A ver.
O me vendieron gato por liebre, o he entendido todo mal. También puede ser que sea el mío un caso atípico. No lo sé. Pero, ¿No era que el sueño era el estadio en el cual nuestro inconsciente lograba expresarse, ex-presurizarse, por qué no, el lugar donde lograbamos la redención?
De seguro entendí todo mal.
Suelo convencerme de que el sueño es musa; en cierto sentido, la experiencia de soñar es la experiencia creativa por excelencia, esa que sujeta a quién sueña, permitiéndole (determinándole) la exclusiva e intimida vivencia dual de ser artista y testigo de la propia obra. Nos vemos liberados de la obsesión gnoseológica del sujeto racional ensañada en detectar relaciones causales, y aflora plenamente el poeta ingenioso de las analogías, las metáforas y las semejanzas, reacio a las estructuras, los esquemas y las categorías rígidas.
¿Pero no era éste un mecanismo que nos liberaba de presiones, cual valvula de escape en olla a presión?
Mi experiencia me dice que no. De ella infiero las razones por las cuales se llama sueños también a las construcciones utópicas racionales. Pues los sueños han oficiado en mí como catalizadores, y también, mediatamente, como motivos. Porque, al cerrar los ojos y liberarme del cuerpo, sus sentidos y sus categorías intuitivas, al practicar la muerte del filósofo, del chamán y del artísta, emprendo el viaje que tiene por fin acceder al mensaje criptado del oráculo. La premonición y la explicación de males pasados, de pecados ajenos que nos hacen herederos de castigos por filiación, como a Edipo, o Cronos, o quién fuere, allá en Delfos, a posteriori de fumar hachís en algún paraje alejado o de beber sangre áun caliente de un gallo decapitado.
Luego de soñar, especialmente cuando estos sueños han logrado lanzarme tras la resolución del misterio al despertar, en pos del abrazo amoroso y desesperado con el sentido, me veo impelido a la acción, profundamente motivado. Siento que el fuego se aviva, y por tanto, se intensifica, a partir de esa busqueda particular, la experiencia total de mi vida. Encuentro otra pieza del infinito rompecabezas que tiene por imagen al sentido total de mi existencia.
Los sueños me han motivado acá, acá y acá. Podría decirse que procuran, desde su lugar y con sus propios métodos y herramientas, salvar todo aquello que en el plano consciente hemos desechado, no sólo por represión originada desde lo emocional, sino por las limitaciones propias del sujeto racional.
O me vendieron gato por liebre, o he entendido todo mal. También puede ser que sea el mío un caso atípico. No lo sé. Pero, ¿No era que el sueño era el estadio en el cual nuestro inconsciente lograba expresarse, ex-presurizarse, por qué no, el lugar donde lograbamos la redención?
De seguro entendí todo mal.
Suelo convencerme de que el sueño es musa; en cierto sentido, la experiencia de soñar es la experiencia creativa por excelencia, esa que sujeta a quién sueña, permitiéndole (determinándole) la exclusiva e intimida vivencia dual de ser artista y testigo de la propia obra. Nos vemos liberados de la obsesión gnoseológica del sujeto racional ensañada en detectar relaciones causales, y aflora plenamente el poeta ingenioso de las analogías, las metáforas y las semejanzas, reacio a las estructuras, los esquemas y las categorías rígidas.
¿Pero no era éste un mecanismo que nos liberaba de presiones, cual valvula de escape en olla a presión?
Mi experiencia me dice que no. De ella infiero las razones por las cuales se llama sueños también a las construcciones utópicas racionales. Pues los sueños han oficiado en mí como catalizadores, y también, mediatamente, como motivos. Porque, al cerrar los ojos y liberarme del cuerpo, sus sentidos y sus categorías intuitivas, al practicar la muerte del filósofo, del chamán y del artísta, emprendo el viaje que tiene por fin acceder al mensaje criptado del oráculo. La premonición y la explicación de males pasados, de pecados ajenos que nos hacen herederos de castigos por filiación, como a Edipo, o Cronos, o quién fuere, allá en Delfos, a posteriori de fumar hachís en algún paraje alejado o de beber sangre áun caliente de un gallo decapitado.
Luego de soñar, especialmente cuando estos sueños han logrado lanzarme tras la resolución del misterio al despertar, en pos del abrazo amoroso y desesperado con el sentido, me veo impelido a la acción, profundamente motivado. Siento que el fuego se aviva, y por tanto, se intensifica, a partir de esa busqueda particular, la experiencia total de mi vida. Encuentro otra pieza del infinito rompecabezas que tiene por imagen al sentido total de mi existencia.
Los sueños me han motivado acá, acá y acá. Podría decirse que procuran, desde su lugar y con sus propios métodos y herramientas, salvar todo aquello que en el plano consciente hemos desechado, no sólo por represión originada desde lo emocional, sino por las limitaciones propias del sujeto racional.