Ya me estoy aburriendo a mí mismo de la línea de escritos del tipo "mea culpa" o cataratas de lagrimas disfrazadas de palabras. Sin embargo, heme aquí nuevamente. El exceso de tiempo libre trae como consecuencia desagradable el hecho de que tenemos más tiempo para pensar.
Recurrentemente me planteo que en gran parte mis angustias encuentran su nacimiento en mi obsesión por el Ideal, el «deber ser», la manifestación más excelsa de una cosa. Mi ansiedad limita el goce de cualquier logro. En aquellos momentos en los cuales no logro proveer a mi ansiedad de un objeto sobre el cual centrar su atención, es justo cuando más desorientado, más perdido, más solo me siento.
Al lograr encontrar un objeto - y digo lograr porque esto ya casi se ha convertido en un proceso consciente - que de alguna forma sirva de fin hacia el cual canalizar y dar cauce a toda obsesión, entonces sí por lo menos no experimento la angustia horrible de sentirme vacío, intrascendente. Claro que elegir esclavizarse a la persecución de un objetivo, no parece a simple vista la solución más apropiada a largo plazo. Marcuse, al referirse al «Hombre unidimensional», señalaba que "su esclavitud no está determinada ni por la obediencia, ni por la rudeza del trabajo, sino por el status de instrumento y la reducción del hombre al estado de cosa, sin importar si este instrumento no siente su «ser cosa»." ¿Qué sucede cuando uno elige, es decir, hace ejercicio de su libertad, y decide esclavizarse a algo? ¿No implica en sí la libertad la sumisión a nuestras propias decisiones, y la responsabilidad ante éstas? Claro que puede decirse, en ese caso, que a diferencia de otros tipos de esclavitud, uno no da lugar a ese tipo de vinculo con un agente externo, sino que lo establece con uno mismo. Uno es su propio amo y esclavo.
Cierto es, no obstante, que autoesclavizarse es un tipo de comportamiento muy usual entre aquellos individuos bien considerados por los cánones de critica sociales del comportamiento o las conductas. Un tipo laborioso, un tipo sacrificado, un tipo que se exige al máximo no obstante el contexto, seguramente es un ejemplo moral. ¿Hasta qué punto es eso así? En el transcurso, en el devenir de los días, de las horas, de cada segundo que se detiene y pareciera ser eterno, ¿Está ese alguien realmente seguro de algo? Ya ni siquiera me atrevo a preguntar de ser feliz, sino al menos de trascender de alguna manera, de ser útil, de haberle encontrado realmente una razón de ser a su existencia.
Es ley universal que uno necesita razones para vivir. Sartre nos señalaba que al hombre racional no le basta con el instinto de autopreservación y supervivencia, pues siempre es consciente que la puerta de la autoextinsión existe y se encuentra a su disposición. Ante esto, mecanismos psicológicos se encargan de encontrar ese "something to die for", esa razón por la cual luchar, e incluso dar la vida, porque responde a algo superior a nosotros, a algo que nos trasciende, pero que conecta nuestra finita existencia con algo jerárquicamente superior. Es la puerta a no sentirnos solos, ni vacíos. Algunos en este afán se abrazan a la religión, otros al propio desarrollo económico, espiritual, cultural, etc. Hay quienes se abrazan con talante vehemente a sus seres queridos, especialmente aquellos familiares cercanos que por alguna razón han de necesitarnos, como menores o ancianos. La bandera de la "patria" suele también eregirse como aquello superior. En casos extremos de gran desorientación, el individuo suele abrazarse a aquello que le ofrece un goce físico inmediato, especialmente cuando el mismo suele desvincularlo de cualquier otra realidad.
¿En qué tiene que ver esto conmigo? En que, como todos, no soy ajeno a estos mecanismos. Muchas veces me asusta mi necesidad por "absolutos". Por eso mi propensión a lo épico: al héroe que se alza contra un desafío descomunal y siempre, no obstante cuan oscuras se presentas sus posibilidades, logra encontrar dentro de sí mismo la motivación para continuar. ¡Cuánto más me gusta - aunque no sin cierta vergüenza infantil - saber que generalmente la misión del héroe, viva él o no, es cumplida exitosamente!
El culto a lo épico y la persecución de un Ideal no es lo mismo que el abrazo desesperado a los absolutos. La desesperación es mala consejera. La radicalización, ciega. Y a largo plazo, ningún logro, ni los más modestos y pequeños, mucho menos aquellos que implican años de renuncias, logran despertar con permanencia la más mínima alegría.
Recurrentemente me planteo que en gran parte mis angustias encuentran su nacimiento en mi obsesión por el Ideal, el «deber ser», la manifestación más excelsa de una cosa. Mi ansiedad limita el goce de cualquier logro. En aquellos momentos en los cuales no logro proveer a mi ansiedad de un objeto sobre el cual centrar su atención, es justo cuando más desorientado, más perdido, más solo me siento.
Al lograr encontrar un objeto - y digo lograr porque esto ya casi se ha convertido en un proceso consciente - que de alguna forma sirva de fin hacia el cual canalizar y dar cauce a toda obsesión, entonces sí por lo menos no experimento la angustia horrible de sentirme vacío, intrascendente. Claro que elegir esclavizarse a la persecución de un objetivo, no parece a simple vista la solución más apropiada a largo plazo. Marcuse, al referirse al «Hombre unidimensional», señalaba que "su esclavitud no está determinada ni por la obediencia, ni por la rudeza del trabajo, sino por el status de instrumento y la reducción del hombre al estado de cosa, sin importar si este instrumento no siente su «ser cosa»." ¿Qué sucede cuando uno elige, es decir, hace ejercicio de su libertad, y decide esclavizarse a algo? ¿No implica en sí la libertad la sumisión a nuestras propias decisiones, y la responsabilidad ante éstas? Claro que puede decirse, en ese caso, que a diferencia de otros tipos de esclavitud, uno no da lugar a ese tipo de vinculo con un agente externo, sino que lo establece con uno mismo. Uno es su propio amo y esclavo.
Cierto es, no obstante, que autoesclavizarse es un tipo de comportamiento muy usual entre aquellos individuos bien considerados por los cánones de critica sociales del comportamiento o las conductas. Un tipo laborioso, un tipo sacrificado, un tipo que se exige al máximo no obstante el contexto, seguramente es un ejemplo moral. ¿Hasta qué punto es eso así? En el transcurso, en el devenir de los días, de las horas, de cada segundo que se detiene y pareciera ser eterno, ¿Está ese alguien realmente seguro de algo? Ya ni siquiera me atrevo a preguntar de ser feliz, sino al menos de trascender de alguna manera, de ser útil, de haberle encontrado realmente una razón de ser a su existencia.
Es ley universal que uno necesita razones para vivir. Sartre nos señalaba que al hombre racional no le basta con el instinto de autopreservación y supervivencia, pues siempre es consciente que la puerta de la autoextinsión existe y se encuentra a su disposición. Ante esto, mecanismos psicológicos se encargan de encontrar ese "something to die for", esa razón por la cual luchar, e incluso dar la vida, porque responde a algo superior a nosotros, a algo que nos trasciende, pero que conecta nuestra finita existencia con algo jerárquicamente superior. Es la puerta a no sentirnos solos, ni vacíos. Algunos en este afán se abrazan a la religión, otros al propio desarrollo económico, espiritual, cultural, etc. Hay quienes se abrazan con talante vehemente a sus seres queridos, especialmente aquellos familiares cercanos que por alguna razón han de necesitarnos, como menores o ancianos. La bandera de la "patria" suele también eregirse como aquello superior. En casos extremos de gran desorientación, el individuo suele abrazarse a aquello que le ofrece un goce físico inmediato, especialmente cuando el mismo suele desvincularlo de cualquier otra realidad.
¿En qué tiene que ver esto conmigo? En que, como todos, no soy ajeno a estos mecanismos. Muchas veces me asusta mi necesidad por "absolutos". Por eso mi propensión a lo épico: al héroe que se alza contra un desafío descomunal y siempre, no obstante cuan oscuras se presentas sus posibilidades, logra encontrar dentro de sí mismo la motivación para continuar. ¡Cuánto más me gusta - aunque no sin cierta vergüenza infantil - saber que generalmente la misión del héroe, viva él o no, es cumplida exitosamente!
El culto a lo épico y la persecución de un Ideal no es lo mismo que el abrazo desesperado a los absolutos. La desesperación es mala consejera. La radicalización, ciega. Y a largo plazo, ningún logro, ni los más modestos y pequeños, mucho menos aquellos que implican años de renuncias, logran despertar con permanencia la más mínima alegría.
2 comentarios:
No falta el que dice que el héroe es tal justamente por serlo a su pesar. Además, lo heroico lo es en el punto en que no se distingue de la necesidad. El que elige lo opuesto a la vida es posiblemente un loquillo, creo. Recuerdo que en la introducción del Eternauta, Oestelhed decía que el verdadero héroe nunca lo es sólo, sino en grupo.
Y para épica y sufrimiento, te recomiendo ser hincha del River de Mostaza. (como vos decís, "a largo plazo, ningún logro... logran despertar con permanencia la más mínima alegría")
Un abrazo!!!!
Volviste!
Qué lindo!
Qué lindo!
Qué lindo!
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