17.12.12

En tránsito

 Wie man wird, was man ist

Llegará el día en que estas lágrimas candentes sean nieve sobre mi rostro
y en que este llanto ahogado y desesperado sea un suspiro.
Llegará la noche en que al mirar los astros no me encuentre
reprochándoles por el fracaso de un amor que aún siento vivo.

Pasará el tiempo y mis experiencias te tendrán cada vez menos por medida
te disociaré de a poco de mis penas y alegrías
Me sorprenderé olvidando lo obvio y recordando lo intrascendente
juntará polvo el ajado y rancio libro de nuestras mitologías.

Porque la memoria es un demonio vivo y veleidoso
¡qué error confundirlo con notario empedernido, con escriba riguroso!
Por el contrario, nada más ajeno a su vocación, a su oficio, a su arte
que pincela y retoca, cincela y recorta, encastra y moldea, una y otra vez
y juega con el material etéreo y evanescente del que están hechos los recuerdos,
alterando el pasado con voluntad manifiesta,
trabucando los hechos por pura clemencia.

Un buen día no tendré más miedo
y no discurrirán una tras otra, abominables, las agonías
Un buen día habré olvidado, como antes, cómo llorar
y cederá la angustia la obstinada presión que ejerce mañosa desde mi pecho.

El silencio no será una cárcel y su presencia funeraria
el mediodía será plenitud y no un calvario, una farsa
la noche será un hogar, brazos en los cuales guarecerse
la alegría, vívida y hermosa flor en los campos, no estéril pieza mortuoria.

Pasará el tiempo y recuperarás tu nombre
La acefalía no será más anarquía en el reino del cual soy siervo,
mi intimidad será otra vez bulliciosa, civil, fruto de un acuerdo
volverá a erigirse un puente, volveré a surcar la mar.

Llegará el día en que vuelva a germinar en mí el futuro amputado
un día en el que el pasado no sea un templo vejado
Llegará el día en que el presente sea digno
fruto de un camino transitado, sueños bajo un cielo estrellado.

Llegará el día en que no me degrade en el necesitarte
y pueda entonces sí, amarte en paz y a la distancia
como quien ama al cielo, al viento o a los niños
como quién goza de la fervorosa religión de la propia infancia.

Pasará el tiempo y me recocijaré de no ser más péndulo ni otario
dueño de mí me erguiré sin bastón alguno, sin trémula impostura
Pasará el tiempo y sentiré hambre, tendré sed y gozaré de los esfuerzos
que la lucha es una fiesta, que la muerte lo contrario.

Pero hasta que ese día llegue, hasta que pase de una vez el tiempo necesario
deberé hacerme cargo de este dolor, de este espanto
de extrañarte con el cuerpo, de llorarte con el alma
de odiar tu abandono, tu frialdad, tu egoísmo y tus agallas,
de envidiar tu instinto de conservación, que puede más que el amor
o de despreciar a tu amor, ridículamente débil ante tu instinto de conservación.

Hasta que ese día llegue amarte será sufrir
y deberé frustrarme en mi necesidad
y deberé extrañarte en mi soledad
y fracasaré incesante al intentar erigir un castillo de naipes sobre esta ridícula barcaza,
mi salud emocional.

Temblará mi mentón aún más de mil veces,
bufaré iracundo este dolor cuando débil
me ahogaré de angustia al hallarme un extraño en el relato de tus días
sufriré aún más profusamente al sufrirte una ausencia en mi vida.

Mas cuando aquel día llegue
y sienta paz
y no me duelas
y te perdone
y pueda amarte sin por ello odiarme
y pueda amarme sin por ello odiarte
ese día todo esto habrá valido la pena
ese día culminará mi condena
y ya quizás no te extrañe
por el contrario,
ese día, con seguridad
serás más mía que nunca,
vos y yo, reina mía, mi deidad
nos conciliaremos en una unidad
en la unidad del hombre que realmente soy.

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