Quisiera ser digno de mis padres,
no serlo sería imperdonable,
que como el cándido Sol que ofrece en guía su luz
y como la incansable Luna regentea el equilibrio de mis mareas
son la condición de posibilidad de mi existencia,
son el amor que siento, mi esperanza, mi recursos, mi referencia.
Y para Elena, mi reina, mi hija hermosa y tierna
quisiera ser por antonomasia el amor.
Proporcionarle, para sentirse plena, mil herramientas.
Ser axioma, fundamento, ser en su pecho calor.
Y si algún día asaltara alguien mi trono en su horizonte afectivo,
si la vida y sus leyes liberaran a mi Antígona,
quisiera que le cueste y mucho al atrevido usurpador,
que epopéyica deba ser su gesta, un logro sin parangón.
Que para vencerme, para desplazarme,
para ser para ella lo que ella es para mí,
mis actos, mi amor y mi entrega le exijan:
incansable, ser un gladiador de la vida,
inspirado, ser un artista de las relaciones,
brillante, ser inteligencia al servicio de sus pasiones,
libre de mácula, ser un alma superlativa.
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