- "Mi únicornio azul ayer se me perdió. Pastando lo dejé y desapareció. Acusé a muchos de habermelo robado, o quizás, pensé, se habrá perdido, o tuvo un accidente, quién sabe. Iracundo, me sentí autorizado moralmente para llevar a cabo una serie de atropellos, violando propiedad privada, insultando ante negativas lógicas de tiempo, lugar y conocimiento de causa a mis interlocutores. Comencé a exteriorizar mi pensamiento, y al entrar en contacto con mis hipótesis relacionadas a la desaparición, aquellos con quienes las compartía variaron en número y en calidad ante mis ojos. La ansiedad me consumía cuando alguien sostuvo:
- Pero si eres más delirante que el ingenioso quijote, mi estimado Silvio.
Desde ese momento sospeché que dicho mensaje era una sutil señal de los dioses. Y para verme más listo puse esa cara de loco pensativo, izando una ceja y onomatopeyando mmmm, proceso que disfruté en deleite rabioso, pues estoy seguro que de haberlo observado mi unicornio, nunca hubiese querido desaparecer.
Entonces vagué seguro ya de que el Quijote me lo había robado de puro envidioso, pues de secuestro era imposible hablar, dado que jamás recibí pedido de recompensa, y por otro lado, mi unicornio azul era tan bello como lo son las jovenes que huelen a flores e invitan a reir a la vez que nos sonrien o nos abrazan luego de una corta carrera infantil, o que flores recojen a la vez que cantan con voces de Sarah Brightman, o que taciturnas con una tímida y complice sonrisa nostálgica, a la luz de la luna, sentadas sobre el borde de una bella y refinada fuente gótica, trazan surcos con sus dedos con hermosa cadencia y admirable empeño en lo que pareceriera ser un rito. Tan bello era mi unicornio, ausente hace años, desde que este ayer eterno existe obsesionándome, esclavizándome. Y en una tarde cualquiera en la cual preguntaba a transeuntes en general sobre la ausencia de mi unicornio, sin discriminar entre cartoneros, viejitos sentados en la puerta con el mate, chetos, conchudas nariz parada, mecánicos engrasados, fumancheros, nerds camino a escuchar Linkin Park o en su defecto la facu, tetonas y depresivos, se me ocurrió preguntar también por el domicilio del Quijote. Allí sobre Pueyrredón me crucé con El Mío Cid quién me habló de molinos y montruos mitológicos, tan perdida está no solo la juventud en la droga, pobre señor.
En fin. Cedió el otoño, murió el invierno, floreció la primavera y mi unicornio, pastando feliz, en algún lugar, pero ausente. Y yo que triste de tristeza, cada vez menos soportaba extrañarlo. Creo que lo odié mucho. Tanto, tanto que me alegré al escuchar de labio de un mozo en José Maria Moreno y Rosario, a la vez que me servía edulcorante cuando yo le había pedido azúcar, que los unicornios eran una especie en peligro de extinción y que Green Peace procuraba preservarlos. Acto seguido llamé por telefono a dicha organización no gubernamental y les puse en el altavoz un tema de Eminem llamado Kim. Y me reí mucho, con una carcajada malvada. Entonces me asusté y no quise pasar la noche solo, inventando una excusa para quedarme a dormir en lo de una amiga. Pero en cuanto la hija de la mañana, Eos, la de los rosáceos dedos, se dejó contemplar, todavia extrañaba a mi unicornio azul. Tanto o más que ayer.
Entonces, de a poquito, casi sin darme cuenta, cambié mi guardaropas, comprando todas mis prendas azules. Comencé a correr y atropellar gente en los puntos de combinación del subte primero, finalmente tomando por costumbre galopar libre por las praderas después, o así creí haberlo hecho. Comencé a comer más ensaladas los mediodías en el trabajo primero, para luego pastar libremente allí donde los tiernos brotes se encontraran. Comencé a chillar y gruñir cada vez que algo no me gustaba o no me parecía justo primero, finalmente aprendiendo a relinchar y corcovear lo suficientemente convincente cómo para que se me respetara.
Claro que me enorgullecía de parecerme más y más a mi ausente unicornio. Y quién escuchara en talante confidente mi vanidad, y repusiese que en nada me parecía yo a mi azul ausencia, o que más bien parecia una parodia de la misma, se ganaria mi apatía. Y así fue. Dejé de frecuentar a mucha gente, deseándoles que se mordiesen la lengua, luego olvidándolos sin culpa.
Ay... Tanto extraño a mi unicornio."
- ¿Estás seguro que era así la letra de la canción, Pablo?
- Sos un romántico. Mutar al objeto extrañado. Genial.
- Gracias Aitor.
- ¡Respondeme! ¿Era necesario proyectar en el propio S. Rodriguez? ¿Cuál es tu miedo?
- Y seguro que empezaste a actuar, pensar y a juzgar con los criterios que creías dignos de tu unicornio, ¿No, romántico?
- ...
- ¡Decime!
- Pensé que quizás... No sé. Tal vez... Tal vez ustedes también habrían de ausentarse...
- Jejejeje... Definitivamente un romántico, si señor.
11.5.05
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4 comentarios:
o_0 ..... temo por tu salud mental...
Y tomalo como una advertencia si querés (Ohh, q grosa sueno) , pero si seguís escribiendo con ese ¨largor¨ no te leo más >: (
Btw, sabés q me gusta fastidiar, no? =Þ
Uff...same as Sauce....lo leer{ia pero me explota la neurona pendular.
Saludos desde la otra estoa.-
Vago! para cuando un update?
Oh si, una vez mas, fastidiar es divino
=Þ
Apapachos
Qué perra sucia tu unicornio, no?
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