Debo reconocerlo. Sentí un morboso placer al quemar esas hojas. De pronto, soy consciente de que esas palabras ya no existen más y eso me estremece. Perecieron ahogadas en un mar ardiente, sin poder dar cuenta de su existencia y de su sentido más que a su creador. A ese mismo que se erigió en dios destructor y las suprimió. ¡Me corre una risita perversa por todo el cuerpo! ¿Qué es esto?
Les proveí condescendiente de un tiempo para agonizar, de la miserecordiosa posibilidad de atestiguar su propia defunción y bellamente transmutar primero como por obra de un efluvio proveniente de los misterios de un mundo de ultratumba, un mundo cuyo portal fuere la vívida llama del fuego; transmutar por obra del efluvio en un negruzco y voraz color, que avanzaba consumiendo las letras, tiñendo el papel. ¡Qué tierno espectáculo el tímido pero decidido abrazo del manto negro con las letras! ¡Abrácense mis pequeñas querubinas, abrásense! Finalmente, el oscuro crepúsculo, como un cáncer, daba muerte al tejido en el cual las palabras habrían germinado justo después de que la pluma las sembrara. Y qué cosa podrán ser sino ceniza, polvo, alimento del viento o mugre. ¿¡Qué cosa sino nada después del fuego!?
¡Oh perversa satisfacción! ¡Qué dulce suicidio dar muerte a mis palabras! ¡Qué trágico placer! Crear para destruir. ¡Qué lisonjera y económica forma de trascender! ¡Qué estimulante poder saberme dueño de una voz que calla, para siempre, por mi caprichosa voluntad! ¡Toma, posteridad, di muerte a uno de tus hijos! Y nadie sino yo conservará su recuerdo, celosamente, como un tesoro, como otra cosa más que se irá conmigo cuando tú, perversa, hayas de darme muerte. Esa mi venganza. Ese recuerdo, el eterno rehén cuya vida está ligada irremediablemente a la mía.
4 comentarios:
tantas cosas parecen ligadas al silencio de uno.
Mil veces me aterra el pensar que si un día me convierto en cenizas mueran conmigo tantas de las cosas que pienso y siento. No se si es tanto por el narcisismo como por el hecho de compartirlo. Probablemente eso también sea narcisista.
Y quizás sea otra de las tantas razones por las que escribo, esa insoportable necesidad de no poder enmudecer, de no poder tragarme tantas palabras en el silencio.
Lo tuyo fue un engaño que les hiciste, dejándolas salir y luego incendiándolas para que nadie las descubra. Un silencio, un secreto.
Tal vez un tanto egoísta, tal vez un tanto misterioso.
Un silencio, un secreto.
Besos que desaparecen
Paso a desearte feliz año nuevo.
Te dejo un beso enorme joven de hermosas palabras.
Me encanta el toque epico que le dan las exclamacion entre signos.
Muy buen blog, muchas cosas buenas para leer, asique seguire pasando.
Un saludo y feliz año,
mat.-
Yo nunca quemé nada, debería hacerlo para ver si realmente hace algo con cuestiones ubicadas en otro plano.
Pero digo, a nivel simbólico, puede ser liberador. Quizá....
hay que probarlo, sin duda.
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