Doble cordón en el cuello
y nacer fue una condena a muerte de la que se zafó no sin trauma,
y nacer fue una condena a muerte de la que se zafó no sin trauma,
a fuerza de lucha, a fuerza de maña.
Doble cordón en el cuello
y el proceso de individuación, signado, gesta épica,
y el proceso de individuación, signado, gesta épica,
un relato sofocante de instinto y supervivencia.
Doble cordón en el cuello y,
con anterioridad a la conciliación de los opuestos,
con anterioridad a la conciliación de los opuestos,
el igual debe asumir la responsabilidad de poner en riesgo la vida del todo,
el hígado debe abrirse paso a través de la carne para,
una vez afuera y a como de lugar, gestar su propio cuerpo.
Yo lo cuido, mamá,
y a la orfandad hay que mirarla a la cara.
Yo lo cuido, mamá,
y renuncias y ausencias, tradición familiar,
lugar común en el que las distintas generaciones se encuentran y se reconocen.
Yo lo cuido, mamá,
y el rival se convierte en objeto de protección,
vacío de confrontación,
vehículo de redención,
resorte para la construcción de sí mismo desde el vaciamiento de sí.
y a la orfandad hay que mirarla a la cara.
Yo lo cuido, mamá,
y renuncias y ausencias, tradición familiar,
lugar común en el que las distintas generaciones se encuentran y se reconocen.
Yo lo cuido, mamá,
y el rival se convierte en objeto de protección,
vacío de confrontación,
vehículo de redención,
resorte para la construcción de sí mismo desde el vaciamiento de sí.
Si me dejás, me mato,
y donde hubo fuego
cenizas quedan.
Si me dejás, me mato,
y sobre mis trémulos brazos un gigantezco cuerpo de hojas afiladas,
ciego y doliente, rencoroso y penitente.
Si me dejás, me mato,
y la etérea y danzante ninfa trabuca a un diposo monstruo dispuesto a engullirme,
un bebé prematuro abandonado a su suerte.
y donde hubo fuego
cenizas quedan.
Si me dejás, me mato,
y sobre mis trémulos brazos un gigantezco cuerpo de hojas afiladas,
ciego y doliente, rencoroso y penitente.
Si me dejás, me mato,
y la etérea y danzante ninfa trabuca a un diposo monstruo dispuesto a engullirme,
un bebé prematuro abandonado a su suerte.
No llegás a los treinta,
sentencia en forma de oráculo
y lo que nace con aires jocosos un oscuro designio parece.
No llegás a los treinta
es ícono, gastada, sinsentido,
una bandera, una denuncia, una manifestación de deseo.
No llegás a los treinta
y el tren fantasmal a punto de embestir
a quien sólo sabe gritar, histérico e iracundo.
No llegás a los treinta
y los ojos ora tristes ora espantados
de quien parece espectador de lujo,
de quien se sabe condenado por lo irremediable de las circunstancias,
un doble cordón en el cuello.
sentencia en forma de oráculo
y lo que nace con aires jocosos un oscuro designio parece.
No llegás a los treinta
es ícono, gastada, sinsentido,
una bandera, una denuncia, una manifestación de deseo.
No llegás a los treinta
y el tren fantasmal a punto de embestir
a quien sólo sabe gritar, histérico e iracundo.
No llegás a los treinta
y los ojos ora tristes ora espantados
de quien parece espectador de lujo,
de quien se sabe condenado por lo irremediable de las circunstancias,
un doble cordón en el cuello.
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