2.1.26

Que febril la mirada

Twenty-something-me, luego de la sorpresa y la incredulidad, encontraría sociego en la idea de que la apertura que he vivido los últimos años a algo que podría llamar una inclinación esperitista, metafísica o esotérica, responde por sobre todas las cosas no a un convencimiento franco sino a una estrategia que entre lúdica y propia de quién ha sido abatido busca encontrar sociego, paz, pausa.
Twenty-something-me seguramente se mostraría algo defraudado respecto de la chatura intelectual de su sucesor. Bajo vuelo intelectual, poco ejercicio intelectualizante, un deliberado escape a las lecturas absolutistas y abstractas en exceso. Una mundanidad que me encuentra teniendo que volver a aprender las cosas que ya sabía, y haciéndolo con sorpresa. Sin embargo, consciente de todo lo denunciado y sin interés alguno en negar las acusaciones, lo cierto es que no siento verguenza alguna. No siento la necesidad de justificarme. No me siento un fracaso. Al menos no ante él, ante su visión de lo que yo debería ser. La distancia que pueda haber entre su visión de sí mismo y lo que hoy soy es a mis ojos, la distancia entre la ficción y la vida. Y no reniego de la vida. No reniego de mi.


Que febril la mirada

Twenty-something-me, luego de la sorpresa y la incredulidad, encontraría sociego en la idea de que la apertura que he vivido los últimos año...