27.5.06

Sobre la necesidad de los límites

Hay un jueguito que me gusta mucho pero que no practico muy asiduamente; cualquiera que esté familiarizado con el concepto de asociación libre no tendrá problemas en entender en qué consiste. Es tan sencillo como partir desde un término, un término cualquiera, y desde el mismo, de la forma menos consciente posible, ir formando una cadena de en la cual los mismos se asocian subjetivamente el uno con el otro, sin una lógica explícita. Claro que lo divertido es reconstruir esas relaciones, algunas muy sencillas, otras un tanto confusas, algunas muy recurrentes, otras por primera vez descubiertas.
El último que realicé me llevó a perderme en una serie de consideraciones que partieron desde mi experiencia subjetiva, mis miedos y preocupaciones, para luego finalmente identificar cuantas de las características por mí detectadas no me son exclusivas sino que son universales y propias del ser humano.
Una pregunta asaltó mi mente al releer los términos asociados; quizás la pregunta en que se ha su fundado la crisis de esta semana, la última crisis en esta sucesión de crisis que tengo por vida: ¿Dudo de mí? «No lo creo. Es la maldita ansiedad que me confunde, entonces ansiedad y confusión como madre e hija me obligan a sondear, a buscar sólidos, a alcanzar logros materiales, postpotencias, seguridad. ¿Dudo de mí? No lo creo. Poco me preocupo en dudar de mí. Dudo de lo externo. Dudo del devenir. Dudo de la justicia. Le temo a la justicia. Le temo al destino. Si todo en mi vida estuviese destinado a permanecer estático menos yo, quizás sentiría menos vértigo. Puede que haya entendido al ascetismo avolitivo como una oportunidad de lograr artificialmente ese imposible cuando decidí que el mismo era la respuesta. Claro. Flor de fábula que ahora no compro. No quiero estatismo. Quiero sólidos. Quiero compañía. Quiero contención y contener, y por eso contención. Quiero desafíos. Quiero destrozar paredes, transgredir límites. Pero quiero alguien a quién dedicarle cada logro. Quiero alguien que destroce rutinas, o que por el contrario, las haga maravillosas».
Hay una serie de constantes en mi vida que creo que son más o menos las mismas constantes que en la vida de cualquiera. Lejos de ese miedo al cambio tan necio y presente en los adolescentes, entiendo al mismo desde chico y por situaciones de fuerza mayor como una oportunidad, una grandiosa oportunidad de hacer honor a lo vivido y crecer, aprovechar ese espacio nuevo ahora otorgado, utilizar al máximo nuestros conocimientos e imaginación y desarrollarnos... ¡Sí, crecer!. Este es el punto donde se articulan una serie de teorías que me resultan muy esclarecedoras. Porque la voluntad de poder, esa pulsión que Nietzsche ubicaba asimétricamente distribuida en los sujetos, en términos cuantitativos o cualitativos, es aquel apetito voraz y nunca aplacable que nos atraviesa a todos. Teniendo en claro que lo importante es poder, es crecer, es ser más, ¿cómo ser conscientes de nuestros progresos, de estar efectivamente siguiendo nuestro designio? El estadio del espejo, la teoría popularizada por Lacan y que convierte al otro, al sujeto ese que no soy yo pero que como yo da significado a las cosas, da valor a las cosas, será entonces la forma más eficiente, inmediata o fidedigna de comprender la naturaleza de nuestros logros. Él nos platicará de distintas maneras sobre nuestros logros.
Pero esa no es la única forma de corroborarlo, así como tampoco será la aceptación o el reconocimiento del otro nuestro único incentivo a superarnos. Hay otro importantísimo elemento y que no se confunde necesariamente con sujeto alguno, y ese elemento que incentiva es el límite. Creo con mucha fuerza que esta naturaleza de los límites, naturaleza que provoca y estimula, naturaleza que nos condiciona a entender que en la violación, en la transgresión del límite podemos con seguridad identificar un movimiento, un avance, un cambio de situación, es tan importante como la existencia del otro. Así la transgresión del límite no sólo es entendida como sinónimo de logro o de poder sino también de libertad. El placer de haber ejercido el derecho de enfrentar lo impuesto y haberlo superado. La exaltación del yo que supera lo que parecía insuperable. Hay algo muy retorcido en la naturaleza humana, una suerte de fatalismo pernicioso, una suerte de desviación de la cual pocos y muy inteligentes individuos logran apartarse: el placer de la transgresión - que quizás debería conducirnos únicamente a superarnos, a ser mejores - nos puede llevar a la autodestrucción, o en una versión minimalista, a la autoflagelación. La confusión puede ser mayor o menor dependiendo del caso, pero ¿cómo entender acaso el abuso de cualquier tipo que signifique daños psíquicos o físicos sino como la asociación de la transgresión de un límite con algo placentero o beneficioso?. Quizás llevado al extremo es más fácil observar lo que intento iluminar: ¿cómo entender que un sujeto accede felizmente, con cierto vanidoso y pretencioso orgullo al consumo de drogas o alcohol sino es considerando que ese individuo se cree imponiendo su voluntad, superando un límite?. ¡Atentar contra su propia vida, su propia salud, su propia integridad es entonces una muestra de su poder! ¡Puede él más que el instinto de supervivencia! Eso es poder, estúpido. Muestras más horribles y extremas de cómo un enfermo puede confundir la superación de un límite con el poder, con la exaltación del yo y el placer que implica la superación, quizás sean los casos del pedófilo, del asesino o del torturador. Y toda explicación no se reduce a una cosificación del otro, en la transmutación del mismo en límite a ser superado sin más. No. A la morbosidad, presente en todos los casos o no, debemos sumar el hecho de que quién comete tal acto de barbarie, encuentra en el dolor y el impacto psicológico del otro el mayor límite posible. ¿Qué límite más claro que ese? Ante una lógica unidimensional, ¿qué placer mayor que ese? ¿Qué mayor logro qué ese?
Pero no hay necesidad de ser un enfermo a esa escala para ser culpable de la confusión de aquellos dos significados que puede tener un límite al ser evaluado: el límite como estímulo para crecer, el límite como protección de la propia integridad y de la de terceros. Y puede que esa confusión haya sido la que me ha motivado dolores de cabeza últimamente.

22.5.06

In dubio pro reo

¿Qué debe hacerse cuando a un sentimiento, a una pulsión amorosa, le amputan de toda realidad? ¿Dónde habrá de manifestarse? ¿Está destinado a morir en cuestión de tiempo, a veces más, a veces menos? ¿O por el contrario, su voluntad de existencia podrá en algunos casos ser tan fuerte que subyugue a la realidad y rija en su afán por proveer al individuo disputado de un contexto donde el amor aún viva, aún duela, aún honre, aún dialogue, aún contenga? ¿Será que el amor es tan cobarde que no quiere irse solo? ¿Será que uno lo consiente? Entonces podría decirse que uno es territorio de batalla y premio disputado por sentimiento y realidad. Podría decirse que uno es arrastrado irresistiblemente por el sueño al tiempo que es golpeado con afán para ser despabilado. Despavado. Despabloado. ¿Será que aquello de lo que carezco es de aceptación? ¿Será que desconozco el verdadero significado de lo que ello significa? ¿Será que muy por dentro me resisto a madurar el duelo? ¿Puede que todo el esfuerzo sostenido estos años haya sido trunco, que lo haya aplicado ineficientemente? ¿Seré acaso embriagado por mis preguntas, por mis inseguridades? ¿Se deberá el vértigo que siento a ello? Pues, ¿no he dudado tanto acaso que ya muchas veces no sé ni que siento? ¿Qué es lo que siento? ¿Qué es lo que siento? ¿Le tengo miedo a esa pregunta? ¿O quizás le tengo miedo a la respuesta? Si la respuesta es la temida, si después de tanto tiempo, estoy parado justo donde comencé, ¿Cómo enfrentar la realidad, cómo aceptarla, cómo superarla? ¿Cómo conciliar sentimiento y realidad? ¿Cómo no perderse en laberintos de preguntas, de recuerdos, de reconstrucciones? ¿Cómo entender que abrazar ausencias es abrazar la propia ausencia? ¿Cómo perdonarme? ¿Cabe perdonarme? ¿No he sido injusto, no he sido egoísta, no he sido perverso? ¿No he sufrido en el trayecto? ¿Puedo perdonar? ¿Sé qué es perdonar? ¿Perdonar es aceptar? ¿Perdonar es enterrar? ¿Dónde acabará este absurdo?
Estoy angustiado y te extraño.
Que falta que me hacés.

20.5.06

Ficciones

Lucy Honeychurch: I have to go. They trust me.
Mr. Emerson: Why should they, when you deceived everyone,
including yourself?
Somos constructores de significados.
Construimos significados de la percepción de esa múltiple realidad fragmentada que nos azota como el viento, nos empapa como el agua, nos quema como el fuego. Mejor sería decir acaso que sentimos que nos azota, sentimos que nos empapa y sentimos que nos quema. Tal y como al despertar de nuestros sueños, al recordar, es decir, luego de preguntar y respondernos ese donde estoy - estás acá - y dedicarnos a recordar un de donde vengo, no podemos evitar otorgarle sentido a imágenes y sensaciones anárquicas e inconexas, de forma tal que ahora son articuladas. De esa maraña de elementos que se contradicen y que viola el orden - la esclavitud - impuesto por la ley de causalidad, lógica articuladora del tiempo y el espacio, tiempo y espacio que en el sueño son caprichosos, de esa multiplicidad de elementos a la cual aplicamos al recordar un antes y un después y con la temporalidad también una vinculación de causa y efecto, obtenemos una reconstrucción del sueño todo lo articulada, todo lo cerrada, todo lo nítida posible. Y en ella se expresa el significado.
En cierto sentido, los sueños se convierten en la clave para entender aquella otra instancia que es la vigilia - ¿sinónimo excluyente de vida? - pues ellos expresan claramente cómo nos comportamos ante "realidades" que se nos presentan y como consecuencia la construcción - o deformación - que se da entre el objeto conocido y el sujeto que conoce. Así como el sujeto está atado a sus sentidos, a sus vías de percibir el objeto conocido, a sus limitaciones temporo espaciales y de tipo sensibles - cualitativas y cuantitativas - que le vedan la omnisciencia, así el sujeto interpreta su pasado. ¡Y vaya importante papel el del pasado del sujeto! La respuesta al "¿de donde vengo?" que surge desde el presente e impacta en el futuro es aquella que condiciona toda respuesta a la pregunta "¿quién soy?". No se "es" sin pasado, sea el que fuere, y al ser, por obra de la interpretación - construcción - del pasado, respondo a la pregunta "¿hacia donde voy?". Entonces, este obsesivo indexador que es el sujeto, como un frenetico e incansable bibliotecario, al encontrarse con aquello objetivo que percibimos a través de las vías propias - sentidos y razón - que por sus naturalezas "subjetivizan" la realidad - lo objetivo - decide no sólo qué es lo que percibimos, cómo denominarlo, cómo entenderlo, sino aún más importante, cuál es su importancia. La memoria, presupuesto indispensable para la construcción del pasado, es el depósito de aquello que el sujeto consideró importante conservar.
Este articulado proceso, complejo y dinámico, cuenta con numerosas instancias que se retroalimentan, donde la subjetividad condiciona qué es lo que percibimos y ante lo percibido, qué es lo importante de acuerdo a quién es el individuo, pregunta que encuentra su respuesta en el pasado, pasado que no nace sino de la interpretación subjetiva de aquello alojado en la propia memoria - la cual es dinámica y así como salvó elementos antes, ahora puede desecharlos, tanto como puede crear con respecto a un fin específico recuerdos falsos.
La importancia relativa de lo que nos sucede, límite que nos prohibe el conocimiento pleno pero que nos salva de la nada, es condicionada en fuerte medida por dos aspectos importantísimos en el ser humano: nuestros valores y nuestra sensibilidad.
Los valores, lejos de ser algo a priori, son tales al individuo por cuanto construcción empírica, construcción social. Son mamados, internalizados en el proceso de aprendizaje. Y determinarán de qué forma se parará el sujeto ante el mundo, crítico de qué ha de ser, cuáles serán sus obstáculos.
La sensibilidad, recelosa de toda universalidad, es la que determina el grado de impacto que tendrá lo externo en el sujeto. El impacto variará de acuerdo al tipo de eso que impacta - qué es aquello que impacta - y el estado o la madurez del sujeto.
Pero todo esto no venía a cuenta de nada.
Lo que me preguntaba teniendo en cuenta todo lo desarrollado hasta aquí, aquello a lo cual aún busco respuesta es a qué debe uno pensar de aquellas situaciones en las cuales los sujetos modifican abusiva y compulsivamente su pasado para encontrar paz en un presente, suprimiendo realidades, negando realidades. ¿Es sano o es correcto hacer eso? ¿No es peligroso? ¿No es injusto? ¿No es escapar y por ello propio de cobardes? ¿Es escapar propio de cobardes? Así como para Sócrates el injusto cura su alma a través del castigo y por tanto éste es beneficioso, creo que preferiría ser odiado por algo que pasó a no serlo a raíz de una ficción. La verdadera redención está en el fuego. No en las flores de plástico.

16.5.06

Mulholland Drive


Dream Theater
Space-dye Vest Lyrics
.
Falling through pages of Martens on angels
Feeling my heart pull west
I saw the future dressed as a stranger
love in a space-dye vest
Love is an act of blood and I'm bleeding
a pool in the shape of a heart
Beauty projection in the reflection
Always the worst way to start
.
"But he's the sort who can't know
anyone intimately, least of all a
woman. He doesn't know what a woman
is. He wants you for a possession,
something to look at like a painting or an ivory box.
Something to own and to display. He doesn't want you to be real,
or to think or to live. He doesn't love you, but I love you.
I want you to have your own thoughts and ideas and
feelings, even when
I hold you in my arms. It's our last chance... It's our
last chance..."
.
Now that you're gone I'm trying to take it
Learning to swallow the rage
Found a new girl I think we can make it
as long as she stays on the page
This is not how I want it to end
And I'll never be open again
.
"...I was gonna move out...ummm...get,
get a job, get my own place, ummm,
but... I go into the mall where I
want to work and they tell me, I'm,
I was too young..."
.
"Some people, gave advice before,
about facing the facts, about
facing reality. And this is, this
without a doubt, is his biggest
challenge ever. He's going to have to face it.
You're gonna have to try, he's gonna to have to try and,
uh, and, and, and get some help here. I mean no one can
say they know how he feels."
.
"That, so they say that, in ya know
like, Houston or something, you'd
say it's a hundred and eighty degrees,
but it's a dry heat.
In Houston they say that?
Oh, maybe not. I'm all mixed up.
Dry until they hit the swimming pool."
.
"...I get up with the sun... Listen.
You have your own room to sleep in,
I don't care what you do. I don't
care when. That door gets locked,
that door gets locked at night by nine o'clock.
If you're not in this house by nine o'clock, then you'd
better find some
place to sleep. Because you're not going to be a bum in
this house.
Supper is ready..."
.
There's no one to take my blame
if they wanted to
There's nothing to keep me sane
and it's all the same to you
There's nowhere to set my aim
so I'm everywhere
Never come near me again
do you really think I need you
I'll never be open again, I could never be open again.
I'll never be open again, I could never be open again.
And I'll smile and I'll learn to pretend
And I'll never be open again
And I'll have no more dreams to defend
And I'll never be open again

5.5.06

Sobre el ascetismo

Life is what happens to you
while you're busy making other plans.
John Lennon

Creo fehacientemente que todo individuo convive con tensiones dentro de él y dudo que quién en apariencia deja entrever no cobijarlas en efecto lo haga. Ciertamente no discuto que muchas veces algunos de nuestros referentes parecieran ser poseedores de esa impasibilidad que tan atractiva suele presentársenos, pero que sin embargo, como correctamente señalan las voces sabias, al proponerlos como suprahumanos, como cuasi divinos, como seres con una convicción imperturbable que no puede ser debilitada por ningún género de duda o inseguridad, al ser presentados así, decía, se les roba cobardemente todo mérito. ¿Cómo no recordar al evocar a un referente que este era tan humano como vos, yo o cualquiera de nosotros? ¿Cómo no recordar que padecía dolores, se sentía tentado por vacíos deseos, era violentado por pasiones que debía doblegar, tal y como nosotros? El mérito de un Jesús, de un Sócrates, de un Gandhi como lideres tiene como elemento necesario la humanidad de estos y de ninguna manera puede decirse que es en desmedro de la misma.
Sin embargo estas tensiones que son propias de nuestra condición de individuos pueden llegar a hacerse insoportables; y tanto pueden llegar a serlo que es probable que adoptemos medidas desesperadas y violentas en nuestra necesidad de contenerlas, de apaciguarlas, de sofocarlas.
Hallándome en busca de respuestas y preso de mi necesidad fui fuertemente impresionado tras mis lecturas de varios filósofos o intelectuales, incluso en algunos casos por referentes que parecieran contradecirse los unos con los otros, y hasta hace poco amasaba con buenos ojos transcribir en éste espacio un fragmento de Frederick Nietzsche que vinculaba el ascetismo con cuestiones como el matrimonio, la familia, o la sencilla experiencia de ser humanos.
Hace años la idea del ascetismo como un modelo de vida era vista por mí con muchísimo asombro, cual proeza sólo al alcance de unos pocos y augustos individuos. Con el tiempo y las experiencias, con un par de lecturas y vicisitudes que me llevaron a sentir a todo hedonismo corto de vista como lastimoso, a la vez que me hice de la idea de que otro tipo de hedonismo, el de horizontes infinitos, ese que no buscaba un placer inmediato sino uno trascendental, no placeres sensibles o físicos sino placeres que identifiqué exclusivamente en el ámbito del Aprendizaje y del culto al Conocimiento, decía, con el correr de unos años y lo experimentado en ellos, comprendí que el ascetismo no estaba vedado a unos pocos, sino que era «la respuesta».
Regresemos al fragmento de Nietzsche del que hablaba anteriormente: el mismo sostenía, en ese tono tan sarcástico y electrizante que tanto me gusta de él, que en todo filósofo conviven el desprecio por la sensualidad y el abrazo al ascetismo; "Ambas cosas forman parte del tipo, como hemos dicho; y si una u otra faltan en un filósofo, entonces éste no pasa de ser - estése seguro de ello - un filósofo «por así decirlo»". Al justificar su afirmación, aseguraba que el filósofo, al considerar el matrimonio, presentía en el mismo un obstáculo hacia el optimun, su mejor Yo posible. "¿Qué gran filósofo ha estado casado hasta ahora? Ni Heráclito, ni Platón, ni Descartes, ni Spinoza, ni Leibniz, ni Kant, ni Schopenhauer lo estuvieron; más aún, ni siquiera podemos imaginarlos casados. Un filósofo casado es un personaje de comedia..." Y así Sócrates se presentaba para él como un simulador, un sarcástico bromista. "Todo filósofo diría lo mismo que dijo Buda en una ocasión, cuando le anunciaron el nacimiento de un hijo: «Me ha nacido Ráhula, una cadena ha sido forjada para mí»." Expuesto así, todo aquello que nos prive de dedicarnos exclusivamente al perfeccionamiento del propio alma, que consuma nuestro tiempo, eso se erige en obstáculo.
Últimamente me encontraba convenciéndome de que el ascetismo, es decir, una vida de esfuerzo y sacrificio solitario, paciente y obstinado, era la senda correcta sobre la cual transitar. Mis inseguridades eran así fácilmente ridiculizadas y aceptadas como un mal que iría, con un poco de esfuerzo y suerte, cediendo con el tiempo. Es por ello que Waking Life significó para mí, junto a un renovado encomio a la obra de Schopenhauer, también una bofetada que buscaba despertarme. ¿Cómo ser tan insensato de entender al ascetismo como algo disociado del más bello humanismo? El compromiso con la experiencia humana, con el universo mágico que es en potencia cada una de nuestras vidas, no puede ser entendido nunca como algo fuera de cualquier ascetismo. He venido subyugando sistemáticamente aquello de humano y de bello en mí o en la experiencia de vivir. Como habitualmente lo hace, entonces, la luz me permite ver nuevas sendas, nuevas posibilidades.

Que febril la mirada

Twenty-something-me, luego de la sorpresa y la incredulidad, encontraría sociego en la idea de que la apertura que he vivido los últimos año...