11.8.07

Canción desesperada

Cuando la filosofía deja de ser estimulante y da lugar a groseros conflictos de identidades, enfrentamientos de belicosos egos, posiciones dogmáticas o mero nihilismo petulante, decimos entonces que pierde todo sentido. Uno se convence del absurdo de ciertas discusiones, de los argumentos construidos y atacados que se propagan como una descolorida nebulosa de barrocos tecnicismos que no buscan alumbrar destino alguno, sino dejar en evidencia el juego vanidoso de una voz que se ama a sí misma, o busca convencerse de ello.
Cuando la filosofía deja de ser estimulante uno busca refugio en las artes. El brillo caluroso de las mismas quizás sea el lugar más seguro al cual recurrir en busca de amparo, pues ellas, desde un primer momento, humildes nos ofrecen sus sensuales caricias, como representaciones siempre novedosas, singulares e íntimas, y no como fórmulas que pretenden imponérsenos con la solidez inquebrantable de un teorema que peca por no ser aquello que dice ser.
Cuando la filosofía deja de ser estimulante y se objetiviza en academia, tal y como la religiosidad en religión, la fe en dogma o el amor, el cuidado y la guía en Iglesia, nuestros corazones se estremecen y tiritan, nuestras miradas se nublan y nuestras voces repiten mecánicamente un discurso sin sentido. Esa hermosa deidad que es la Crítica deja de ser aquellas alas que nos elevaban en graciosos vuelos alegres y se convierte en un enemigo del cual no solo hay que defenderse sino aquel al cual también hay que dar caza.
Cuando la filosofía deja de ser estimulante el mundo se me viene abajo y me siento triste y perdido, confundido en un baile de máscaras del cual no quiero ser participe.
Cuando la filosofía deja de ser estimulante y se convierte en una obligación, como otras convenciones que violentan la muy estimada libertad, la autorealización parece una utopía y se alzan impertérritos muros entre uno y los bellos jardines del paraíso.
Y es que cuando la filosofía deja de ser estimulante le embarga a uno la sensación de que no sólo Dios ha muerto. Ella lo ha hecho también.


5.8.07

Las caras del Yo

«Así eran las cosas para el Lobo Estepario y es fácil imaginar que Harry no llevaba una vida cómoda y dichosa. Pero con eso no queremos decir que era un infeliz en un grado muy especial (aunque a él mismo sí le parecía, así como todas las personas suelen considerar que los males que les aquejan son los más graves). Eso no se debe decir de ningún ser humano. Quien no tenga un lobo dentro tampoco tiene que ser, por eso, feliz. Y aún la vida más desdichada tiene sus momentos de luz y sus pequeñas flores entre la arena y las rocas. Por lo general era muy desdichado, eso no se puede negar, y también podía volver desdichados a otros, sobre todo cuando él los amaba y viceversa. Porque todos los que se encariñaban con él sólo veían uno de sus lados. Algunos querían al hombre fino, inteligente y original, y se horrorizaban y desilusionaban cuando, de pronto, se veían obligados a descubrir al lobo que había en él. Y no les quedaba otra opción, porque igual que todos, Harry quería ser amado entero y, justamente por eso, no podía esconder o negar al lobo delante de aquellos cuyo amor le importaba. Pero también estaban las personas que amaban específicamente al lobo en él, lo libre, salvaje, indomable, peligroso y fuerte, y para ellos, de nuevo, era en extremo decepcionante y deplorable que el lobo malo y salvaje fuera también un ser humano que albergaba nostalgia de bondad y ternura, que encima quería escuchar a Mozart, leer versos y tener ideales humanos. Éstos, sobre todo, solían quedar especialmente desilusionados y enojados; así, el Lobo Estepario también introducía su duplicidad y ambivalencia en todos los destinos extraños que rozaba.»

...

«Llama "lobo" a todo lo salvaje que tiene dentro y lo percibe como malo, peligroso, como el terror del burgués... pero él, que cree ser un artista y poseer sentidos delicados, no es capaz de darse cuenta de que además del lobo, detrás del lobo, viven muchas otras cosas que tienen nombres diferentes, que también están el zorro, el dragón, el tigre, el mono y el ave del paraíso. Y que todo este mundo, este jardín del edén repleto de seres nobles y terribles, grandes y pequeños, fuertes y suaves, se encuentra ahogado y preso por culpa del cuento del lobo, así como el hombre verdadero dentro de él se ve ahogado y encerrado por el burgués.
Hay que imaginarse un jardín con miles de árboles, flores, frutas, hierbas. Si el jardinero de este lugar no conoce otra diferenciación botánica que la que existe entre "comestible" y "mala hierba", entonces no sabrá que hacer con el noventa por ciento de su jardín. Arrancará las flores más maravillosas, tirará abajo los árboles más nobles o, como mínimo, los odiará y los mirará mal. Eso es lo que hace el Lobo Estepario con las miles de flores que hay en su alma. Lo que no cabe bajo la rúbrica de "hombre" o "lobo", no lo ve. ¡Y cuántas cosas es capaz de incluir bajo el título de "hombre"! Todo lo cobarde, simiesco, tonto y pequeño, si no es claramente lobuno, pasa a formar parte del hombre. Y todo lo fuerte y lo noble pasa al lobo, sólo porque aún no logró dominarlo.»


El lobo estepario
Herman Hesse

2.8.07

Tensiones genealógicas

- ... lo cierto es que hago lo mejor a mi alcance al mismo tiempo que gano plata para que todos la pasen bien dilapidándola. ¡Que fácil es ser romántico, new age o rebelde cuando hay un pelotudo que le garantiza la seguridad económica a uno! Sin embargo las cosas no son tan sencillas.
- Ricardo, ¿pero sos boludo vos acaso? Estás desviviéndote por una falsa iglesia mientras tu familia se muere. ¿No te das cuenta que no conocés a tus hijos?
- ¡Pero dejate de joder, papá..! ¿Vos te pensás que porque ahora te hacés el comprensivo con el pajero de tu nieto que no sabe más que gastar la plata del padre para vestirse de bohemio, invitar a salir a atorrantitas e irse de vacaciones con los aún más vagos de los amigos a la costa o la Patagonia vas a enmendar todos los errores que tuviste como padre? Vos no sos ningún ejemplo de nada. Y me parece vergonzoso que apoyes su decisión de dejar Contabilidad para dedicarse a su guitarrita y su banda de piojosos. ¿De qué mierda piensa vivir? Tiene 24 años y no trabajó más de 6 meses en ningún lugar y cuando lo hizo, destinó la guita a pelotudeces. No fue culo ni de comprarle un regalo para el cumpleaños a la madre. Hay cosas que son imperdonables.
- Ricardo, me duele que seas tan ciego. Tu hijo necesita que dejes de ponerte en el papel del dedo acusador, especialmente cuando no sos a sus ojos ejemplo de nada. Te has desvivido por sacar adelante esa empresa, sí, bien. Lo lograste hijo y por ello te felicito. Pero te has perdido de verlo crecer y hablás de tus hijos como si fuesen tus proyectos de instalar una nueva planta en Venado Tuerto o en Rosario. Tu hijo se da cuenta de eso y le duele, Ricardo, ¿no te das cuenta? Necesita que te sientes a charlar con él, pero charlar en serio. Necesita sentir que lo tratás humanamente, necesita sentirte humano. No que busques que te de un informe del estado de situación de su vida. Textualmente me ha dicho que se le dificulta pensarte como algo más que un nudo de prejuicios y ambiciones y le duele sentir que cuando lo mirás, no buscás conocerlo, descubrir que siente, que aspira y por qué, sino que sólo te desilusionás, angustiás y resignás, porque buscás que todo se ajuste a esas putas ideas preconcebidas de qué es lo que debe ser el hijo del exitoso empresario que hace lobby y aspira a un cargo de legislador en las próximas elecciones luego de haberse hecho amigote de dos o tres de esos hijos de puta.
- Mirá viejo, qué hago o dejo de hacer debe tenerte realmente sin cuidado, no me rompas las pelotas. El día que dejes de predicar como si fueras un buen samaritano te voy a tomar un poco más en serio. Lo poco que te dejó tu viejo lo perdiste por hacerte el romántico e invertir en esas obras de teatro de mala muerte. Todo sea por el amor al arte. Cuando tu nieto tenga mi edad y ya esté idiota por las drogas con las que se da va a tener por único horizonte, si no se muere antes de tan hecho mierda que esté, a una puta jubilación de 600 pesos como la tuya. ¿Es eso lo que realmente querés, viejo delirante? Desde los 19 años tiene vehículo propio cuando yo recién y después de romperme mucho el culo trabajando a los 31 años pude comprarme uno. Porque vos no me dejaste nada, viejo moralista, cero, ninguna otra cosa más que terror a las privaciones y muchas ganas de salir de ese barrio de mierda en el cual me criaste. Quizás lo único por lo cual deba agradacerte sea eso. En cambio cuanto más les das, peor pareciera. Si por lo menos Rodrigo la hiciera bien como Micaela la cosa seria distinta. Pero ni eso.
- ¡Que equivocados tenés los tantos hijo, me da pavor! La mocosa esa es una malcriada, totalmente asquerosa y lo suficientemente zorrita como para saber cómo tratarte y qué venderte para contar con tus favores. Porque no te quepa duda que estudia Diseño Gráfico para complacerte y obtener todo lo que quiere sin tener que dar explicaciones... Por cierto que son horribles las diferencias que hacés entre ella y Rodrigo. Es tristísimo, pero queda claro que lo que comprás desde hace un tiempo no es otra cosa que adulación. ¡De tus propios hijos! Está clarísimo. Solo que uno de ellos decide rebelarse a esa representación patética y la otra no. Me consta que Micaela es bien atorranta y abusa de las drogas más que su hermano, quién por otro lado muestra claras intenciones de abrirse de ellas pues voluntariamente ha decidido rehabilitarse...
- Pero por favor... ¡no seas ridículo!. Quién compra adulación a quién, idiota. ¿Te creíste el show que montó con lagrimitas tu nieto? La vida privada de Micaela no es asunto tuyo, y por otro lado, parece ser que te han hecho la cabeza. El sorete envidioso de Rodrigo no se cansa de tratar de poner a su hermana a su nivel y al de las atorrantitas de sus amigas para ganarse la simpatía del primer crédulo con el que se encuentra. Y por otro lado, ella identifica a un desgraciado en cuanto lo ve y por ello no es de extrañar que no le interese mostrarte el mínimo respeto. ¡Me hacés reír! Vos y la madre de los chicos parecen cortados por la misma tijera. Salvo que ella no tiene reparos en gastar dinerales en su basura new age o planear vacaciones en Punta o el Caribe. ¡Pero si hasta me pareciera estar discutiendo con ella!. Mirá, no me jodas más y ahora andate que tengo cosas importantes que hacer antes de salir a almorzar con Villafañe. Con Rodrigo voy a hablar. Que haya pensado que mandándote a vos iba a conseguir algo me parece una idiotez. Y si persiste en su idea de dejar la carrera, que se vaya buscando un laburo y donde vivir porque me cansé de sus pendejadas. Ahora dejame, tengo que hacer, andate por favor.
El viejo murmuró algo con los ojos tristes y bien abiertos, mirando al vacío y angustiándose en la reconstrucción de la respuesta a una sencilla pregunta, ¿por qué?. Caminó con pasos cortos mientras Ricardo lo acompañaba empujándolo con la mano izquierda en su espalda a la vez que sujetaba con la derecha la puerta.
- Sos un monstruo hijo...
- Está bien, soy tu hijo, qué se podía esperar. Mandale saludos a mamá por favor. Adiós.


1.8.07

No siempre el amor es madre

Hacen linda pareja dijo y se fue del café dando un portazo. Con desdén la observó cruzar la calle a la vez que revolvía dentro de la cartera buscando no sé qué y luego tomó la botella, observó la etiqueta con una concentración aparente y sonriendo irónicamente, con los insultos contenidos, se sirvió una vez más. La señora de la mesa de enfrente, quién sin dejar de torturar al santo de su silencioso marido con su chillido monótono había prestado especial atención a la discusión que él y Anabella habían tenido desde el momento en que ella le tiró el anillo sobre la mesa con lágrimas furiosas y le exigió las llaves de su departamento, lo miraba con desaprobación, como espantada. Levantó la copa de vino mirándola a los ojos y le sonrió con una mueca de desprecio. Ella apartó su vista rápidamente, fijándola primero en su marido y luego en su tacita de café, y entonces dijo con manifiesta alteración, pues le temblaba la voz, ¿te parece a vos? Qué tipo descarado. Marcos volvió su vista a la calle y mientras se llevaba la copa a la boca y dijo en voz baja, como hablándose a sí mismo, vieja de mierda.
Del otro lado de la sala, detrás de la caja registradora, el encargado del bar le dijo al más corpulento de los mozos, un morocho grandote, medio gordo y canoso con el rostro feo, los dientes muy blancos y los granos muy rojos, que invitara al fulano ese a marcharse.
- Le parece Gerardo, mire que es cliente de la casa, es rara la tarde en que no lo tenemos por acá.
Lo cierto es que poco le importaba al grandote el respeto a la asiduidad de cliente alguno. Sí, en cambio, las importantes propinas que le dejaba el beodo una vez el alcohol hubiese hecho el efecto necesario como para que se desinhiba y le dieran aires de magnanimidad.
- Ya lleva casi un litro de vino y son las cinco de la tarde. Además, su estado ya era lamentable cuando entró por esa puerta. No son pocos los clientes que me han llamado la atención por su desubicación en reiteradas ocasiones. A esta hora el café se llena de jubiladas y sus nietos, lo que sale son submarinos, cafés con leche, tostadas y medialunas. Si quiere emborracharse que venga después de las nueve y lo haga a la hora que lo hace todo el mundo, y si no le gusta que lo haga en otro lado. No voy a perder a los mocosos del colegio religioso de la esquina porque sus abuelos se espanten por un borrachín de cuarta. Si me dijeras que al menos gasta en compensación de los dolores de cabeza que puede llegar a provocar, pero ni siquiera, con el vino berreta que pide.
Resignado, al morocho no le quedó otra. Se acercó al tipo y lo tuvo que llamar dos o tres veces, pues miraba ausente hacia afuera y con una mueca de dolor. Cuando finalmente viró al escucharlo, notó que tenia los ojos llorosos y rojos, pero que aún así hacia un esfuerzo por sonreirle despreocupadamente.
- Sí, dígame...
Ya intuía de que se trataba.
- Señor, con todo el respeto que le tengo, no me queda otra que pedirle que se retire.
Detrás del grandote de camisa blanca que de tan percudida parecía amarilla, la señora del episodio anterior se limpiaba las comisuras de los labios con una servilleta y sonreía vengativa. Luego, como si se tratara de un secreto, le susurró algo a su marido. Sus ojos brillaban.
- Está bien Roberto, ya me iba. Termino la copa y me voy. Vaya nomas.
- Bien, le ruego que no se demore o voy a tener que volver y quisiera evitarnos a los dos ese feo momento.
Marcos hizo una mueca como diciéndole entendido, esperó que diera media vuelta y volvió a mirar hacia afuera. Una estampida de guardapolvos blancos le hizo recordar su infancia, sus travesuras y con ello a su padre, a quién ya no odiaba. Recordó una paliza que recibió sin merecerla, por defender a su hermano. Los mocosos con guardapolvos blancos siempre lograban retrotraerlo a aquellos días. Hoy hubiese sido el cumpleaños del viejo pensó y brindó tragándose de una lo que quedaba en la copa. Cierto es que no lo extrañaba o al menos no creía hacerlo. Cierto es también que su recuerdo era como aquella pieza del rompecabezas que termina dando sentido al resto de las piezas, aquel que uno descubre como la clave para entender el orden de cada una y el significado final del mismo.
Tomó sus cigarrillos y los metió en la campera. Sin mirar a nadie en particular, se la puso y la abrochó, dejó 4 pesos de propina, encaró hacia la puerta, regresó, dejó dos o tres moneditas más que encontró en los bolsillos del pantalón de corderoy al meter allí sus manos y finalmente partió.
Al cerrar la puerta del bar a sus espaldas, inspiró profundamente el aire húmedo de la tarde y acomodándose la bufanda pensó: ella volverá, como siempre. Lo curioso es que ya nunca lo hizo.


Que febril la mirada

Twenty-something-me, luego de la sorpresa y la incredulidad, encontraría sociego en la idea de que la apertura que he vivido los últimos año...