6.4.06

Resistencias reaccionarias conservadoras

Una vez más me impacto violentamente contra una realidad que no se ajusta a mis previas percepciones - idealizaciones - sobre mí, mi inserción en el mundo y las características del mismo. Es como si de repente la bruma transparente, embriagadora y alucinógena que constantemente me rodea fallare en su misión y me abandonase a un mundo desconocido y hostil. O quizás por el contrario, tanto más feliz mi angustiosa cobardía, fuese a la inversa. De esta forma el violento impacto se explicaría como producto de una bruma que me confunde. De la repentina aparición del genio maligno de Descartes.
¿El desagradable detonante de mi convulsivo lloriqueo? Veo que mi discurso, mis estructuras, mi concepción del mundo, poco o nada se ajustan al medio social en el que me toca desenvolverme. Como pocas veces me planteo que puede que en mi obstinadísima posición me privo de tender puentes a otros sujetos. Me privo de ser parte de una armonía, de sumar mi voz y danzar con alguien más que conmigo mismo. Por primera vez en mucho tiempo puedo concebir a la armonía no ya como algo peyorativo, algo degradante y limitativo, sino como una escalera que eleva. Sin embargo no me lamento de mi línea de conducta ni me planteo modificarla. Es ésta ahora y a diferencia de antes una decisión totalmente consciente: mantenerme al margen, en mi posición. No siento que me condicione un orgullo gigantesco si bien me planteo esa hipótesis porque parece racionalmente convincente.
Inmediatamente, necesariamente, me atraviesa la revelación de todos los días: lo que busco es magia. No me angustia no sociabilizar como otros. No me angustia que por mi naturaleza, por fidelidad a mi voluntad, caprichosa como es, me prive de disfrutar del dulce fraternizar. No ansío a cada momento liberarme de mis silencios, de mi propia compañía. ¡La disfruto! ¡Y mucho! Es decir, no me pesa, no me angustia. Es por esa razón que no me invaden las ganas de rodearme de gente. Por el contrario, quiero magia. Quiero el contacto mágico con individuos que no valen sino como transmisores de ésta. No hay otra pretensión más que esa. Qué lo inverosímil e irresistiblemente atractivo se empeñe en seducirme. Sí. Seducirme. Seducir al esclavo feliz de su racionalidad. Al obsesivamente estructurado. Al que se aburre de la literatura fantástica. Al que el esoterismo, por más que él no opuso ninguna resistencia, no logró apasionar. Al que se frustra de no sentir la poesía, no obstante entender el concepto que ella implica.
Paradojalmente, siento una alegría infantil, esa misma que pude haber sentido cuando veía algún truco con cartas a los 6 o 7 años, o la que me invadía a la misma edad con la proximidad de Navidad, justo cuando me sorprendo ante conceptos racionales que me iluminan sobre temas donde ni sospechaba que habían respuestas. O cuando descubro el código para leer los símbolos que me explican convincentemente una realidad interna o externa a mí cuyo desconocimiento me significaba una tensión, una suerte de dolor no sensorial ni plenamente consciente. Y en aquellos momentos donde, como hoy, esa realidad violenta que me impacta entre otras cosas da cuenta de mis limitaciones, mucho mayores que las que me gustaría, me siento humillado ante mi mismo. Ante el ideal que me he erigido de mí. Por suerte la sangre me determina. Ni bien tomo control sobre mi mismo, me propongo lograr elevar mi techo a fuerza de cabezazos. Y hasta ahora no he encontrado techo que se me resista mucho tiempo. Cierto es que sí llega el día en que un techo, impasible, se niegue a ceder, preferiré fracturarme el cráneo a vivir en la deshonrosa resignación.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Leopoldo, q sutilezas, yo tambien estudio filosofia, algun dia quizas nos juntaremos a tomar una sidra y charlar, de la vida..

sedrete_tor@hotmail.com

Cinthia Dimitri dijo...

Te voy a ceder mi dirección de mail.
Sería lo más justo. :p

(Es un chiste, svp)

Espero que estés bien, vasquito lindo. Me alegra sobremanera que estés disfrutando tus lecturas y tus clases, mucho, en serio.
Beso.-

Patricia Angulo dijo...

Chocarse contra esa realidad es inevitable, no somos homogéneos de manera tal que al convivir, al salir al mundo exterior, ese que está lleno de gente que no se nos parece, nos golpea en la cara mal.
Y duele reconocer que la vulgaridad gana las batallas de manera agobiante.
Pero sin dejar de ser vos, sin apartarte de lo que te hace feliz, yo descubrí que uno es mas completo cuando menos astructurado vive, cuando uno se mezcla con lo que jamás se mezcló, cuando uno le da entrada a cosas que por desconocimiento o miedo siempre deshechó, o desestimó por poco cultas, o muy simples.
El techo ese que vas a romper seguro, es puro crecimiento y me parece que en la diversidad, en lo heterogéneo está la maravilla.

No sé si te he interpretado, pero me da la sensación de que vos estás molesto con cierta estructuración que hay de tu parte.
Eso se puede modificar, siendo mas maleable, como sos cuando te dejás llevar por algunos de mis cuentos.

Un beso Leopoldo y felicitaciones por haber empezado filosofía, muy bien!

mi otro yo dijo...

las letras, tus letras me dicen tan apasionadamente bien, me llegan a pensarte en diferentes direcciones pero terminando en una misma puerta.
En fin, me gusto leerte.
Saludos!

Tu nombre esta tan lleno de emociones para mí,tan lleno que duele.

mi otro yo dijo...

hoy tu blog cumple un año,no?

Pariz dijo...

Usuario anónimo: ya en algún momento nos cruzaremos, pero no para tomar sidra. :P

Dimitri: bang bang.

Pato: estás perturbando mi joven e inexperimentada cabecita. :p
Sin lugar a dudas y como bien decís vos, de lo heterogeneo podemos enriquecernos mucho. Será cuestión de animarse.

Mi otro yo: muchas gracias señorita por palabras tan lindas. Nos seguimos leyendo.
Y sí, fue mi cumpleblog, y vos fuiste la única que me saludó. Lo recordaré. :)

Marilia dijo...

Oh... please

Que febril la mirada

Twenty-something-me, luego de la sorpresa y la incredulidad, encontraría sociego en la idea de que la apertura que he vivido los últimos año...