Cualquiera que no sea un imbécil se da cuenta que todos los días, especialmente aquellos que en apariencia son los más teñidos de cotidaneidad, están plagados de pequeñas tragedias. Más bien, peor aún si son cotideanos. Me consta inclusive que a más de un imbécil esto no le es extraño.
Eran las cuatro y pico de la tarde y caminaba por Santa Fe, Peña, Juncal y Laprida. Me venia vanagloriando de mi elección músical para la jornada, pavoneandome en mi foro íntimo de mi exquisito paladar, convenciendome un ratito de que soy realmente something else, como tantos deben hacer cada tanto, cada uno por sus razones particulares. Repasaba mentalmente lo leído a las 8 de la mañana con respecto al origen de las piezas "nocturnas", procurando asimilar dicha información para, llegado el momento, decir algo más que un desabrido «me gusta mucho Chopin, especialmente las nocturnas».
Sin embargo, no todo eran sueños de petulancia. Ese piano era realmente exquisito y vaya que sí lo disfrutaba. Le imponía, porque no era cuestión de sugerir y nada más, no, le imponía un paso despreocupado a mi andar que gracias a esto contrastaba, para mi fortuna, con la agitación de las gordas señoras cabello de paja que arrastraban de la mano a hijos o nietos; o con la gente que corría de acá para allá y los vehículos verborrágicos, Díos me libre. Detrás de mis felices mejillas frías la melodía me acariciaba, cada nota era como ese primer calorcito al pasar de la sombra a la luz del sol, el beso aureo en esos días especialmente fríos en los cuales la luz calórica es el más bello de los abrigos que llevamos encima. Estaba como ausente de mi cuerpo, o más bien, como parcialmente alejado de él. Sentía algo así como que el mismo me era útil, sí, me era instrumental, pero que por un momento se había olvidado de esclavizarme en sus ansiedades, en sus prisas, en sus dolores de espalda, de pies, o malestares terrenales. Mi cuerpo me había liberado, o mejor aún, era ahora mi siervo, tal y como ese sol de Julio que atravezaba jocoso y apacible los árboles pelados procurando mi alegría, servicial él también. Sentía esa atmósfera europea, de algún siglo pretérito, de cuento o de película, para nada porteña, o sí, pero porteña en su vanidad de ser la más europea de las ciudades latinoamericanas, porteña en la negación de una parte su ser, porteña en el sentido de su querer ser.
En fin, era una tarde como otras, con una de esas pequeñas alegrías irremediablemente finitas, imposibles de ser recordadas individualmente sino en conjunto, «desindividualizadas», pero sin las cuales la monotonía y la cotidianeidad nos conducirían con violencia a la depresión.
No expongo nada novedoso si me esmero en explicar cómo nuestra experiencia del paso del tiempo es totalmente asimétrica. En mi caso particular, en general percibo al tiempo como un enemigo declarado, el cual rápidamente se me agota y nunca me es suficiente cuando considero las múltiples empresas que quiero emprender, siquiera dentro de un día, pues en las mezquinas veinticuatro horas que posee dificilmente uno pueda trabajar, cursar, estudiar, distenderse, leer, comer, escuchar música, viajar de un lado a otro, cagar, estar al pedo, dormir, ducharse, estar con amigos, aprender un idioma, buscar una mina, practicar un deporte, ir a hacer compras, limpiar el baño que lo vengo posponiendo desde el fin de semana pasado, escribir aquel mail. Es sabido que el día se pasa y uno no logró hacer satisfactoriamente, sin importar el esmero dedicado a la tarea, ninguna de todas las tareas que uno hubiese querido y se había propuesto. Peor aún. Para colmo de males, a la impotencia que a uno le invade consecuencia de esto, debemos sumarle la ansiedad, la angustiante ansiedad de sentir que no pasa realmente nada relevante en tu vida, nada importante, y uno debe cruzarse de brazos a esperar que suceda, que eso que tiene que pasar, finalmente suceda. Para que no pase nunca. Ves. Ahí si. Esos momentos son infinitos, los muy hijos de puta. Aquellos momentos en los cuales quisieras dialogo en serio, y no mero palabrerio con el pretexto de socializar, esos también son infinitos. O las putas esperas a aquellas generalmente desconsideradas, aunque también los hay masculinos, que encuentran muy divertido cagarse en el otro y llamar así la atención, un combo, dos en uno. Todo para que encima, al llegar te tiren alguna idiotez del tipo «¡¿ves!? ¡¿ves que para algunas cosas sirve un celular!?» ¿Pero por qué no te vas a lavar un poco el orto, me hacés el favor?
Entre a desvariar. En definitiva, sólo quería señalarte que pienso que el tiempo es asimétrico, que nuestra percepción del tiempo es asimétrica, y que siempre sentí que en determinados momentos el tiempo deja de fluir en torno a mí, deja de escaparseme o de azotarme (en la experiencia de los momentos infinitos de espera o ansiedad), para atravesarme, para abrirse paso a través de mi cuerpo y mi conciencia. En esos momentos el tiempo se hace denso y nuestros sentidos dejan de percibir mecánicamente; comienzan a hacerlo de una forma mucho más pura, casi insoportable, pero por Dios, cuánto más significativa. Esos momentos en los cuáles pasa algo realmente importante, algo que vas a recordar, entendés?
Bueno, venía caminando, muy contento y gozoso sobre el puente psicodélico de notas de piano que se había generado out of the blue desde mi trabajo hasta mi departamento y entonces pasó. Observado a la distancia, ese día será, en su todo, difuso, anulado en la superposición de miles como él, salvo ese momento particular que más que momento fue otra cosa, trascendiendo la finitud a la que están condenados otros instantes en la sucesión infinita de los mismos que es nuestra vida y convirtiendose así, si no en eterno, si en sempiterno. Sí, soy un exagerado. ¿Y qué?
Levantaste tu mirada, fijándola a la mía, y todo el mundo por un momento dejo de ser farsa. Violentamente el velo fue jalado, la materializada ilusión estalló, se difumó y se abrió bajo nuestros pies y sobre nuestros cuerpos el abismo, el vacio. Esa tormentosa y subsumida realidad que los sentidos y la falta de entendimiento muchas veces nos niegan, brotó de todas partes y fue entonces que fuimos, vos y tus ojos y mi sorpresa y la tuya y esa luz que quemaba o encendía algo y todas las preguntas que encontraban respuesta cuando las mismas respuestas encontraban razón de ser; y sí, me sorprendí mucho más que simple testigo de nuestro encuentro, pues sintiendome actor, y casi creyendome autor, tal que mi mano pulsionada a la tuya de mi cuerpo se alejaba, ya no entendía ni de vidrios ni de prudencia ni de qué pensarás de mi osadía ni de leyes físicas que pudiesen resistirse a mi voluntarismo. Ese glimpse. No tengo palabras. Fue fantástico. Todo un puto universo de sensaciones. Una explosición de universos posibles. Claro que entonces todo murió. Mi mano, inerte junto a mi cuerpo, no se molestó en excusarseme. Mi paso me arrastró fuera de tu vista, y a vos fuera de la mía. Volviste a tu diario y a tu cortado en jarrita y a tus cuarenta y tantos y tus hijos y tu marido y yo seguí caminando con el corazón constreñido - como asustado - y los ojos dilatados, y ese piano, ahora sí, tan triste.
9 comentarios:
Excelente
Leí tu blog en un día, desde que leí el primer post ya no pude parar...
Sin dudas, no va a pasar un día sin que no vuelva.
Un beso y gracias por tu visita
el caminar de bs as
y la última parte
eso sí me gusta
cuando puteas y hablas con las palabras que dicen justicias
y al mismo tiempo está la música que de ellas se desprende..
si
el frío hace bien.
WOW me quedé atónita, desde que empezaste el relato hasta que terminó.
Primero, porque entraba a tu blog, casi automáticamente, esperando tu regreso, y hoy sin más sorpresa, entro y veo un nuevo post. Me sentí ansiosa, contenta, baje con el cursor para ver si era muy largo, y sí, pero no me importo.
No podía creer que después de todo este tiempo sin Leopoldo, hoy nos estés regalando este texto, tan pero tan espontaneo, que me encantó.
También, me llamó la atención el estilo, mucho más suelto, más expresivo de tus verdaderas emociones,más humano. No tanto aquel Leopoldo Filósofo, con el cual todos nos rompiamos la cabeza para tratar de entenderlo. No... aquel ser humano que está del otro lado, escribiendo, sintiendo, percibiendo, pensando y viviendo.
Y este texto tiene el vértigo de los días, y como se van acumulando uno al lado del otro junto con esa angustia de ver que pasan y nosotros pasamos con ellos como si nada. Tiene la mágia de esos pequeños momentos de lucidez plena, donde los tres principios, (tiempo, espacio y la ley de la causalidad) no tienen cabida, sino más bien otra es la lógica, en este caso, la lógica de a música, de las miradas, de las sensaciones en su más pura esencia.
Tiene sentimiento, tenacidad, pasión, y como me gustan las cosas escritas o hechas con pasión. A veces pueden ser grandes obras, o a veces pueden ser como en este caso, simples relatos de la vida cotidiana, y su pesadez. Pero que más importante, que aquel lugar que nos alberga durante todo el día, que nos acompaña, queramos o no, y está allí acechando nuestra espalda, esperando que queramos quebrantarla.
Bueno creo que me extendí demasiado, pero me emocioné con tenerte de vuelta y con que hayas vuelto de esta forma, tan... vos. :)
Besos.
Bueno, yo no creo que sea espontáneo, será que conozco esa cabeza que va sosteniendo la pluma mientras compone.
Aún así, linda composición.
Mi vieja se va el domingo! Mañana te llamo igual.-
No quise decir "aún así", no tiene nada que ver con lo que quise decir :)
En tu vuelta, aquí me encuentro. Esperaba desde hace mucho tiempo que volvieras a tu sitio. Y he descubierto hoy otro tipo de texto, con menos bagaje filosófico en el sentido más explícito de la fundamentación, y con más vuelo poético, artístico y vivaz.
Hay varios textos en este post. Como si los mismos fueran deviniendo desde lo enigmático que me ha resultado el título de este post y que, ya sea por vagancia o ignorancia, sigo sin poder entender. Pero eso le imprime a las subsiguientes líneas una esperanza de universalidad y mensaje a descifrar que es digno de los mejores relatos.
Se sabe que cuando el autor expone lo más cotidiano con lo complejo, cuando conjuga una acción en el inodoro con una nota en un piano, el camino es infinito y advertirá el lector, al menos en mi caso, que está ante un post en el que cada palabra fue minuciosamente concebida, descartando así cualquier injerencia del azar.
La asimetría del tiempo...El tiempo para mí que es subjetivo. No es lo mismo una tarde para un enamorado que para un obrero, no es lo mismo un amanecer para un soñador que para un pesimista. Su campo de acción tendrá el contexto apetecido. Y entonces, todo se centrará en el sujeto.
Entre tantas historias que confluyen en una, me quedo con las teclas del piano anunciando la tristeza de un adiós...triste y solitario adiós.
Un abrazo.
Lo primero que quiero decir que estoy sorprendida. Lo segundo ya lo dijieron, volviste simplemente vos.
Y bueno te dejo un beso
Volviste =)
Y diciendo tantas tantas cosas que se piensan en segundos. Ahí tenés de nuevo la asimetría de tu tiempo. Vos podés vivir y pensat todo esto en tan sólo unas 4 cuadras, quizás menos, 2. Y lo escribís y te toma media hora si te sale todo de un tirón. Una entera si parás a revisar o para volver al punto. Y yo lo leo y me toma otro tanto más, que leo y releo y que intento descifrar los códigos que me aparecen en lugar de los acentos y las ñ.
El tiempo siempre será algo contra lo que corremos. Y los idiotas, jamás entenderán el tiempo, sólo correran en su contra, sólo lo vivirán como una imposición. Y nosotros nos damos el lujo de disfrutar distintos tiempos asimétricos. El que pasa veloz, el que se hace eterno, el tiempo que dura caminar unas cuadras al sol, aislandote de la gente que te rodea, o directamente sin ella.
El tiempo, qué tema..
Esta es solo una de las cosas que se podrían comentar sobre tu post..
otra que no quería pasar por alto es el momento en que las puteadas se te escapan de la boca, salpicando el texto de bronca.. Realmente me reí al leerte, será porque aún no te imagino proliferando semejante sarta de puteadas, pero me alegra saber que puteas como todos =P jaja
Besos y Chopin sonando en las calles y miradas porteñas
(por cierto, no escuché nunca, me lo presentás?)
Es excelente, es la primera vez que leo algo que describa tan bien lo que pienso. De tantas tragedias, a la larga me terminé riendo. Y haciendo un blog. Porque el mundo no da para más.
Es raro, es humano.
La vida vista desde un plato volador.
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