25.2.06

Good old fashioned lover boy

Ya eran las 3 y media de la tarde y verdad es que hubiese deseado no dormir tanto. Con los ojos hinchados y el pelo como pegado a la cara, arrastró los pies hasta el sillón, acomodó el cenicero, se recostó y mirando por la ventana la grisácea penumbra que bañaba el patio del que parecía un día nublado encendió el primer cigarrillo del mismo. Se rascó la cabeza como para desperezarse a la vez que arqueaba la espalda y luego hundió la palma de su mano en su mejilla.
Recordó el planteo de esa nena la noche anterior y se rió burlonamente, pero con un dejo de amargura. ¿Ahora de repente actuás como si no te acordaras de mí? Cualquiera haya sido la respuesta, lo cierto es que mucho no la satisfizo, pues luego de un tenso intercambio de palabras en tono alto de voz, ella se fue con sus ojos cuales represas que procuraban detener las lagrimas hasta encontrarse fuera de la vista de Aitor.

- Esa nena me tiene como objeto de su idealización y ahora me quiere hacer pagar los platos rotos - le dijo a Leopoldo en algún viaje sobre el 92 -. No sé por qué la necesidad de darme un lugar tan importante en su vida, cuando nada hice para merecerlo. No cuando nunca fuimos novios. No cuando nunca le di lo que a Mariana.
- Creo que es así, que ella ha depositado en vos un montón de esperanzas y de frustraciones. Has sido algo así como un recipiente dentro del cual ella eligió vertir, no sin cierto festejo vanidoso tuyo, muchas cosas. Pero eso es algo de lo cual no la podés culpar al extremo, es algo totalmente natural y que todos en mayor o menor medida hacemos, ¿verdad?

Puede ser dijo Aitor con la voz profunda y pastosa de las dos primeras palabras de la mañana mientras hundía pacientemente la colilla del cigarrillo en el cenicero. Puede ser, aunque ella tendría que haber entendido que nunca estuve totalmente con ella, que siempre estuve en parte como ausente, que esa distancia no es natural en mí. Bah, quizás ahora después de tanto tiempo ya haya dejado de ser algo temporal y accesorio para ser algo que ha calado en mis huesos, algo que forma parte de mí. Quizás, ojalá que solo quizás, esté destinado a estar de aquí en más algo así como ausente.

Entonces como murciélagos que en la oscuridad del túnel le asaltaban y revoloteaban sobre su cabeza y rostro, desde el recuerdo llegaron algunas frases que habían sido enterradas hace tiempo pero cada tanto regresaban de sus tumbas. El sollozo, las lagrimas rojizas y brillosas y el gemido de un "nunca me sentí más sola en mi vida". El punzamiento en el corazón de Aitor mermaba con una catarata de autojustificaciones aunque no tanto como quisiera. La cara de Mariana que se agigantaba, que adquiría un tamaño monstruoso, una deformidad dolosa para que entonces de su boca brotara como un rasguido un "me hacés sentir muy miserable".

Encendió otro cigarrillo. Había identificado una historia que se repetía y Aitor no creía mucho en las casualidades. Podía recordar claramente una apertura al principio, identificar su afán por hacer sentir a la otra persona el centro del universo, encontraba la construcción de puentes de comunicación que obnubilaban al otro. Sin embargo la dicha siempre habría sido seguida de la tragedia.

¿Cómo no recordar la noche en que Mariana desnuda sobre él se le había antojado un ser abominable, un monstruo liposo y amorfo que deseoso de él parecía querer engullirlo todo, causándole no poco asco? La confusión de esa noche en la cual Aitor físicamente en esa cama, terminó a la vez ausente de la misma, se esfumó cuando detectó que el objeto de su aprehensión habría sido la materialización en Mariana de esa "necesidad enfermiza" que percibiere y que tanto le agobiaba, hasta el punto de impedirle respirar.
Llegaba el momento de preguntarse si esa necesidad enfermiza no era de alguna manera creada por él.

10 comentarios:

Patricia Angulo dijo...

Todas las personas que estan en nuestra vida y de la manera que estan es porque se lo hemos permitido, porque los hemos dejado ser o nos han dejado ser. O no ser.

Quiero decir somos responsables de las personas que dejamos entrar en nuestras vidas.

Marilia dijo...

LISTO, Leopoldito, ésta es la última vez que te leo!!!!! BASTA, me cansé, no lo intento más!! snif

Anónimo dijo...

-me encanto el titulito-
Hablando de Aitor, creo que un poco él es simbolo de muchos otros que excusandose en cosas que sí, que pueden ser valederas, dan - o al menos dejan una parte de ellos al azar, a lo "ausente" como este ser llama- para despues no recibir.
Como dijo Pato, uno es responsable de lo que hace, o de lo que no hace literalmente pero deja entrever.
Claro que es creada por él esa necesidad, uno genera el mundo en cierta forma! De otra manera deberia quedarse encerrado, más ausente que lo ausente, y eso no es posible.
Me gustó esta historia, aún cuando me haya dado "bronca" el actuar de Aitor.
Besos, y te agregue a mis links!

Pariz dijo...

Aitor es un perfecto infeliz, en todas y cada una de las acepciones posibles de la palabra.


Pato: tu regreso siempre me honra. Algún día paso por tu casa para que me cocines unas pastas frescas. :P Por cierto, tenés mucha razón.

Marelia: no te preocupes. Todas las mujeres que me han querido bien, si bien han consentido mis aires intelectualoides como a cualidad propia de la niñez, en general desconfiaron de de dichos aires y siempre me valoraron por otras cosas.

Jenny: el título es homónimo al título de una canción de Queen muy conocida, la cual probablemente alguna vez escuchaste. Mañana actualizo mis links y las agrego a vos, Aye y Pato.

Anónimo dijo...

Obvio la conozco, serè pequeña pero esas cosas escenciales las DEBO saber. :) Bueno, gracias por lo de los links.
Yo tambien quiero pastas de Pato, creo que tendràs que invitar :P
Besos a ambos

mi otro yo dijo...

hacerse esa pregunta ya es un paso para saber que la creo y permitio estar.
Saludos!!!!

Patricia Angulo dijo...

Gracias por agregarme a tus links!

Y te pegó lo de las pastas eh? ¡¡¡ajjajaj!!!

Pasaba a ver si había algun post nuevo y me encontré con esto que me ha sacado una sonrisa.
Mis saludos-

Adriano dijo...

Acabo de leer este texto y me he quedado pensando en varias cosas. Primeramente, que un hombre es todos los hombres, en algún punto creo que es así. De manera que quien lee podrá sentirse identificado aunque sea de manera indirecta.

Vivo un presente en la que encuentro identificación con Mariana (y Aitor vendría a ser una muchacha...). Tergiversadas esas dualidades, me pongo a pensar que muchas veces es muy difícil sobreponerse a ilusiones o a sentimientos...Los sentimientos profundos son muy pero muy poderosos. Sólo el tiempo podrá ser un consuelo, aunque a veces ni siquiera eso.

La oración final...Gran verdad. Como si se tratara de un boomerang, ¿cuántas veces hemos construido algo que no imaginábamos haber causado?...Y cuando queremos darnos cuenta, tenemos un efecto irremediable, la certeza de haber sido quizás una persona que ya no qusiéramos volver a ser.

Un gran saludo.

Aye dijo...

Es horrible cuando creamos esa necesidad perpetua en el otro. Es algo que me pasó varias veces y algo a lo que temo regresar y extrañamente uno atrae también esas cosas. Eso ocurre hasta que te das cuenta de que no funciona, de que no es lo que querés realmente, de que si no cambiás vas a caer siempre en el mismo circulo vicioso.

Saludos y gracias por agregarme a tus links!

Cinthia Dimitri dijo...

Bueno, ¿y a qué respuesa llegó?

Que febril la mirada

Twenty-something-me, luego de la sorpresa y la incredulidad, encontraría sociego en la idea de que la apertura que he vivido los últimos año...