Curioso cuan retorcidas pueden ser las vueltas que se empecine en dar la providencia para hacernos pagar por el pecaminoso atrevimiento de querer disfrutar de la vedada felicidad. Y si no curioso, por lo menos sí llamativo. Pues pocos como él, con los ojos húmedos tras el cristal ahora, tan en vano han anhelado para sufrir luego con mayor fiereza la privación percibida. El cielo gris y la humedad que espumante el follaje cubría; allí su vista perdida tras irrumpir y avanzar la angustia, justo al despertar. A sus espaldas, la cama aún se encontraba caliente.
¡No...! Esto es un sueño - se habría recordado a sí mismo, desconociendo, o queriéndolo hacer tal vez, a aquellas fuerzas que a uno le resultan francamente irresistibles. Y como una polilla hacia la vívida llama, víctima de la fascinación enamorada que renuncia a toda razón e instinto de autoconservación, tal y como los bravíos navegantes que se lanzaban en orgiástico transe a las sirenas, así él fue con vehemencia seducido por toda ella.
Esto es un sueño, y ella no es humana, ni espectro, ni nada. Augusta, casi divina, su sonrisa, su mesura, sus ojos que alumbran, su presencia que perfuma y acaricia, su madura y delicada femineidad, todo en ella me hace feliz. Cuánto quisiera que esta dulce embriaguez fuese mi eterna alegría. Me siento desfallecer, ¡y de qué forma!, de sólo imaginar cómo sería consumar aquello que en pretendido secreto anhelo con exceso. Tomarla en mis brazos y decirle, insensato, que la amo, y que no sé ya de razones. Besarla con pasión y dejar de ser hombre para ser sólo intenso beso apasionado. ¡Ah, infeliz y torpe de mí, cuánto quisiera!
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El regreso a la realidad es el florecimiento de la herida, la mejor hora de la tragedia. Cada silencio, una agonía. Cada bello recuerdo, un violento y traicionero golpe. Cada noche aún por vivir, el terror siempre temido. Cada risa, una burla. Cada díalogo, impotencia.
Curioso cuán retorcidas pueden ser las vueltas que se empecine en dar la providencia para hacernos pagar por el pecaminoso atrevimiento de querer disfrutar de la felicidad. Especialmente cuando se ha encaprichado en escarmentarnos de la manera más insidiosa. En concreto, maldita providencia, retorcida eres en especial cuando conduces a un hombre a enamorarse de una habitante de uno, y tan sólo uno, de sus tantos sueños, de sus tantas realidades.
El regreso a la realidad es el florecimiento de la herida, la mejor hora de la tragedia. Cada silencio, una agonía. Cada bello recuerdo, un violento y traicionero golpe. Cada noche aún por vivir, el terror siempre temido. Cada risa, una burla. Cada díalogo, impotencia.
Curioso cuán retorcidas pueden ser las vueltas que se empecine en dar la providencia para hacernos pagar por el pecaminoso atrevimiento de querer disfrutar de la felicidad. Especialmente cuando se ha encaprichado en escarmentarnos de la manera más insidiosa. En concreto, maldita providencia, retorcida eres en especial cuando conduces a un hombre a enamorarse de una habitante de uno, y tan sólo uno, de sus tantos sueños, de sus tantas realidades.
2 comentarios:
Es increíble, debo ser yo, pero por cada blog que paso encuentro conexión con la novela de Unamuno que hoy terminé de leer.
Decime que vos también leiste "Niebla" porque sino creeré que estoy delirando.
Ese párrafo en cursiva es la forma de Augusto, precisamente, de hablar! Aún me cuesta creerlo..
Dice precisamente Augusto en un momento: "Entonces no queda sino resignarse. ¿Resignarse? Sí, resignarse. Hay que saber resignarse a la buena fortuna. Y acaso la resignación a la dicha es la ciencia más difícil.(...)¡Hay que digerir la felicidad!"
Al parecer la felicidad es una carga de la cual también debemos hacernos responsables y saber aceptar; al parecer, no quiere sonreirnos sumisamente y dejar que bailemos con ella disfrutando su música.
Al parecer la felicidad busca enloquecernos en su búsqueda; confundirnos y castigarnos para que lleguemos a ella con mérito, con lucha.
Y habla también Augusto, de los sueños en que vive y sueña, y de las mujeres, la única, las dos, que ama, y desconoce cuál es la realidad y cual el sueño, y cual delirio y cuál locura.
Yo creo que cada vez que nos enamoramos lo hacemos de la imagen que nos materializamos; quizás se desvanezca en un sueño, quizás permanezca o no.
Pero hablo desde el desconocimiento, desde mi fría posición objetiva, y como hablamos de cosas subejtivas como el amor, la objetividad no sirve de nada.
Me gustó este post, Leopold
=)
Besos que viajan lejos
Cuan mias senti estas palabras. dolientemente mias.
Te dejo un beso y terriblemente me gustaron tus combinaciones, tus palabras.
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