26.4.05
Estimado, lejano y presente
24.4.05
Fernando "el ciego" Vidal Olmos
No hay peor ciego que el que no quiere ver leyó Sabato en algún lugar, o más ajustado el hecho a su gran complejo quizás, le dijera su madre en alguna ocasión aún durante su temprana infancia (sin ser consciente ella misma si le hablaba a Ernesto "el fallecido" o Ernesto "el hijo que heredo el nombre casí sin estrenar de su hermano mayor fallecido previo a su nacimiento") y tanto le impactaron estas palabras, que escribió obras épicas en las cuales de manera esquizofrénica algún capcioso obsesivo persigue las mil desventuras contra los babosos y rastreros ciegos. En busqueda de la invisible verdad.
Entonces saltaron los estúpidos de siempre que no comprenden una puta metáfora y desperdiciaron horas de sus vidas discutiendo por qué ese viejito perseguía así a los cieguitos, o si realmente los disminuidos visuales son menos de fiar que otras personas. Discutieron si realmente son amebosos, o si Sabato debería ir a parar a algún neuro-psiquiátrico. Pues tanto más sencillo resulta nombrar al Borda que reconocer que uno no ha entendido y preocuparse por hacerlo...
En definitiva, ciegos a su mensaje, como ciegos a aquello que lo atormentaba: la gente que cubierta de velos, inmersa en la frivolidad, no se preocupa por comprender nada, se compra las mentiras que premasticadas le acercan a sus cabecitas, festejan y defienden esas mentiras, eventualmente creándolas ellos mismos.
Y heme aquí, muy obsesionado e iracundo en contra de la frivolidad, sintiéndome como Fausto, siempre insatisfecho, siempre con hambre de más.
22.4.05
Ulises: Una mente brillante
Pero profundicemos en el caso de John Nash: el estadounidense gana el premio por elaborar una teoría en la cual describe a la perfección y con complejos teoremas lo que es conocido como el equilibrio de Nash o la teoría de los juegos. Cómo consecuencia de la misma, la teoría de Adam Smith, con la cual liberales han martillado la cabeza de varias generaciones para exculparse de sus prácticas sin respeto a la condición humana más básica, quedan totalmente defenestradas y expuestas como inexactas. Ya no es la persecución del bien individual por parte de cada miembro de la sociedad lo que arrojará el mejor resultado alcanzable. Lo hará, en cambio, una situación en la cual todos los intereses individuales estén en sintonía con el general, de manera tal que ninguna de las partes sienta la tentación de alterar su estrategia porque le implicaría algún tipo de perjuicio.
Hasta aquí todo genial. Pero John Nash no hizo más que inspirarse en el homérico Odiseo, mejor conocido como Ulises, su nombre entre los romanos. Y dudaría no llamar dicha inspiración, pero esta vez sin eufemismos de por medio, simplemente plagio.
Procedo a explicar:
En un principio, antes de la guerra de Troya inclusive, Ulises estaba interesadísimo en Helena, la mortal más parecida a Afrodita, la más bella y sensual de todas. Duh! Tal y cómo todo pene con algo de ambición en Esparta (aunque sería osado limitarlo únicamente al plano masculino)(...más de una seguro se tocaba pensando en sus rizos dorados y en su piel cual marfil). Para colmo de males, Ulises no contaba con capital, poder ni brutalidad superior a la de sus contrincantes, los cuales furibundos exigían al padre de Helena que resolviera con quién habría ésta de desposarse. Claro que al pobre Tindáreo la situación lo abrumaba. Todos los pretendientes de su hija Helena habrían de resentirse en caso de ser rechazados, entablando una guerra de todos contra todos, debilitando a Esparta, tan solo para dejar bien parados su propios honores y vanidades. ¿Cómo aceptar esos señores llenos de ínfulas y ambiciones ser superados por un igual? Helena no solo era bella. Era un premio.
Ulises, que era brillante, se planteó algo tan lógico que asusta. ¿Por qué no anteponer un bien superior que nos beneficie a todos y evitar que la avaricia y el egoísmo nos lleve a un resultado en el cual, como mejor pronóstico posible, habrán solo un par de vencedores y muchos infelices?
Ulises, gran orador, muy audaz, y favorito de Atenea, decide entrevistarse con el agobiado Tindáreo y le sugiere una solución a cambio de que éste intercediera en su pedido por la mano de la prima de Helena, tan bella cómo esta, llamada Penélope.
Hecho el acuerdo, se llevó a cabo el plan de Ulises: todos los pretendientes debieron jurar por su honor que se respetaría al elegido para desposar a la bella Helena, con total fidelidad al mismo, protegiendo y socorriéndolo en caso de que lo necesitase. En definitiva, e implícitamente, todos se comprometían a algo superior que sus individualidades no obstante el resultado, que era la unión de todos a un fin común y nacional.
Ulises de esta manera, se casa con la mujer más fiel del mundo, Penélope, codiciada no por pocos, se salva de todos los problemas, conspiraciones, traiciones y los cuernos que le hubiese implicado alcanzar el corazón de Helena, evita una guerra nacional a nivel interno (luego se da una contra Troya gracias a su pacto = p) y logra el reconocimiento internacional, histórico, y de los dioses por su astucia.
El Premio Nobel de Economía, sin embargo, fue para el loquito que conversaba con gente imaginaria. Ojalá Aitor o Pablo traigan algo más que dolores de cabeza entonces!
16.4.05
Muerte mía
"A los treinta y tres años
yo también pienso en la muerte.
No se trata de la muerte con mayúsculas
sino apenas de la mía
que puede ocurrir cualquier día
y con cuya experiencia deberé
arreglar algunas cuentas.
No se trata de ideas negras,
no, es algo totalmente realista
cuando a uno aún le esperan años en prisión
y se ve día y noche
a merced de sus torturadores.
Muerte mía,
te quiero dulce como esos sueños felices
donde a pesar de todos los obstáculos
logro llegar hasta el fin del laberinto,
a tomar y acariciar la mano de mi amada,
a recomponer el color de sus ojos,
a sentir el pétalo de una lagrima
formarse sobre la llama de su pupila.
Dulce te quiero,
una sola imagen
que resuma todo el esplendor del asalto humano
todas las promesas que se harán realidad.
Te quiero en un estremecimiento de aurora
bosque de manos cubriendo el planeta
y de risas cálidas y de furiosos tambores
y de flautas que abolirán las viejas viejas soledades.
Entonces podrás palmearme el hombro
muerte mía
y yo te seguiré sin reticencia.
No dejaré tras de mí ni tesoro oculto
ni bienes raíces
sino algunas palabras para el advenimiento del hombre
y esta ternura milagrosa que me permite
muerte mía
desafiar tu mirada mecánica
y adormecerme serenamente
sabiendo que mis sueños
no se convertirán en polvo
como mi corteza material
sino que florecerán en los senderos
que los hombres recorren
para intercambiar soles
abrazándose
y para luchar".
Abdellatif Laabi
...
12.4.05
Lagrimas católicas
No soy cristiano. Siento animadversión por la Iglesia católica. Me consideraba ateo hasta hace poco y con el tiempo mi escepticismo se hizo más fuerte, por lo tanto vuelvo a dudar. Ahora me considero agnóstico. Trato de ser respetuoso, pero principalmente coherente.
Haciendo uso de la empatía procuro ponerme en la piel de alguna de esas personas que lloró la muerte de Juan Pablo II, un Jefe totalmente ortodoxo e inflexible, al cual, en campaña proselitista, hoy se le quiere tildar de santo exagerando sus hazañas.
¡Cuánta incoherencia, hermano cristiano, llorar por alguien que tuvo una vida integra dedicada al señor (teoricamente) y a quién este último espera ahora mismo! ¡Va en camino al paraíso!
¿O lloras acaso por egoísmo?
¡¿Que lloras por la muerte de un ser humano filántropo!?
Cierto. Por ese viejo totalmente forrado en guita y que respondía a intereses de una Iglesia ávida de poder, totalmente anacrónica y envilecida. Una Iglesia donde no falta la ostentación. Y lo haces jactandote de tu hipocresía, pues dudo que te detengas a ser coherente con tu llanto. Dudo que hagas algo por el prójimo. Dudo que llores por el hambriento lo mismo que por el Papa. Vos que al cartonero lo mirás con cara de asco. O cuya mayor aspiración para este mes sea conseguir un modelo más copado de celular.
Me enseñaron hace algún tiempo que no hay mayor estúpidez que el fanatismo. Paradojalmente, lo hiceron en duros términos taxativos. Pero la lección es válida. Y amé, oh satánico de mí, en demostrarle la incoherencia de su práctica religiosa, a más de un fiel: ¿amás a Jesucristo más que a cualquiera? ¿Más que al señor que limpia las calles? ¿Más que a ese que se emborracha para evadir su triste realidad todos los días? ¿Más que a mí?
No celebro la muerte de nadie. Pero nunca debería aflijirme más la muerte del Papa polaco que el sufrimiento de a quién tengo próximo.
9.4.05
Desvirgar
Que febril la mirada
Twenty-something-me, luego de la sorpresa y la incredulidad, encontraría sociego en la idea de que la apertura que he vivido los últimos año...
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"...siempre las flores vigilaron la muerte, porque siempre los hombres incomprensiblemente supimos que su existir dormido y gracioso es...
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La falta de entendimiento se denomina en sentido estricto estupidez y equivale a la torpeza al aplicar la ley de causalidad , la ineptitud ...
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Seguramente hay tantas formas de amar como individuos. Por otro lado, teorizar sobre las relaciones de pareja, sobre relaciones que (en teor...