13.11.06

El amenazado

Estoy feliz y tengo miedo.
Uno a fuerza de desilusiones ha aprendido que con los grados de felicidad pasa lo que con los pecados en la Divina Comedia: hay un círculo cada vez más temible y horroroso en el infierno de acuerdo al grado de perjuicio cometido por alguien a los valores establecidos por el creador que impone las leyes que signan el acontecer humano. ¿Será realmente éste un mundo donde la felicidad es injuriosa, pretenciosa y lasciva?
Una felicidad como ésta, que irrumpe violenta, inesperada y abrumadora tal y como es, generará siempre y naturalmente muchísima ansiedad. En todos los casos, como ahora, vencerá a los incrédulos, y les confirmará que sus certezas esperanzadas y sus escepticismos desesperanzados siempre fueron y serán relativos y perecederos.
Allí como ahora, cuando la felicidad sea tan superlativa que el propio dominio del lenguaje o quizás el lenguaje mismo se presenten como inexpertos duplicadores cuyas obras son poco fidedignas y raramente fieles a aquello que buscan duplicar, tan inexactas e incoherentes como la crónica de un testigo intoxicado y delirante. Allí cuando lo que se viva sea tan intenso que uno sienta como lo desborda y lo tensiona. Allí cuando la felicidad sea confusión e inutilice todo intento racional por comprender y obrar de acuerdo a ello. Allí cuando la misma genere dependencia física y sepamos - ¡con horror! - que su continuidad depende de factores ajenos a uno. Allí cuando la continuidad dependa de factores propios de los caprichosos dominios irracionales de uno mismo. En todos aquellos casos en que la felicidad sea tan grande que ingrese en la categoría de lo absurdo e irrepresentable, allí será natural que uno sea invadido por miedos y tema a la presencia de las sombras.
Cuando colosal, la felicidad es una embarcación de cristal surcando mares, estrechos y costas inexploradas sin timonel. Pero también, cuando se presenta como ahora, uno es omnipotente, es un dios. ¡Y cómo embriaga la ambrosía, señores, cómo embriaga!
Se me presenta otra vez una cadena de preguntas conocidas: ¿Es la felicidad un abusivo crédito que uno debe pagar en coutas de dolor con intereses de escándalo? ¿Es la felicidad no el fin de la vida, sino un desequilibrio en la misma? ¿Es lo más sabio descomprometerse de la vida y sus reglas de juego?
Es claro a esta altura, amor, que como vos, tengo miedos. Ojalá coíncidamos en que finalmente, la razón de ser de los mismos no es otra que la de ser superados.


7 comentarios:

Anónimo dijo...

El Beso de Rodin: una imagen realmente infinita.

Bien por su llegada aquí..Saludoss!

Anónimo dijo...

La felicidad no admite tantos cuestionamientos... es inevitable que al urgar tan profundo, logremos encontrar, o fabricar en su defecto, esos fantasmas que impiden el real goce de las situaciones lindas que nos da la vida de vez en cuando...
En situaciones adversas no podemos darnos el lujo de sufrir o no... porque entonces no mirar para adelante y disfrutar lo que hoy te toca vivir dejando de lado esos miedos absurdos.
Depende solo de vos... ojala quede claro
MAF

Anónimo dijo...

Hola hermoso hijo. Estimo que tanto alboroto es porque usted se enamoró.
En este caso, (de ser así nomás), acepte mi consejo de viejo. Disfrútelo, aliméntelo. Sea gentíl, sincero, dulce, suave, firme, cariñoso, sutil, viril, atento, cordial, no moleste, respete y solo deje que su corazón decida, mande, ordene. Subordine sus neuronas al llamado del snetido común y los dictados del alma y el cuore.
No intentes analizarlo/analizarla/analizarte. Solo vivilo, sentilo. Solo disfutá de la existencia, que de a dos, es perfecta.
Te amo Pablito. Siempre te amé.
Papá desde el sur.

Aye dijo...

coincido con tu papa (quien te dejo un comentario muy bonito).
No analices tanto, porque lo que hace realmente valiosa a la felicidad, lo que la hace ser ella, pura y exclusivamente, es dejandola ser.
Con tanto analisis esa felicidad se vuelve fragil y vulnerable ante todos esos miedos reales. Al analizarlos se vuelven verdaderas amenazas, les buscamos las razones y llegamos a creerles que nos pueden ganar.
Dejate ser y deja ser a esa felicidad que te abruma, y tambien a ese amor que te pone feliz.
=)

Besos y me super alegro por vos =)

Anónimo dijo...

Divino post! Si supieras el caramelito que te llevas...

mi otro yo dijo...

Que bueno es leerte en y desde esa felicidad.Tu felicidad. Terriblemente hermosas son las palabras de tu papá,llenas de verdad sin dudas.

Te dejo un beso

Adriano dijo...

He leído este texto ni bien lo subiste; he vuelto sobre él un par de veces y hoy he tenido las intenciones de dejar un comentario.

La felicidad, qué tema. Es un atrapante tembladeral, es el riesgo que hay que asumir en pos de la satisfacción del propio deseo, porque, creéme, es mucho más duro el no intentarlo que el hecho de ir para adelante convencido.

No sé cuántas veces en mi vida pude decir que hallé algo así como un estado de bienestar y plenitud sumanente trascendente (en otras palabras, "felicidad"). Probablemente convive en mí un tiempo esplendoroso, al menos para mis propios cánones de insatisfacciones manifiestas, tiempo que disfruté pero que no pude prolongar ni proyectar tal como hubiera deseado.

La vida tiene facetas, círculos, instantes. Se trata de vivirlos. Después, supongo, será el tiempo de la reflexión. No sé si es ta provechoso siempre llegar primero con el intelecto antes que con el corazón a ciertas realidades. Me incluyo en esa dificultad.

Y teniendo en cuenta el connmovedor comentario de tu papá, adhiero a sus palabras, tratando de que también sean una especie de guía para mi transitar en esas circunstancias que él remite. Un abrazo.

Que febril la mirada

Twenty-something-me, luego de la sorpresa y la incredulidad, encontraría sociego en la idea de que la apertura que he vivido los últimos año...