22.4.05

Ulises: Una mente brillante

En 1994 un esquizofrénico paranoico gana el Premio Nobel de Economía. Otra más de esas combinaciones paradojales, o en este caso por lo menos alocada, que se dan en la historia. Como qué una persona llamada Lovecraft sea uno de los padres del Satanismo, que la Iglesia Católica Apostólica Romana sea la responsable del mayor genocidio histórico acaecido (conocido como la Santa Inquisición), o que el Derecho sea tan retorcido.
Pero profundicemos en el caso de John Nash: el estadounidense gana el premio por elaborar una teoría en la cual describe a la perfección y con complejos teoremas lo que es conocido como el equilibrio de Nash o la teoría de los juegos. Cómo consecuencia de la misma, la teoría de Adam Smith, con la cual liberales han martillado la cabeza de varias generaciones para exculparse de sus prácticas sin respeto a la condición humana más básica, quedan totalmente defenestradas y expuestas como inexactas. Ya no es la persecución del bien individual por parte de cada miembro de la sociedad lo que arrojará el mejor resultado alcanzable. Lo hará, en cambio, una situación en la cual todos los intereses individuales estén en sintonía con el general, de manera tal que ninguna de las partes sienta la tentación de alterar su estrategia porque le implicaría algún tipo de perjuicio.
Hasta aquí todo genial. Pero John Nash no hizo más que inspirarse en el homérico Odiseo, mejor conocido como Ulises, su nombre entre los romanos. Y dudaría no llamar dicha inspiración, pero esta vez sin eufemismos de por medio, simplemente plagio.
Procedo a explicar:
En un principio, antes de la guerra de Troya inclusive, Ulises estaba interesadísimo en Helena, la mortal más parecida a Afrodita, la más bella y sensual de todas. Duh! Tal y cómo todo pene con algo de ambición en Esparta (aunque sería osado limitarlo únicamente al plano masculino)(...más de una seguro se tocaba pensando en sus rizos dorados y en su piel cual marfil). Para colmo de males, Ulises no contaba con capital, poder ni brutalidad superior a la de sus contrincantes, los cuales furibundos exigían al padre de Helena que resolviera con quién habría ésta de desposarse. Claro que al pobre Tindáreo la situación lo abrumaba. Todos los pretendientes de su hija Helena habrían de resentirse en caso de ser rechazados, entablando una guerra de todos contra todos, debilitando a Esparta, tan solo para dejar bien parados su propios honores y vanidades. ¿Cómo aceptar esos señores llenos de ínfulas y ambiciones ser superados por un igual? Helena no solo era bella. Era un premio.
Ulises, que era brillante, se planteó algo tan lógico que asusta. ¿Por qué no anteponer un bien superior que nos beneficie a todos y evitar que la avaricia y el egoísmo nos lleve a un resultado en el cual, como mejor pronóstico posible, habrán solo un par de vencedores y muchos infelices?
Ulises, gran orador, muy audaz, y favorito de Atenea, decide entrevistarse con el agobiado Tindáreo y le sugiere una solución a cambio de que éste intercediera en su pedido por la mano de la prima de Helena, tan bella cómo esta, llamada Penélope.
Hecho el acuerdo, se llevó a cabo el plan de Ulises: todos los pretendientes debieron jurar por su honor que se respetaría al elegido para desposar a la bella Helena, con total fidelidad al mismo, protegiendo y socorriéndolo en caso de que lo necesitase. En definitiva, e implícitamente, todos se comprometían a algo superior que sus individualidades no obstante el resultado, que era la unión de todos a un fin común y nacional.
Ulises de esta manera, se casa con la mujer más fiel del mundo, Penélope, codiciada no por pocos, se salva de todos los problemas, conspiraciones, traiciones y los cuernos que le hubiese implicado alcanzar el corazón de Helena, evita una guerra nacional a nivel interno (luego se da una contra Troya gracias a su pacto = p) y logra el reconocimiento internacional, histórico, y de los dioses por su astucia.
El Premio Nobel de Economía, sin embargo, fue para el loquito que conversaba con gente imaginaria. Ojalá Aitor o Pablo traigan algo más que dolores de cabeza entonces!

2 comentarios:

Anónimo dijo...

A eso lo llamo saber usar la cabeza y el corazon a su medida. Es dificil ser razonable y objetivo cuando se mescla con sentimientos.
Un tipo inteligente, y lo principal, aplicar esa inteligencia.
Nos vemos romantico.

Pariz dijo...

Entre las combinaciones paradojales olvidé incluir a Beethoven, al cual tenia pensado agregar como ejemplo más claro, pero tontamente no lo hice.

Que febril la mirada

Twenty-something-me, luego de la sorpresa y la incredulidad, encontraría sociego en la idea de que la apertura que he vivido los últimos año...