Aitor y Leopoldo discutían sus puntos de vista en lo atinente a las pretensiones iraníes de ejercer su derecho a llevar a cabo políticas de energía nuclear soberanas cuando Mariana entró sonriente con su bufanda jaspeada y rulitos castaño claro a la confitería. Luego de darle un beso a Aitor, giró entusiasta hacia Leopoldo y le ofreció algo con alegría.
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Mariana - Aca está. Tomá, lo que te prometí.
Leopoldo - Hola hermosa. ¿Qué es? ¡Ah! ¡Cierto! Muchas gracias. Me había olvidado que me lo ibas a traer. Hoy mismo empiezo a leerlo.
Mariana - Vas a ver que te va a encantar. Posta. Yo cada tanto lo releo porque es increíble.
Leopoldo - Uy, muchas gracias en serio che. Lo leo y te cuento que me pareció.
Aitor - ¿Qué es eso?
(Leopoldo le mostró la portada del libro a Aitor y luego se puso a leer la contratapa del libro)
Mariana - Es uno de mis libros preferidos. Bue, en realidad ella es una de mis poetizas favoritas.
Aitor (con un tono algo irritado) - Sí. Lo sé.
Mariana - ¡Ah! ¡Me olvidé de contarte! ¿Te acordás de la clínica de poesía de la que te había hablado? Bueno, hoy recibí un mail... ¡Y quedé! ¡Estoy feliz!
(Aitor sonrío ácidamente)
Aitor - Lo que faltaba. Que un grupito de loosers se junte para garabatear versos o en su defecto discutir sobre los versos que otro desequilibrado con tiempo al pedo escribió. Eso en nada va a solucionar el hambre de nadie, eh. Ni el de ustedes mismos.
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Leopoldo odió ese momento. La sonrisa de Mariana, tan fresca como estaba, se marchitó agresiva e irremediablemente. Su cara se puso pálida y luego erupciones coloradas sobre su cutis dejaron entrever que el agravio no mutó sólo en pena, sino también en un odio que crecía.
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Aitor - Jé. No te pongas así. Era un chiste nomás. ¿No tenés sentido del humor ahora? Era un chiste.
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Qué tipo de mierda que es este Aitor pensó Leopoldo. Ahora quería hacerle sentir rídicula o desubicada a Mariana su indignación. Qué cobarde manipulador.
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Mariana - ¿Sabés que es lo que más me jode, Aitor? Es el hecho de saber que si yo o cualquiera te hace algo como esto, sos el primero en indignarte y montarte en tu falso moralismo. ¿Sabés qué? Andate a la mismísima concha de tu reputísima madre, forro del orto.
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Acto seguido se levantó y se fue. Leopoldo quedó como hipnotizado mirándola cruzar la calle en dirección a ninguna parte y Aitor sólo dijo algo así como histérica de mierda. Y luego de un par de segundos dió fin al silencio incómodo con un voy al baño.
Leopoldo, angustíado por lo que había pasado y no sin pena, miró a su amigo subir la escalera con cara de "todo está bajo control" a la vez que le decía mentalmente Sos sorete, y ella tiene razón. Te hubieses vestido de sensiblón malherido en una situación donde se hubiesen invertido los roles, como tantas veces lo has hecho. La hubieses hecho sentir muy miserable por un comentario así. Y sin embargo pretendés que cuando se te antoja sea simplemente gracioso, un chiste, algo que hay que aceptar porque tu doble, triple o cuadruple estándar se ajusta a aquello que indican tus veleidades. Pues cuando sos el agredido, tus juicios y tu discurso se encargan de hacer sentir miserable al otro. Sin embargo cuando el agredido es aquel que vos querés que sea, exigís que el otro lo acepte con naturalidad, que se someta a lo que merece. Uno no deja de quererte. Pero andate a la mismísima concha de tu reputísima madre. Amén.