Cuando la filosofía deja de ser estimulante y da lugar a groseros conflictos de identidades, enfrentamientos de belicosos egos, posiciones dogmáticas o mero nihilismo petulante, decimos entonces que pierde todo sentido. Uno se convence del absurdo de ciertas discusiones, de los argumentos construidos y atacados que se propagan como una descolorida nebulosa de barrocos tecnicismos que no buscan alumbrar destino alguno, sino dejar en evidencia el juego vanidoso de una voz que se ama a sí misma, o busca convencerse de ello.
Cuando la filosofía deja de ser estimulante uno busca refugio en las artes. El brillo caluroso de las mismas quizás sea el lugar más seguro al cual recurrir en busca de amparo, pues ellas, desde un primer momento, humildes nos ofrecen sus sensuales caricias, como representaciones siempre novedosas, singulares e íntimas, y no como fórmulas que pretenden imponérsenos con la solidez inquebrantable de un teorema que peca por no ser aquello que dice ser.
Cuando la filosofía deja de ser estimulante y se objetiviza en academia, tal y como la religiosidad en religión, la fe en dogma o el amor, el cuidado y la guía en Iglesia, nuestros corazones se estremecen y tiritan, nuestras miradas se nublan y nuestras voces repiten mecánicamente un discurso sin sentido. Esa hermosa deidad que es la Crítica deja de ser aquellas alas que nos elevaban en graciosos vuelos alegres y se convierte en un enemigo del cual no solo hay que defenderse sino aquel al cual también hay que dar caza.
Cuando la filosofía deja de ser estimulante el mundo se me viene abajo y me siento triste y perdido, confundido en un baile de máscaras del cual no quiero ser participe.
Cuando la filosofía deja de ser estimulante y se convierte en una obligación, como otras convenciones que violentan la muy estimada libertad, la autorealización parece una utopía y se alzan impertérritos muros entre uno y los bellos jardines del paraíso.
Y es que cuando la filosofía deja de ser estimulante le embarga a uno la sensación de que no sólo Dios ha muerto. Ella lo ha hecho también.
Cuando la filosofía deja de ser estimulante uno busca refugio en las artes. El brillo caluroso de las mismas quizás sea el lugar más seguro al cual recurrir en busca de amparo, pues ellas, desde un primer momento, humildes nos ofrecen sus sensuales caricias, como representaciones siempre novedosas, singulares e íntimas, y no como fórmulas que pretenden imponérsenos con la solidez inquebrantable de un teorema que peca por no ser aquello que dice ser.
Cuando la filosofía deja de ser estimulante y se objetiviza en academia, tal y como la religiosidad en religión, la fe en dogma o el amor, el cuidado y la guía en Iglesia, nuestros corazones se estremecen y tiritan, nuestras miradas se nublan y nuestras voces repiten mecánicamente un discurso sin sentido. Esa hermosa deidad que es la Crítica deja de ser aquellas alas que nos elevaban en graciosos vuelos alegres y se convierte en un enemigo del cual no solo hay que defenderse sino aquel al cual también hay que dar caza.
Cuando la filosofía deja de ser estimulante el mundo se me viene abajo y me siento triste y perdido, confundido en un baile de máscaras del cual no quiero ser participe.
Cuando la filosofía deja de ser estimulante y se convierte en una obligación, como otras convenciones que violentan la muy estimada libertad, la autorealización parece una utopía y se alzan impertérritos muros entre uno y los bellos jardines del paraíso.
Y es que cuando la filosofía deja de ser estimulante le embarga a uno la sensación de que no sólo Dios ha muerto. Ella lo ha hecho también.
9 comentarios:
Ya que venimos en la onda Hesse, acá va una de las mejores frases que haya escrito que me parece apropiada para este post "para nacer, hay que romper un mundo". Pensalo...
Hola hijito mío.
El beso de siempre del viejo.
Estoy leyéndote/adivinándote/sintiéndote.
En los festejos de los 36 años en que tu hermosa madre me acompaña en este dulce sueño-camino que es la vida de a dos y luego de a cinco me recordás sobre el merecido equilibrio y difícil del justo medio. Parece que los esfuerzos extremos no son aptos y de sana utilidad para la humanidad y nosostros, sus sustantivos, los humanos.
La belleza parece ser que está en el medio, en el placer de aquel Shidarta de Hesse, en la contemplación, el pen-sar, pen-ser.
La religiosidad por supuesto que sería más bonita, noble, creíble, de alegría en la ejercitación, si estaría ajena de extremos, de obsesiones. Al igual que la filo-sofía. Solo nos debemos el error felíz del extremo en el amor, pero con cuidadito...
Te amo hijo. Toda mi admiración.
Papá.-
Jajaja! La filosofía no ha muerto. Relájese. Es la humanidad la que está como muerta en vida.
La filosofía de las convenciones, la filosofía de las universidades, eso no es amor, no es filosofía. La filosofía es amor puro, la verdadera filosofía es magia, no ciencia.
No, la filosofía de los académicos no es mas que un gran órgano digestivo lleno de ácido gástrico, destinado a transformar a los seres humanos en un limo blando y espumoso.
Me gustó mucho lo tuyo Enrra.
Hay cierto aire de cruel realismo y un sórdido humor en ello.
El día en que el hombre intelectualizó (o intentó) a los sentimientos, a los sentires, el hombre la cagó...
Un abrazo desde el sur.
El papá de Pablo.
Quién no ha sentido eso alguna vez. Pasar del supremo entusiasmo al puro escepticismo, convivir con la desesperación casi sin escalas.
El academicismo pareciera atentar contra ella; en muchos casos, no siempre. Uno se frustra muy a menudo, pero también es cierto que la filosofía guarda en sí misma una esperanza de hallar una luz, y por más trillado que parezca esto, creo que puede ser así. Al menos así lo concibo yo.
Las artes son un refugio. Claro que sí. Pero cuánto mejor se interpretan o aprecian si se cuenta con una base que permita apropiarnos de otros tipos de lenguaje.
Hace unos días me preguntaron por qué me gustaba la filosofía. Y yo siempre tardo en responder, siempre tengo la sensación de estar respondiendo algo distinto, no porque no sepa nunca qué responder (o quizás), sino porque tal respuesta está en permanente construcción.
Algunos lugares comunes me permiten dar cuenta que lo que me lleva a vincularme con esta disciplina es fundamentalmente la curiosidad, también el poder comprender otras formas de pensar, los cuales a menudo me permiten encontrarle sentido a la vida, cada vez que me junto a charlar con determinadas personas que aparecen en mi vida.
Que andés bien con tus cosas. Ah...Y Feliz Día.
Un abrazo.
FELÍZ CUMPLE, Leopol...
Estimado Leopoldo, tenga a bien actualizar o, al menos mostrar leves señales de vida.
se extrañan sus escritos, Sr.
y justamente, en todo canto desesperado, hay una luz.
Y también, en los conflictos nace cierta capacidad artera, ¿no?
herramientas nuevas, o confundirse más o discernir.
Saludos.
filosofia, fantasia, felicidad, frustracion, fuerza... fé...
todo el tiempo es una cancion desesperada. Desesperada de vivir intensamente intensas cosas.
Creo que no hay profesiones artisticas y profesiones que no. Uno hace de su profesion un arte, creo que cualquier cosa es magica si uno lo ve como tal. Justamente creo que lo que busca la filosofia no es el justificativo o el porque de todas las cosas, sino presisamente es la busqueda siempre de lo imperfecto, porque de no exisitir lo imperfecto la filosofia no tendria "vida"...
El arte es perfecto e imperfecto a la vez, triste y alegre a la vez, feliz y frustrado a la vez...
Lo bello siempre tiene dos caras, asique tu odisea es lo mejor que te puede pasar jeje ;)
Un abrazo.
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