerdos y reflexiones me encontraba pensando en cómo dos personas que creen conocerse tanto pueden tener dos concepciones diferentes de amor.
Al exigir amor puedo encontrarme exigiendo una serie de conductas que el otro individuo puede interpretar y clasificar como distinto fenómeno. Pues para algunos los celos o ciertas exigencias, conductas o sacrificios son manifestaciones excluyentes de amor, mientras que para otros distan de serlo: no denotan más que dependencia, necesidad de posesión o ambas.
Muchas veces se sostiene que existen distintos tipos de amor (filial, fraterno, a una pareja, a un abstracto o valor como la justicia) y una plétora de adjetivos para los mismos (amor dependencia, ~ necesidad, ~ maduro, ~ infantil, ~ platónico). A la vez, lo que yo percibo o interpreto como amor dependencia puede diferir en puntos de no nimia importancia en relación a tu percepción o interpretación del mismo.

Alguien por amor puede pedirte que renuncies a tus sueños.

O puede, como mi vieja, apoyarte y estimularte a que los persigas aún cuando ello le signifique separarse físicamente y extrañar al objeto (sujeto) amado. Porque afortunadamente hay quienes entienden bien que amar no es poseer ni extrañar, sino que por amor entienden aquel vínculo que impulsa a las personas a crecer.

14.6.05

Dorian Gray le responde a Hamlet

Mirror can you tell me
how to stay forever young?
Let me know the secret
I will hold my twisted tongue
Please protect my beauty
velvet skin so pure and white
Hear my name resounding
like a hymn at dead of night
Once I struck a servant
she's a virgin free from sin
drops of blood caressed me
and refined my aging skin
Could this be the answer?
Uncorrupted carmine red
Voices keep resounding
in my dazed bewildered head
Have I found myself eternity?
Someone has heard my prayers
now I'll become divine
Have I found myself divinity?
I'm no longer a slave
to the vicious hands of time


Es difícil no asociar estas letras con el proceso racional del que era preso Dorian Gray una vez ya hubo sucumbido cual Narciso ante su propia belleza, aferrándose a la misma con desesperación. Ahora, si bien el alcance de la belleza trasciende lo explicito, netamente superficial o físico, en el simbolismo utilizado en ambos textos (la canción de Kamelot y la obra de Wilde) la belleza se percibe a priori por los sentidos y no a través de la razón. Sin embargo, en ellos la obsesión por la belleza viene asociada de manera excluyente con la idea de la juventud eterna.
No es éste un dato menor. Creo que la belleza, según esta perspectiva, sólo es deseable por cuanto implica juventud. Y no se limita a ello. Implica juventud prolongada por siempre, indefinida. Juventud eterna es igual a estatismo: ninguna necesidad de trascender pues la propia promesa a futuro que implica ser jóvenes nos salva de cualquier desafío por superarnos. Nunca habremos de envejecer: nunca existirá el concepto de tiempo perdido. Es el culto al hedonismo dionisiaco y orgiástico. El placer de sencillamente pastar como un cordero más. Sin tener que enfrentar el miedo enorme de trascender.
Dorian Gray y Elizabeth se obsesionan por la prolongación indefinida de la juventud porque entienden que representa belleza. La misma como creadora de admiración y envidia. La belleza como eso que gratuitamente nos convierte en centro de atención, sin mayores meritos que la herencia. Sin mayor esfuerzo que simplemente soportarla. Ser reconocido por una virtud de la cual uno no es artífice.
Entiendo al thymos como la base de la lucha por el reconocimiento en tanto que el hombre quiere que se le reconozca como ser humano en razón de que es un individuo que tiene valor y dignidad. Wilde a través del genial Lord Henry nos asegura que la belleza cautiva por ser algo divino. Celebro aquella afirmación y agrego: es divina en cuanto es ajena al campo de la voluntad humana. Por ello es comprensible que seres aterrados o superados por miedos a la responsabilidad que implica vivir decidan aferrarse al sueño de la juventud eterna. Es el “lo mejor está por venir” que nunca trocará en presente continuo o pretérito.
Desde la perspectiva Sartrista es revelador entender que aquel deseo es esencialmente el de ser siempre niños: irresponsables, gratuitamente centros de atención, receptores de amor, déspotas en cada capricho. En definitiva, Dorian y Elizabeth descubren que el precio de su belleza eterna es la muerte de otros, el propio vacío existencial y finalmente la muerte.

7.6.05

El poder de la palabra

Hechos de los apostoles
Capítulo 20
Versiculos 7, 8 y 9

7. El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba, habiendo de salir al día siguiente; y alargó el discurso hasta la medianoche.
8. Y había muchas lámparas en el aposento alto donde estaban reunidos;
9. y un joven llamado Eutico, que estaba sentado en la ventana, rendido de un sueño profundo, por cuando Pablo disertaba largamente, vencido del sueño cayó del tercer piso abajo, y fue levantado muerto.

De haber un Dios, seguramente ha de tener sentido del humor.

5.6.05

Encender y avivar la augusta imaginación

"...la senda misteriosa, extensa y estrecha, la ausencia de sol en el cielo, el tremendo frío y lo extraño y sombrío de todo aquello no impresionó para nada al hombre. Y no porque estuviese acostumbrado a ello. Era un recién llegado a la región, un chchaquo, y ése era su primer invierno. Lo que le pasaba era que carecía de imaginación. Era veloz y agudo en las cosas de la vida, pero sólo en las cosas de la vida y no en sus significados. Veinticinco grados bajo cero equivalían a un frío desagradable, pero nada más. Este hecho no lo llevaba a meditar acerca de su fragilidad en tanto criatura de temperatura, ni sobre la vulnerabilidad del hombre en general, capaz de vivir sólo dentro de ciertos estrechos límites de frío y calor, y a partir de allí no lo conducía al campo conjetural de la inmortalidad y al papel del hombre en el universo. Veinticinco grados bajo cero significaban para él la mordedura de la helada que hacía doler, y de la que había que protegerse usando mitones, orejeras, mocasines abrigados y calcetines gruesos.
Veinticinco grados bajo cero eran para él ni más ni menos que veinticinco grados bajo cero. Que pudiese significar algo más que eso era un pensamiento que jamás había tenido cabida en su mente."

Fragmento de Encender un fuego
Jack London

La imaginación es sin dudas una hermosa virtud, y no sólo eso, creo que es la puerta de entrada a una mayor humanidad, a profundizar aún más en aquello que nos hace "divinos", trascendentales, o en términos llanos, distintos a los seres del reino animal y vegetal. La racionalidad privada de imaginación se me antoja tal desperdicio como un planeta con agua, temperaturas propicias para que el estado de la misma sea principalmente líquido y luz solar en cantidad ni excesiva ni insuficiente, pero aún así planeta estéril, sin ninguna forma de vida que lo habite.
En general, la imaginación abundante en una persona no tardará en convertirla a ésta en soñadora independientemente de lo que exteriorice en sociedad pues no siempre uno facilita a otros ver eso que se guarda para su intimidad. Muchas veces porque dicha esencia, la de ser soñador, es vivida en dualidad: como un tesoro hermoso y preciado, y como una debilidad avergonzante.
Es la imaginación un tesoro porque nos faculta para desligarnos de lo "real", calificación que se le asigna paradojalmente al evaluarse lo "real" en términos subjetivos y por tanto proclives a carecer de realidad en el sentido de verdad absoluta. Pues esos términos subjetivos son por un lado, nuestra apreciación de la realidad a través de nuestros sentidos (¿quién nos dice que es real lo que vemos, oímos, gustamos, etc?) y por otro, la observación empírica del causa-efecto que es el mayor sustento de quienes se enorgullecen de ser realistas. Observación empírica y limitada, señores, ergo subjetiva. Pues sabemos que factores ajenos a nuestra observación por trascendernos en términos temporales o por desconocimiento (o lo que en este caso es lo mismo, el no-conocimiento de la existencia de los mismos) pueden alterar y transformar en errado cualquier juicio que emitiéramos. Amé a Córtazar por jugar con esto constantemente en cuentos como "La noche boca arriba" o en la novela "62: Modelo para armar". ¡Vamos! Que con mayor sencillez es lo que pretende todo aceptable policial o thriller.
Por tanto, me parece un tanto obvio que todo realista no es sino un reduccionista, alguien que toma la porción de la verdadera realidad que está a su alcance para entenderla y/o manipularla. Por el contrario, la imaginación que nos convierte en soñadores no conoce límites. Y al desligarnos de la esclavitud de los sentidos y de la conjunción espacio tiempo, somos cuasi divinos, o divinos al fin, navegando por universos de percepción ricos, donde verdades ocultas son develadas, donde hermosos ideales son atestiguados, donde podemos encontrarnos con cualquier afecto, con cualquier idea, con cualquier sensación, con cualquier recuerdo, y a la vez podemos jugar con los mismos.
Sostenía anteriormente que la imaginación muchas veces es vivida como una debilidad avergonzante. ¿¡Qué clase de crimen es ése?! ¿Dónde está lo avergonzante en la voluntad augusta de conocer otras posibles realidades? ¿No es ese acaso el espíritu que conduce a la voluntad de progreso? Para autómatas están las máquinas, los objetos arrojados al vacío, o presos del accionar de la inercia, la fuerza de gravedad o los instintos. ¿Avergonzarnos de aquello que nos diferencia de una computadora o un animal? ¿No les parece una locura? Obviamente, y hay que señalarlo porque nunca falta quién lo señale cuando está dicho tácitamente, los extremos son odiosos. Vivir mirando hacia adentro sin comprometerse jamás con la vida no es una opción viable, sino, y sólo en casos respetables, una etapa necesaria en algunos casos.
No es mi ánimo el de menospreciar ni desprestigiar tontamente, pero no creo que la imaginación pase por el tamaño de los sables láser, mayores y mejores explosiones o variedad de elfos y trolls. Eso sería limitarnos tan sólo a lo superficial. De películas hermosas como Cinema Paradiso, Belleza Americana, Amelie, El gran Pez y Buscando nunca jamás rescaté un mensaje que siempre me acompaña como la mayor enseñanza que mis viejos de forma reiterada y en cada ejemplo de vida me han obsequiado: la importancia de vivir al mundo con ojos de niño a la vez que disfrutamos de la belleza de todas aquellas pequeñas cosas.

24.5.05

A la argentinidad con un palo

Tengo la suerte de ser de esos pocos argentinos que pueden diferenciar históricamente el 25 de Mayo y el 9 de Julio, sus significados, y sus marcos históricos. Muchas veces me he vanagloriado del hecho de ser patagónico, y de como mis abuelos, no mezquinos en huevos y esfuerzo, hicieron patria en tiempos en los cuales la Patagonia se encontraba aún más desértica, inhabitada y desolada que actualmente, si semejante exageración hubiese realmente existido. También orgulloso me jacto de haber participado en la bicicleteada que unió El Chalten - Puerto Santa Cruz - Río Gallegos en algo así como 9 días (Bicicleteada a los Hielos Continentales Argentinos – Febrero 1999), experiencia en donde abundaron el celeste y blanco, en prendas, paisajes, corazones y discursos.
Pero cada vez más mi nacionalismo se atibia. Cada vez menos me invade ese orgullo fanático. No siento más amor a la Argentina que el que siento por los valores que defiendo. No siento amor suficiente por mi país como para desear muerte y humillación a chilenos, brasileros, ingleses o yanquis.
¿Alguien acaso concibe al egoísmo como algo elogiable y admirable en un individuo? Considerando a la nación como una entidad colectiva pero con caracteres similares a cualquiera de los individuos que la componen, ¿Considerás que el egoísmo nacional, sin respeto por otras naciones o sociedades, es algo positivo? A no confundir nunca el amor propio con el egoísmo. El amor propio, indirectamente conlleva al respeto del otro. El egoísmo implícitamente nos impulsa a todo lo contrario. En el museo de Anna Frank leí un mensaje que no alcancé a compartir hasta tiempo después: "El patriotismo es el amor a los propios por sobre todas las cosas. El nacionalismo es el odio a los otros por sobre a los de mi país."
¿Cuántas veces las naciones se unen en afán patriótico? Estados como los hispanoamericanos, todos con raíces similares, implicaron en sus orígenes una enorme dificultad, pues ¿Cómo hacer las oligarquías políticas para establecer límites claros a los nuevos estados, cuando un salteño difícilmente tuviera más cosas en común con un porteño que con alguien del altiplano boliviano? Un patricio del Cuyo tenía tanto en común con un trasandino de Santiago de Chile como un entrerriano con un uruguayo. Todos los nuevos estados en la América Hispana se encontraron con la misma problemática: no habían identidades nacionales, y sin identidades nacionales, gobernar, o siendo más justos al describir el fenómeno político, dirigir a pueblos que no reconocían legitimidad en el mandato del que se autoproclamaba gobierno central o federal, era imposible. Todas las oligarquías llegaron a la misma conclusión. La manera más fácil de construir la unidad es mediante el odio al otro. Y así los argentinos nos unimos por primera vez, luego de 40 años de pelearnos entre nosotros, en una guerra contra Paraguay, en carreras armamentistas y desconfianzas mutuas para con Brasil y Chile, en un doble discurso contra nuestro principal socio comercial: el Reino Unido.
He aquí otro gran mito (mito en griego significa mentira): el que reza "el que no salta es un inglés". El hecho de que los veintitantos de Mayo cada año nos pongamos una escarapelita en el pecho, e hinchemos nuestro corazón de orgullo ante los colores de nuestra bandera, es producto de un proceso que facilitaron y estimularon los ingleses. Comenzaba el siglo XIX y nuestra oligarquía, los consabidos patricios, buscaba desvincularse de la decadente y anacrónica España, a través del intercambio bajo las reglas y la concepción económica del Imperio de entonces. Gran Bretaña facilitó nuestra independencia. Le fue más funcional inclusive que si nos hubiesen convertido en su colonia producto de las invasiones de 1808 y 1809. Pues tuvieron todas las ventajas económicas que buscaron y jamás tuvieron que pagar un costo político.
En 1910 figurabamos entre las 10 principales economías del mundo, y eramos referente de potencialidad cultural y científica como consecuencia de nuestra especial relación con la isla que reinaba en los mares.
¿Qué las Islas Malvinas qué? Un pueblo ciego que necesitaba lo mismo de siempre: un chivo expiatorio para olvidarse de la realidad, de los desaparecidos, de los atropellos a las libertades políticas y civiles, de la deuda externa que crecía, de las transnacionales que explotaban y robaban ya sin siquiera la sutileza del guante blanco. Y todo el pueblo argentino que paró la pelota, levantó la cabeza y usando la mano de visera para no encandilarse con el sol, o la realidad, gritó "...Viva la patria carajo!!", mandando un grupo de cuasi impúberes pibes mal vestidos, con muchísimos huevos y mucha más ingenuidad a tierras siempre olvidadas, tanto como la Patagonia, o quizás un noroeste con su pobreza. Unas islas que Juan Manuel de Rosas, arquetipo nacionalista para tantos, intentó durante su mandato canjear por la deuda externa contraída con los británicos para financiar nuestras guerras intestinas o contra el Brasil monárquico, recibiendo una negativa firme de los mismos.
¡Cuánta ingenuidad!
Con nuestro enorme dedo acusador señalamos a los chilenos por la ayuda proporcionada a nuestros "enemigos", cuando fue el gobierno de ese reverendo genocida hijo de puta de Pinochet el responsable. ¿O acaso tienen la culpa los habitantes de nuestro país por la venta de armas realizada por el gobierno del simio capicúa al país de Ecuador en su conflicto contra Perú? Pensándolo mejor, sí. Nosotros al patilludo ladrón ese lo votamos. Y en las últimas elecciones, ¡Muchos volvieron a hacerlo! ¡Pero si hasta ganó en la primera ronda! Como bien dice un profesor al que no trago: somos el país cromañón.
Hoy nos dignamos a festejar fiestas nacionales como el día de la independencia (que no es tal pues económicamente somos tan dependientes como siempre) y conmemorar revoluciones exitosas (al servicio de nuestras clases porteñas acaudaladas que destruyeron las economías del interior, así como de un reino que nos apadrinaba por un objetivo en común a los primeros: llenarse de dinero, no matter what).
La Iglesia y la religión como herramientas de dominación cedieron, y si bien no extintas, no cuentan con el prestigio absoluto de cuatro o cinco siglos atrás. Y así como los ateos surgieron, es hora de que lo hagan los anacionalistas. Es hora de entender que hay cosas injustas y estúpidas.
Es insultante lo que sucedió a raiz de la gallardia y los valores de aquellos israelitas pertenecientes a la fuerza aérea de su país que se negaron bombardear poblaciones civiles palestinas por considerar semejante accionar aberrante, falto de toda ética y de toda humanidad:
Predecible e injustamente se los acusó de... ¡Traidores a la patria!
¿¡Desde cuándo la patria vale más que vidas humanas!? Lo vale para un Bush, un Hitler, un Galtieri, un Videla, un Pinochet, un etarra, un Milosevich, un WASP. Lo vale para un fanático.
¿Por qué no festejamos un día internacional de la Justicia, de la Integridad, de la Solidaridad o del Conocimiento? Pues de esas banderas con gusto todos podríamos abrazarnos sin distinción de etnias, de clases sociales, de costumbres, de religiones. Pues un injusto siempre será un injusto. Una persona no íntegra será siempre eso. Un egoísta se limita a sí mismo y alguien que no le hace culto al conocimiento se contenta con ser ignorante. Una nacionalidad no es sino un abstracto totalmente ambiguo. En el imaginario colectivo un argentino, un francés, un español, un estadounidense, un mexicano, un cubano, un chino, un japonés, etc., puede bien ser alguien extraordinario por características dignas de ser admiradas e imitadas, como puede también proyectarnos un ser detestable, rico en defectos y vanidades, indigno de cualquier respeto.
Amo a mi país. Pero ello no me limita de potencialmente amar a otros. Y ello nunca me condicionará a odiar a miembros de otras nacionalidades. Antes que argentino soy un ser pensante con su propia escala de valores. Y es a lo único que pienso serle fiel toda mi vida.

11.5.05

Metamorfosis

- "Mi únicornio azul ayer se me perdió. Pastando lo dejé y desapareció. Acusé a muchos de habermelo robado, o quizás, pensé, se habrá perdido, o tuvo un accidente, quién sabe. Iracundo, me sentí autorizado moralmente para llevar a cabo una serie de atropellos, violando propiedad privada, insultando ante negativas lógicas de tiempo, lugar y conocimiento de causa a mis interlocutores. Comencé a exteriorizar mi pensamiento, y al entrar en contacto con mis hipótesis relacionadas a la desaparición, aquellos con quienes las compartía variaron en número y en calidad ante mis ojos. La ansiedad me consumía cuando alguien sostuvo:
- Pero si eres más delirante que el ingenioso quijote, mi estimado Silvio.
Desde ese momento sospeché que dicho mensaje era una sutil señal de los dioses. Y para verme más listo puse esa cara de loco pensativo, izando una ceja y onomatopeyando mmmm, proceso que disfruté en deleite rabioso, pues estoy seguro que de haberlo observado mi unicornio, nunca hubiese querido desaparecer.
Entonces vagué seguro ya de que el Quijote me lo había robado de puro envidioso, pues de secuestro era imposible hablar, dado que jamás recibí pedido de recompensa, y por otro lado, mi unicornio azul era tan bello como lo son las jovenes que huelen a flores e invitan a reir a la vez que nos sonrien o nos abrazan luego de una corta carrera infantil, o que flores recojen a la vez que cantan con voces de Sarah Brightman, o que taciturnas con una tímida y complice sonrisa nostálgica, a la luz de la luna, sentadas sobre el borde de una bella y refinada fuente gótica, trazan surcos con sus dedos con hermosa cadencia y admirable empeño en lo que pareceriera ser un rito. Tan bello era mi unicornio, ausente hace años, desde que este ayer eterno existe obsesionándome, esclavizándome. Y en una tarde cualquiera en la cual preguntaba a transeuntes en general sobre la ausencia de mi unicornio, sin discriminar entre cartoneros, viejitos sentados en la puerta con el mate, chetos, conchudas nariz parada, mecánicos engrasados, fumancheros, nerds camino a escuchar Linkin Park o en su defecto la facu, tetonas y depresivos, se me ocurrió preguntar también por el domicilio del Quijote. Allí sobre Pueyrredón me crucé con El Mío Cid quién me habló de molinos y montruos mitológicos, tan perdida está no solo la juventud en la droga, pobre señor.
En fin. Cedió el otoño, murió el invierno, floreció la primavera y mi unicornio, pastando feliz, en algún lugar, pero ausente. Y yo que triste de tristeza, cada vez menos soportaba extrañarlo. Creo que lo odié mucho. Tanto, tanto que me alegré al escuchar de labio de un mozo en José Maria Moreno y Rosario, a la vez que me servía edulcorante cuando yo le había pedido azúcar, que los unicornios eran una especie en peligro de extinción y que Green Peace procuraba preservarlos. Acto seguido llamé por telefono a dicha organización no gubernamental y les puse en el altavoz un tema de Eminem llamado Kim. Y me reí mucho, con una carcajada malvada. Entonces me asusté y no quise pasar la noche solo, inventando una excusa para quedarme a dormir en lo de una amiga. Pero en cuanto la hija de la mañana, Eos, la de los rosáceos dedos, se dejó contemplar, todavia extrañaba a mi unicornio azul. Tanto o más que ayer.
Entonces, de a poquito, casi sin darme cuenta, cambié mi guardaropas, comprando todas mis prendas azules. Comencé a correr y atropellar gente en los puntos de combinación del subte primero, finalmente tomando por costumbre galopar libre por las praderas después, o así creí haberlo hecho. Comencé a comer más ensaladas los mediodías en el trabajo primero, para luego pastar libremente allí donde los tiernos brotes se encontraran. Comencé a chillar y gruñir cada vez que algo no me gustaba o no me parecía justo primero, finalmente aprendiendo a relinchar y corcovear lo suficientemente convincente cómo para que se me respetara.
Claro que me enorgullecía de parecerme más y más a mi ausente unicornio. Y quién escuchara en talante confidente mi vanidad, y repusiese que en nada me parecía yo a mi azul ausencia, o que más bien parecia una parodia de la misma, se ganaria mi apatía. Y así fue. Dejé de frecuentar a mucha gente, deseándoles que se mordiesen la lengua, luego olvidándolos sin culpa.
Ay... Tanto extraño a mi unicornio."
- ¿Estás seguro que era así la letra de la canción, Pablo?
- Sos un romántico. Mutar al objeto extrañado. Genial.
- Gracias Aitor.
- ¡Respondeme! ¿Era necesario proyectar en el propio S. Rodriguez? ¿Cuál es tu miedo?
- Y seguro que empezaste a actuar, pensar y a juzgar con los criterios que creías dignos de tu unicornio, ¿No, romántico?
- ...
- ¡Decime!
- Pensé que quizás... No sé. Tal vez... Tal vez ustedes también habrían de ausentarse...
- Jejejeje... Definitivamente un romántico, si señor.

6.5.05

Ser o no ser, esa es la cuestión

Chusmear Hecha la ley, hecha la trampa de José Abadi sirvió de nueva excusa para repensar y volver a asociar La Odisea, sus simbolismos, y con ella encontrar mayores méritos al augusto Ulises.
Entre las numerosas desventuras en su regreso a casa, el prudente y audaz barbudo tuvo en suerte ser retenido en la isla donde habitaba solitariamente la ninfa Calipso, cuyo nombre significa "la que oculta". La divina Calipso se enamoró de Ulises, o por lo menos quizo retenerlo, para ello ofreciéndole algo muy tentador: juventud eterna e inmortalidad. ¡Vivir como un dios junto a una hermosa deidad! Claro que esto implicaba renunciar a su intención de volver a Ítaca. Una vida de hedonismo, de placeres desmesurados, a cambio de no volver jamás a su lugar de origen. ¿Quién sabe? ¡Quizás su regreso sólo fuese para encontrarse con que Telémaco lo desconocía como padre, o que Penélope lo había reemplazado! O quizás sin ser tan fatalistas, regresaba, viviendo una hermosa primavera por un tiempo, para luego volver a la monotonía propia de esa islita que el llamaba hogar. ¿¡Comparar eso con lo que Calipso ofrecía!?
Sin dudarlo, irrevocablemente, rechazó. Rechazó durante 7 años en los cuales fue retenido a la fuerza. Y lo hizo porque renunciar a su mujer, su hijo, su vida, era renunciar a ser él, a ser Ulises. ¡Y cuan horrible puede ser eso! ¿Cuántas veces el hombre le escapa a la realidad, huyendo a refugiarse en ese mundo que Calipso ofrece donde no existen los problemas, no existen las responsabilidades, no existen las luchas? La droga y el alcohol ofrecen lo que la ninfa. Ofrecen evadir la realidad. Ofrecen un mundo de hedonismo a ultranza, ofrecen desconectarse, ofrecen placer barato... o extremadamente caro.
Además del daño irreparable ocasionado al organismo, uno renuncia a sus problemas, a la realidad percibida como grotezca, pero al hacerlo, al comprar, uno también renuncia a ser uno mismo. Y se esclaviza. Se esclaviza a su puta adicción. Se convierte en una forma impersonal de vida. Díficilmente se me ocurra una cosa más horrible que renunciar a mi individualidad y mi integridad.
Curiosamente, o siguiendo la máxima de que los clásicos son tales por la permanencia de los mismos vence el tiempo, a reflexionar problemática similar invitaba Aldous Huxley con su "Mundo feliz", donde sucedía exactamente lo mismo. Lugar donde el precio para la paz y tranquilidad no era otro que la individualidad. Más interesante aún se me presenta que con la individualidad no es suficiente en ninguno de los casos. Desaparace también la familia.
Feliz cumpleaños. La vida es crisis. La vida es dialéctica. La vida es un "doy dos pasos, retrocedo uno, para luego volver a dar dos y retroceder, and on and on and on". Aferrate de quienes te quieren. Sé vos.
Cómo los árboles entonces, a morir de pie. Que la integridad es cosa hermosa, y si bien no fácil, sí el camino más corto a sentirse bien con uno mismo.

2.5.05

Efecto multiplicador del granito de arena

¿Cuantas veces la impotencia nos doblega y renunciamos a luchar por aquello por lo cual valdría realmente la pena hacerlo?

Cuando aún más que hoy Helena, la luz, la racionalidad científicamente respaldada, era mi religión, solía creer que Newton había sido algo así como un Mesías. Sostuvo él que el tiempo y el espacio eran infinitos, y que la naturaleza estaba regida por leyes precisas y perfectas. Inmediatamente después sus seguidores afirmaron lo que para mí hubiera sido siempre tan dogmático como para muchos creyentes es la existencia del espíritu o el alma, fragmento de divinidad, hecho irrefutable. Y dicho concepto indiscutible elaborado por Laplace y respaldado por otros científicos sostiene que si una mente pudiera conocer en un instante dado todas las variables del Universo, conocería unívocamente el pasado y el presente del mismo.

Implícitamente esto nos llevaría a reconocer la existencia del Destino, de lo prefijado, de aquello que escapa al libre albedrío. Sería igual a reconocer que no somos más que simple marionetas, condicionados génetica y empíricamente, como así también por una extensísima cantidad de sistemas, innumerable cantidad de leyes cientifico matemáticas de múltiples variables, pero finalmente inteligibles, si bien ajenas a nuestra limitada capacidad racional. Y yo sostenía esto sin tristeza, sin alegría, con aceptación. Lo vivía como algo indiscutible, causándome ternura las caras de desaprobación que despertaban mis ideas en aquellas pocas personas a las cuales les confesara mi forma de concebir todo. "Qué triste que pienses así..." - más de una vez sinceramente me dijeron.

Pero la curiosidad, pequeño duende que empuja al hombre a caminar, a crecer, a abandonar posiciones cómodas, me llevó a centrar mi atención sobre un fenómeno que si bien no contradice ni mucho menos lo expuesto con anterioridad, trae aparejado consigo quizás respuesta a aquello que implícitamente preguntara en la oración que da comienzo a esta reflexión. ¿Vale la pena luchar por lo inalcanzable, por valores o afectos, no obstante no obtengamos ningún resultado a raíz del sacrificio?

Curiosamente denominada la teoría del caos, también conocida como el efecto mariposa, ésta ha dado luz a una simbología muy fuerte, con importantes repercusiones en el mundo artístico. Y no sin justicia. Pero procedamos a explicarla:

Lorenz, físico devenido a meteorólogo, luego de una serie de estudios científico matemáticos, principalmente realizados con computadoras, hizo alarde de capacidad poética al elaborar una analogía que bien la sintetiza al asegurar que dentro de un complejísimo y exacto sistema que se valiese de cálculos muy precisos y de datos muy exactos que se utilizase para predecir el comportamiento de la atmósfera podría encontrarse una predicción totalmente errónea de no haber tenido en cuenta el aleteo de una mariposa en el otro lado del planeta. Ese simple aleteo (una ínfima, causi insignificante, ridícula fracción de una unidad) podría introducir perturbaciones en el sistema que llevarían a la predicción de una tormenta, la cual pasariamos por alto de descuidarnos.

En definitiva, el equivalente a decir que tu granito de arena puede hacer una enorme diferencia en este sin fin de causas y consecuencias complejísimo inmerso en el cual vivimos, dentro de parámetros de tiempo y lugar de los cuales quizás jamás seamos conscientes o testigos. Sin dudas de pensar con sensatez, a uno le embarga un miedo terrible ante tanta responsabilidad. O mejor aún, es la excusa para saber que no solo tranquilidad de conciencia uno obtiene al luchar por las cosas que realmente valen, sino que quizás, ese simple aleteo, traiga como consecuencia también una enorme diferencia para muchos algún día, en algún lugar.

Como bien me recalcara una sabia hechicera de ascendencia armenia y gran brillantez a quién mucho aprecio y otro tanto respeto: sólo buscamos trascender. Y desperdiciar nuestra oportunidad de hacerlo sería una insensatez. O por lo menos una cobardía.

26.4.05

Estimado, lejano y presente

Dudé hasta el sudor ansioso y frío revelar la existencia de uno de mis más preciados tesoros, pues cuando los cobardes e ignorantes desean ser reyes, instintivamente intentan tomar posesión de aquellos bienes, telas y costumbres que el propio rey ostenta, dichoso en su magnificencia. Ya contra el mismo tesoro del que oirán ahora han con antelación atentado niñitos deseosos de sobre su cortaza grabar corazoncitos atravesados por la flecha de cupido o algún otro demonio, y en alguna ocasión incluso algún barrigón leñador tuvo el descaro de mirarlo con oprobio lujurioso. Mas mis miedos fueron vencidos al entender mi corazón que no importan las agresiones: el vinculo crece y crece, y si bien de nadie, siento a mi sauce más mío cada día.
Mi estimado sauce lila, cuyas hojas son testimonio visual en su risueño danzar de la brisa que constantemente nos llega con nuevos aires, buenos aires. El devenir de sus gráciles ramas y su coloreado vestido implican, ¡tanto más claro lo veo cada vez! ese aire que fue, que no está más, que se ausenta en busca de nuevas hojas que mecer, nuevas cabelleras que acariciar, nuevos perfumes de los cuales prenderse, pues audaces, de alegres bocas brotarán en forma de risotadas, o eventualmente en forma de un soñador suspiro enamorado.
Mi lejano sauce lila, goce visual. ¡Cuán bien sientan tus hojas, cuales atuendos, cada vez que el cielo se tiñe de tonos purpúreos y arrebolados! ¡Cuán íntima la noche, y cuán luminosas las estrellas al observarlas recostado sobre tu tronco! La platinada luz de la luna se tiñe de un bello color al traspasar penetrando tu frondosidad cada vez que desea bañarme en su esplendor o besar mi soñoliento rostro.
Mi presente sauce lila, escalera celestial. Alto, fuerte y rígido. Mas suficientemente flexible para mecerse con la inocencia de una margarita ante cada piropo de Céfiro, nostálgico y gracioso. Abrazado a la tierra con fuerza. Exhibiendo con orgullosa modestia coloraciones de dignas belleza y fragilidad. ¡Eso es coraje! La fortaleza de ser. Ser auténtico. Ser original. ¡Pues mi sauce lila, al que recurrentemente acudo, y del cual no obsesión sino solo paz obtengo, es uno de mis mayores tesoros, y más aún, uno de mis grandes orgullos!

24.4.05

Fernando "el ciego" Vidal Olmos

No hay peor ciego que el que no quiere ver leyó Sabato en algún lugar, o más ajustado el hecho a su gran complejo quizás, le dijera su madre en alguna ocasión aún durante su temprana infancia (sin ser consciente ella misma si le hablaba a Ernesto "el fallecido" o Ernesto "el hijo que heredo el nombre casí sin estrenar de su hermano mayor fallecido previo a su nacimiento") y tanto le impactaron estas palabras, que escribió obras épicas en las cuales de manera esquizofrénica algún capcioso obsesivo persigue las mil desventuras contra los babosos y rastreros ciegos. En busqueda de la invisible verdad.

Entonces saltaron los estúpidos de siempre que no comprenden una puta metáfora y desperdiciaron horas de sus vidas discutiendo por qué ese viejito perseguía así a los cieguitos, o si realmente los disminuidos visuales son menos de fiar que otras personas. Discutieron si realmente son amebosos, o si Sabato debería ir a parar a algún neuro-psiquiátrico. Pues tanto más sencillo resulta nombrar al Borda que reconocer que uno no ha entendido y preocuparse por hacerlo...
En definitiva, ciegos a su mensaje, como ciegos a aquello que lo atormentaba: la gente que cubierta de velos, inmersa en la frivolidad, no se preocupa por comprender nada, se compra las mentiras que premasticadas le acercan a sus cabecitas, festejan y defienden esas mentiras, eventualmente creándolas ellos mismos.

Y heme aquí, muy obsesionado e iracundo en contra de la frivolidad, sintiéndome como Fausto, siempre insatisfecho, siempre con hambre de más.

Heme aquí fanático intentando ver con claridad. Ya como Castel fui cegado por la extrema luz, la exagerada racionalidad. Y aún de vez en cuando sigo comprando mis propias mentiras.

22.4.05

Ulises: Una mente brillante

En 1994 un esquizofrénico paranoico gana el Premio Nobel de Economía. Otra más de esas combinaciones paradojales, o en este caso por lo menos alocada, que se dan en la historia. Como qué una persona llamada Lovecraft sea uno de los padres del Satanismo, que la Iglesia Católica Apostólica Romana sea la responsable del mayor genocidio histórico acaecido (conocido como la Santa Inquisición), o que el Derecho sea tan retorcido.
Pero profundicemos en el caso de John Nash: el estadounidense gana el premio por elaborar una teoría en la cual describe a la perfección y con complejos teoremas lo que es conocido como el equilibrio de Nash o la teoría de los juegos. Cómo consecuencia de la misma, la teoría de Adam Smith, con la cual liberales han martillado la cabeza de varias generaciones para exculparse de sus prácticas sin respeto a la condición humana más básica, quedan totalmente defenestradas y expuestas como inexactas. Ya no es la persecución del bien individual por parte de cada miembro de la sociedad lo que arrojará el mejor resultado alcanzable. Lo hará, en cambio, una situación en la cual todos los intereses individuales estén en sintonía con el general, de manera tal que ninguna de las partes sienta la tentación de alterar su estrategia porque le implicaría algún tipo de perjuicio.
Hasta aquí todo genial. Pero John Nash no hizo más que inspirarse en el homérico Odiseo, mejor conocido como Ulises, su nombre entre los romanos. Y dudaría no llamar dicha inspiración, pero esta vez sin eufemismos de por medio, simplemente plagio.
Procedo a explicar:
En un principio, antes de la guerra de Troya inclusive, Ulises estaba interesadísimo en Helena, la mortal más parecida a Afrodita, la más bella y sensual de todas. Duh! Tal y cómo todo pene con algo de ambición en Esparta (aunque sería osado limitarlo únicamente al plano masculino)(...más de una seguro se tocaba pensando en sus rizos dorados y en su piel cual marfil). Para colmo de males, Ulises no contaba con capital, poder ni brutalidad superior a la de sus contrincantes, los cuales furibundos exigían al padre de Helena que resolviera con quién habría ésta de desposarse. Claro que al pobre Tindáreo la situación lo abrumaba. Todos los pretendientes de su hija Helena habrían de resentirse en caso de ser rechazados, entablando una guerra de todos contra todos, debilitando a Esparta, tan solo para dejar bien parados su propios honores y vanidades. ¿Cómo aceptar esos señores llenos de ínfulas y ambiciones ser superados por un igual? Helena no solo era bella. Era un premio.
Ulises, que era brillante, se planteó algo tan lógico que asusta. ¿Por qué no anteponer un bien superior que nos beneficie a todos y evitar que la avaricia y el egoísmo nos lleve a un resultado en el cual, como mejor pronóstico posible, habrán solo un par de vencedores y muchos infelices?
Ulises, gran orador, muy audaz, y favorito de Atenea, decide entrevistarse con el agobiado Tindáreo y le sugiere una solución a cambio de que éste intercediera en su pedido por la mano de la prima de Helena, tan bella cómo esta, llamada Penélope.
Hecho el acuerdo, se llevó a cabo el plan de Ulises: todos los pretendientes debieron jurar por su honor que se respetaría al elegido para desposar a la bella Helena, con total fidelidad al mismo, protegiendo y socorriéndolo en caso de que lo necesitase. En definitiva, e implícitamente, todos se comprometían a algo superior que sus individualidades no obstante el resultado, que era la unión de todos a un fin común y nacional.
Ulises de esta manera, se casa con la mujer más fiel del mundo, Penélope, codiciada no por pocos, se salva de todos los problemas, conspiraciones, traiciones y los cuernos que le hubiese implicado alcanzar el corazón de Helena, evita una guerra nacional a nivel interno (luego se da una contra Troya gracias a su pacto = p) y logra el reconocimiento internacional, histórico, y de los dioses por su astucia.
El Premio Nobel de Economía, sin embargo, fue para el loquito que conversaba con gente imaginaria. Ojalá Aitor o Pablo traigan algo más que dolores de cabeza entonces!

16.4.05

Muerte mía

Antes que Benedetti en "Primavera con una esquina rota". Antes que John Lennon con "Imagine". En una cruzada por el nuevo hombre tal cómo el Che o Nietzche, cada uno con sus particulares ideales (pero ambos con la intención de superar la mediocridad o el poco desarrollo del hombre), al mejor estilo de la tradición Francmasona, un escritor y poeta marroquí que, en una seguramente no muy agradable estadía por motivos políticos en la prisión militar de Kénitra en 1975, dió a luz al escrito que a continuación tengo el gusto de transcribir.

"A los treinta y tres años
yo también pienso en la muerte.
No se trata de la muerte con mayúsculas
sino apenas de la mía
que puede ocurrir cualquier día
y con cuya experiencia deberé
arreglar algunas cuentas.
No se trata de ideas negras,
no, es algo totalmente realista
cuando a uno aún le esperan años en prisión
y se ve día y noche
a merced de sus torturadores.

Muerte mía,
te quiero dulce como esos sueños felices
donde a pesar de todos los obstáculos
logro llegar hasta el fin del laberinto,
a tomar y acariciar la mano de mi amada,
a recomponer el color de sus ojos,
a sentir el pétalo de una lagrima
formarse sobre la llama de su pupila.
Dulce te quiero,
una sola imagen
que resuma todo el esplendor del asalto humano
todas las promesas que se harán realidad.
Te quiero en un estremecimiento de aurora
bosque de manos cubriendo el planeta
y de risas cálidas y de furiosos tambores
y de flautas que abolirán las viejas viejas soledades.

Entonces podrás palmearme el hombro
muerte mía
y yo te seguiré sin reticencia.
No dejaré tras de mí ni tesoro oculto
ni bienes raíces
sino algunas palabras para el advenimiento del hombre
y esta ternura milagrosa que me permite
muerte mía
desafiar tu mirada mecánica
y adormecerme serenamente
sabiendo que mis sueños
no se convertirán en polvo
como mi corteza material
sino que florecerán en los senderos
que los hombres recorren
para intercambiar soles
abrazándose
y para luchar".

Abdellatif Laabi
...

12.4.05

Lagrimas católicas

Miles de católicos lloraron la muerte del Papa. Algunos se mostraron realmente compungidos, totalmente alterados, rezando febrilmente. Y yo no puedo aún salir de mi zozobra. ¿Realmente nunca encontrará la estupidez humana límite alguno?
No soy cristiano. Siento animadversión por la Iglesia católica. Me consideraba ateo hasta hace poco y con el tiempo mi escepticismo se hizo más fuerte, por lo tanto vuelvo a dudar. Ahora me considero agnóstico. Trato de ser respetuoso, pero principalmente coherente.
Haciendo uso de la empatía procuro ponerme en la piel de alguna de esas personas que lloró la muerte de Juan Pablo II, un Jefe totalmente ortodoxo e inflexible, al cual, en campaña proselitista, hoy se le quiere tildar de santo exagerando sus hazañas.
¡Cuánta incoherencia, hermano cristiano, llorar por alguien que tuvo una vida integra dedicada al señor (teoricamente) y a quién este último espera ahora mismo! ¡Va en camino al paraíso!
¿O lloras acaso por egoísmo?
¡¿Que lloras por la muerte de un ser humano filántropo!?
Cierto. Por ese viejo totalmente forrado en guita y que respondía a intereses de una Iglesia ávida de poder, totalmente anacrónica y envilecida. Una Iglesia donde no falta la ostentación. Y lo haces jactandote de tu hipocresía, pues dudo que te detengas a ser coherente con tu llanto. Dudo que hagas algo por el prójimo. Dudo que llores por el hambriento lo mismo que por el Papa. Vos que al cartonero lo mirás con cara de asco. O cuya mayor aspiración para este mes sea conseguir un modelo más copado de celular.
Me enseñaron hace algún tiempo que no hay mayor estúpidez que el fanatismo. Paradojalmente, lo hiceron en duros términos taxativos. Pero la lección es válida. Y amé, oh satánico de mí, en demostrarle la incoherencia de su práctica religiosa, a más de un fiel: ¿amás a Jesucristo más que a cualquiera? ¿Más que al señor que limpia las calles? ¿Más que a ese que se emborracha para evadir su triste realidad todos los días? ¿Más que a mí?
No celebro la muerte de nadie. Pero nunca debería aflijirme más la muerte del Papa polaco que el sufrimiento de a quién tengo próximo.

9.4.05

Desvirgar

Bienvénganme y bienvenidos sean. Hace ya un tiempo que andaba con ganas de hacer un blog, y si bien en un principio esto no será más que una rústica pizarra poco visitada cargada de textos largos nunca leídos hasta el final, estoy seguro que con el tiempo será peor. Igualmente, y coincido y celebro aquello que bien dijera alguien que conozco de San Petersburgo... ...no que conozca a ese alguien porque haya yo estado allí, que me encantaría, sino porque esta persona tuvo en gracia la suerte de nacer en San Petersburgo, o quizás lo hizo en Stalingrado, o Leningrado, tal y cómo mi madre nació en Cañadón León y no en Gobernador Gregores. Bueno, vueltas más, vueltas menos, el blog no es tan solo una vitrina desde la cual dejar que nos observen; una suerte de escenario desde el cual se realiza un espectáculo ante un primeramente muy conocido, y luego más y más desconocido público; un sitio donde dejar que el inconsciente, o el alma, o ambos, jueguen a hacer arte, o garabatos. El blog es más que una excusa para quemar tiempo ocioso. Es más que un lugar donde dárselas de intelectual, o ácido, o crítico, o mordaz, o cómico. Es más que el diario íntimo personal de un exhibicionista. Es más que alguien desesperado tratando de llamar la atención, buscar contención. Es mucho más que una excusa para relacionarse, o romperle las bolas a conocidos y no tanto para que lo visiten y opinen, o manden saluditos, o por lo menos generen polémica a base de su no ubicuidad, desatino, imprudencia, estupidez. Pues el blog es un lugar donde hacer terapia. Es un lugar donde sanear la conciencia, donde reconocer culpas, donde mostrar flaquezas, donde liberar lo reprimido, desde donde emprender el viaje hermoso de la introspección. Y todo sin pagar psicólogo ni psiquíatra, ni tener que moverte de tu casa!! El único drama es que, no solo se me hará complicado encontrar tema interesante para escribir, sino que más terrible será que cuando lo encuentre y pierda a las dos o tres personas que aún se encuentran predispuestas, de simpáticas nomás, a visitar este lugar. Igualmente, la idea es disfrutar este espacio. Eso es lo que yo busco. Espero que ustedes también lo hagan. Aparte... Joder, hombre!! Que con este mensaje me desvirgo. No deben perderse por nada de figurar entre los testigos de este acontecimiento. Enhorabuena!!

Que febril la mirada

Twenty-something-me, luego de la sorpresa y la incredulidad, encontraría sociego en la idea de que la apertura que he vivido los últimos año...