Cuanto más me acosaban las tinieblas del mundo nocturno,
más me aferraba al universo platónico,
porque cuando más grande es el tumulto interior,
más nos sentimos inclinados a cerrarnos en un orden.
Ernesto Sábato
La Resistencia
Ernesto Sábato
La Resistencia
Una tarde, en algún café de los tantos que hay en Buenos Aires, me encontraba con dos de mis amigas más queridas y en una charla que ellas llevaban a cabo y yo atestiguaba surgió como consigna la idea de verbalizar en primera persona del presente simple de forma tal que el resultado definiese sintéticamente las características de la persona de la que hablábamos. No recuerdo con respecto a quién dijeron un "yo quiero", luego un "yo tengo", y así nos íbamos riendo pues el juego se nos antojaba divertido. En un momento, cuando las dos clavaron sus ojos en mí, casi al unísono y en carcajada, como si fuese una verdad extremadamente obvia y cómica dijeron un "yo debo".
Me causó algo así como gracia que ambas estuviesen tan de acuerdo, sin previo acuerdo al parecer, en definirme así. Sentí una suerte de alegría tonta, indefinida. La misma que siento cuando reconocen aquello que considero un logro, un producto de mi esfuerzo. No porque el objetivo sea el reconocimiento, sino porque el mismo le da mayor sabor al logro. Largo rato medite al respecto. Pero esto fue hace tiempo ya.
Soy muy crítico de todo, especialmente de mí. Sin embargo, me he abrazado al estoicismo progresivamente como a un dogma religioso, sin cuestionarme en mucho tiempo el beneficio real de dicha renuncia a todo lo que implique un placer superficial y vano en comparación al placer a largo plazo, el placer del logro y del beneficio. Algo así como ver en el abuso de los placeres inmediatos un obstáculo en mi carrera hacia cosas cualitativamente superiores, hacia cualquier forma de trascendencia que potencialmente pueda alcanzar. El dogma entonces, el estoicismo. ¿Como fin? No. Obviamente que no. Como medio. Como medio para alcanzar mi mejor potencial de mí. Claro que abrazar abnegadamente el beneficio futuro y convertir todo presente en un sacrificio obtuso no es eficiente a largo plazo, por tanto he venido administrando los placeres inmediatos de forma tal que su disfrute, lejos de alejarme de dicho objetivo, es decir de mi potencial mejor yo, significaren por el contrario la clave para alcanzarlo en mayor grado.
El repudio a mi forma de comportarme se ha dejado oír especialmente cuando significó malestar entre gente cercana y querida. ¿Pues qué clase de amigo priva a sus amigos de su propia persona? ¿Qué afecto no se alerta al observar que el comportamiento obsesivo de ese por quién siente cariño o estima cuando cree que se está encerrando o enredando en una trampa que le asocializa? Luego, un par pero de forma muy significativa me han sugerido que en mi obsesión por las formas me privo de tener contenido, o que por mi búsqueda de equilibrio o armonía me privo de elementos que me distingan como individuo. Claro que esos planteos me parecen exagerados y faltos de verdad aunque procuro no subestimar los miedos que dan lugar a ellos, pero aún así. Es recién ahora que me planteo hasta donde mi "yo debo" significa algo sensato, algo beneficioso.
Hoy, en el colectivo, realizaba un inventario de aquellas cosas que me acercan al tipo kantiano, a ese funcionar como un relojito, a esa entrega absoluta a la disciplina. Festejaba muchos logros que he tenido en cuestión de años, como la renuncia al cigarrillo por ejemplo o terminar en tiempo y forma RR II. Entonces, el divague me llevó a encontrar una veta para interpretar mi apego a las estructuras: el despotismo después de la anarquía, ¿no?
El mío no fue un caso extremo por suerte. Sin embargo se puede decir que fui muy agresivo conmigo mismo. El abuso adolescente del alcohol y del cigarrillo quizás fueron algunas de las formas más materializadas de aquellas prácticas masoquistas, autopunitivas o autodestructivas. Sin embargo no fueron las únicas. Recuerdo como me angustiaba el vacío. Qué horrible sentirme perdido. Qué horrible estar como confundido, perdido, ausente. Sin saber hacia donde dirigirme, sin saber qué camino seguir, qué valores eran sólidos tanto como indestructibles. ¡Cuánto me impactó la lectura de Sábato! Podía el viejo expresar a la perfección todo aquello que yo sentía y no podía verbalizar. Leerlo fue entender y encontrar muchas claves para empezar a comprender.
Es hora de criticar el dogma y cuestionarme si no se me habrá ido la mano. Ni siquiera estoy seguro que de ser así pueda dar remedio, por lo menos en corto plazo, a una estructura psicológica fuertemente arraigada en mí. Tal y como Sábato, sin emularlo conscientemente pero de seguro por ejemplos como el suyo, me encerré en un orden. Y todo orden está constituido de unas leyes que hay que seguir; he ahí mi "yo debo". Sartre me enseñó que uno es su propio legislador. Veremos si como tal puedo hacer frente a las ambiciones despóticas respaldadas por el exitosísimo reinado de mi Superyo.
3 comentarios:
¡¡A la miércoles!!
Es el primer comentario vulgar, de entrecasa y simplón que se me ocurre.
Despues pienso que estás en una etapa de busqueda intensa de lo que te hace bien y mal de vos, de ahí seguro que en breve va a salir algo.
Sin duda leyendo a Sabato alguna respuesta vas a encontrar, yo a tu edad hice mas o menos el mismo camino con sus libros y me dieron una mano importante.
A la Resistencia lo leí hace poquito, junto con el de Sartre que me recomendaste vos, asi que imaginate mi cabeza!
Despues tomo un poco de distancia de tu texto y pienso en algo que te dije el otro día, que las formas puras no me terminan de cerrar, me parecen demasiados exigentes y estresantes.
Será que mi espiritu necesita fluir y si lo estructuran o determinan no dura mucho tiempo sin ponerse mustio, pienso que todo es más soportable si la espontaneidad entra en juego, si hay flexibilidad en los pasos que vamos dando.
De manera tal que no nos pese tanto caminar.
Yo pienso.
Asi te hubiera calificado yo a vos en el juego y a mi Yo siento.
Solo para robarte una sonrisa.
Besos-
Una búsqueda con un líder establecido en uno, eso me gusto. Con varias cosas sabidas y creyendo conocerte, claro por vos mismo, es todo un paso, tantas veces dudoso.
Pienso que ese repudio que sentís por tu comportamiento es lo que te llevara más tarde o más temprano a una modificación que calme tu ser y deje sentirse amable desde y hacia otros.
En un momento de tu escrito sentí ganas de estar cerca, de escucharte hablar, de mirarte hablar.
Y me sonreí a sentir tan alejada de vos la palabra adolescencia, alejada por las palabras con que rodeaste a esa parte de tu vida.
Te dejo un beso.
Cuídate mucho!!!
Hola!
vine a desearte felices pascuas y a dejarte otro beso
chau y que estes bien.
Publicar un comentario