2.5.05

Efecto multiplicador del granito de arena

¿Cuantas veces la impotencia nos doblega y renunciamos a luchar por aquello por lo cual valdría realmente la pena hacerlo?

Cuando aún más que hoy Helena, la luz, la racionalidad científicamente respaldada, era mi religión, solía creer que Newton había sido algo así como un Mesías. Sostuvo él que el tiempo y el espacio eran infinitos, y que la naturaleza estaba regida por leyes precisas y perfectas. Inmediatamente después sus seguidores afirmaron lo que para mí hubiera sido siempre tan dogmático como para muchos creyentes es la existencia del espíritu o el alma, fragmento de divinidad, hecho irrefutable. Y dicho concepto indiscutible elaborado por Laplace y respaldado por otros científicos sostiene que si una mente pudiera conocer en un instante dado todas las variables del Universo, conocería unívocamente el pasado y el presente del mismo.

Implícitamente esto nos llevaría a reconocer la existencia del Destino, de lo prefijado, de aquello que escapa al libre albedrío. Sería igual a reconocer que no somos más que simple marionetas, condicionados génetica y empíricamente, como así también por una extensísima cantidad de sistemas, innumerable cantidad de leyes cientifico matemáticas de múltiples variables, pero finalmente inteligibles, si bien ajenas a nuestra limitada capacidad racional. Y yo sostenía esto sin tristeza, sin alegría, con aceptación. Lo vivía como algo indiscutible, causándome ternura las caras de desaprobación que despertaban mis ideas en aquellas pocas personas a las cuales les confesara mi forma de concebir todo. "Qué triste que pienses así..." - más de una vez sinceramente me dijeron.

Pero la curiosidad, pequeño duende que empuja al hombre a caminar, a crecer, a abandonar posiciones cómodas, me llevó a centrar mi atención sobre un fenómeno que si bien no contradice ni mucho menos lo expuesto con anterioridad, trae aparejado consigo quizás respuesta a aquello que implícitamente preguntara en la oración que da comienzo a esta reflexión. ¿Vale la pena luchar por lo inalcanzable, por valores o afectos, no obstante no obtengamos ningún resultado a raíz del sacrificio?

Curiosamente denominada la teoría del caos, también conocida como el efecto mariposa, ésta ha dado luz a una simbología muy fuerte, con importantes repercusiones en el mundo artístico. Y no sin justicia. Pero procedamos a explicarla:

Lorenz, físico devenido a meteorólogo, luego de una serie de estudios científico matemáticos, principalmente realizados con computadoras, hizo alarde de capacidad poética al elaborar una analogía que bien la sintetiza al asegurar que dentro de un complejísimo y exacto sistema que se valiese de cálculos muy precisos y de datos muy exactos que se utilizase para predecir el comportamiento de la atmósfera podría encontrarse una predicción totalmente errónea de no haber tenido en cuenta el aleteo de una mariposa en el otro lado del planeta. Ese simple aleteo (una ínfima, causi insignificante, ridícula fracción de una unidad) podría introducir perturbaciones en el sistema que llevarían a la predicción de una tormenta, la cual pasariamos por alto de descuidarnos.

En definitiva, el equivalente a decir que tu granito de arena puede hacer una enorme diferencia en este sin fin de causas y consecuencias complejísimo inmerso en el cual vivimos, dentro de parámetros de tiempo y lugar de los cuales quizás jamás seamos conscientes o testigos. Sin dudas de pensar con sensatez, a uno le embarga un miedo terrible ante tanta responsabilidad. O mejor aún, es la excusa para saber que no solo tranquilidad de conciencia uno obtiene al luchar por las cosas que realmente valen, sino que quizás, ese simple aleteo, traiga como consecuencia también una enorme diferencia para muchos algún día, en algún lugar.

Como bien me recalcara una sabia hechicera de ascendencia armenia y gran brillantez a quién mucho aprecio y otro tanto respeto: sólo buscamos trascender. Y desperdiciar nuestra oportunidad de hacerlo sería una insensatez. O por lo menos una cobardía.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Q ambiguo, si peleás puede ser inútil, si no lo hacés es más inútil quedarse en la nada, entonces?
Creo q es mejor pelear con la duda de q pueda ser vano q estar sentado lamentado no hacerlo.

-Habló algo fuera de mí, yo no me muevo ni en pedo x algo q no se cumpla seguro =D -

Anónimo dijo...

¿Qué es algo inútil?. Una persona positiva diria "todo lo que hacemos nos enseña por tal motivo, nada es en vano", alguien negativo "no hago ni mierda, si al fin y al cabo todo sigue igual".
Personalmente creo que a todos nos pasa ambas en distintas etapas de la vida. Creo que pensar en que hacer algo es inútil, pasa mas por una cuestion de comodidad y egoismo. Ademas constantemente hacemos "cosas inútiles" que no alcanzan a completarse pero que si nos enseñan. El salir con alguien por ejemplo, son sueños compartidos a futuro y es algo que cultivas dia a dia sin saber el resultado que podrá desenbocar tal relacion. ¿Y como es entonces?, ¿no salgo porque capas que es inútil?...
En vano o no, con destino o sin él, la vida pasa mas rapido de lo que uno quisiera y a veces el "pienso luego existo" no debe de ser una regla memotecnica.
Si por lo que luchas con todos tus valores inculcados en ese sueño pudiese tener un resultado no favorable, o quizas no el esperado y ansiado, tampoco es en vano. Porque en el camino a ese sueño uno se juega todo, siendo una persona feliz y completa en el transcurso.
Un abrazo.

Cinthia Dimitri dijo...

Sos como el Gelblung bloggero!
No, no lo digo por el parecido a Mr. Garrison, sino por el llamado a la reflexión.....
La Odisea, eh! No te olvides :)

Pariz dijo...

Dim: Podrías haber encontrado algo menos injuriante para decir de habertelo propuesto...
Pero solo si te lo proponías.
La Odisea es tuya. Y me gané Fausto de Goethe en el mismo ciclo. ;P

Agus: Finalizás diciendo que jugándose todo uno es "una persona feliz y completa. No sé si feliz sea el termino. Ya el hecho de decir que uno se siente pleno, completo, establecemos el término que para mí se ajusta mejor a ese estado: al estar en plenitud uno no tiene necesidad de buscar; al no tener que buscar no se tiene ansiedad; al no tenerse ansiedad uno tiene paz. Este término sería el cual yo utilizaria donde vos utilizás felicidad (claro que la paz es una forma de felicidad ;P).

Lú: ¿Qué complicado encontrar el límite entre aquellos casos por los cuales vale la pena luchar o las simples excusas para el masoquismo, verdad? ;P

Pd: Soy re guiñaojos... ;P

Anónimo dijo...

Injurias!!!
Mentiras!!!
Maldito!

Que febril la mirada

Twenty-something-me, luego de la sorpresa y la incredulidad, encontraría sociego en la idea de que la apertura que he vivido los últimos año...