9.3.14

Un álamo

Todos quieren ser poderosos y nadie dueño de sí mismo.

- Tenés opción. Podés preservarte. No entiendo por qué elegís exponerte de esta manera. Sos libre de pensar y sentir lo que quieras pero no ganás nada parado acá, enarbolando una bandera que invita a que te golpeen. Tu discurso es confuso, pone sobre la mesa cuestiones polémicas y no logra sino efervescer prejuicios muy instalados. 
- Que haga un elogio del pragmatismo no me hace pragmático.
- Eso mismo es lo que digo. Es muy adolescente comportarse como si fuese necesario defender tu dignidad ante el mundo mediante el enunciado abierto de cuestiones que quizás te ganen el aplauso de unos pocos, si es que los hay, pero también la censura de las mayorías. Sos dueño de pensar lo que quieras, no tenés por qué refregárselo en la cara a nadie.
- Es justamente eso, una cuestión de dignidad y me sorprendo sin poder escapar de ello. Pero la cuestión está clara. Siento que en el transcurso de mi vida he atravesado un proceso dialéctico que tuvo por primer momento, un momento que he calificado de ingenuo pero que sería más prudente o correcto denominar como taxativo, en el cual la Objetividad era ley, las cosas eran o no eran, independientemente de cualquier subjetividad. Fue un momento marcado por la imposibilidad del consenso. El dialogo se terminaba reduciendo a un juego en el que una u otra parte se imponía sobre la otra. El vencedor era dueño de la verdad, era el vehículo del conocimiento, era un santo guerrero que cumplía su misión, arrojando luz sobre la oscuridad, proveyendo Justicia. En un segundo momento, ante un fracaso estrepitoso, la Objetividad se mostró como una quimera, como un imposible, como un supuesto inocente que sólo la imbecilidad podía defender. La conversión a la religión de la Subjetividad fue un proceso doloroso pero redentor. Los pecados de otrora se lavaban desde el respeto y la comprensión de la finitud y precariedad de todo sujeto cognoscente. La intersubjetividad era la única manera digna y eficiente de construir una escalera que nos permitiera arribar a la Verdad, pero verdad ya no como una entidad autónoma, sino como algo que era imposible de ser sin aquel que la piense. El Conocimiento dejó de existir. Sólo existían sujetos que "conocían", que construían algo que llamaban conocimiento para poder tomar decisiones, para poder interpretar las variables que les conducirían a optar por tal o cual curso de acción, que les conducían a esperar tal o cual escenario. Claro que el reinado de la Subjetividad también encerraba en sí mismo, como un cáncer, el agente que traería aparejado su fracaso. Porque así como la Objetividad imposibilitaba el consenso puertas afuera, la Subjetividad, en sus consecuencias más extrapoladas, terminaba imposibilitando el consenso interno. Cómo defender tal o cual posición, cómo pararse y defender nada si el relativismo, que consecuente consigo mismo implicaba someter a juicio crítico todo deseo, todo pensamiento, toda convicción, hacía de uno una entidad sensible, con una empatía hipertofiada, con una voluntad excesivamente cauta. Cómo arribar a seguridad alguna, cómo evitar que el Ego no se sienta eventualmente ultrajado y obre según pasiones irresistibles y destructivas, cuando el esfuerzo por contenerlas fuere infructuoso. Cómo no sufrir ante cada batalla perdida a manos de aquellos que carecían de empatía y estaban sobrados de ambición
- ¿Entonces? Si entiendo lo que estás manifestando correctamente justificás el hecho de estar exponiéndote como lo hacés como un acto de rebeldía no sólo ante los que considerás prejuicios instalados con los cuales no comulgás, sino además cómo un acto revolucionario ante el reinado hoy ilegítimo de la Subjetividad. ¿Eso no te devuelve al punto de partida? ¿Acaso pensás que el resultado de tu "dialéctica" te ubica fuera de esa disyuntiva? ¿Vas a recurrir a esas explicaciones confusas y débiles que plantean la reconciliación entre Objetividad y Subjetividad pero que terminan ocultando el bando para el cuál juega cada uno? Supongamos que resolviste tu dilema. Sigo sin entender cuál es la necesidad de ir por la vida generándote obstáculos y resistencias.
- Bueno, precisamente, no puedo resolver la disyuntiva. No me convencen las respuestas ensayadas. Según lo veo, es imposible resolverlo. El relativismo sigue siendo el escenario de base. Es en sí la razón por la cual es imposible resolver nada. Prima el reinado de la Subjetividad que llegó para quedarse, más allá de cualquier revolución que queramos llevar a cabo. Creo que el problema deja de ser epistemológico y pasa a ser sólo ético. Ya no se trata de cuestionarse si la Verdad y la Justicia son entidades reales y autónomas, se trata de tomar partido respecto de qué intereses se sirven. El problema es ético porque el problema es el Poder. He comprendido que más real que la Verdad y la Justicia es el Poder. Estar al servicio de qué y por qué. Ajustar mi discurso y mis filiaciones en función de incrementar mi caudal de poder o exponerme al castigo del poder de otros. Me convenzo día a día de que el Poder es como un fuego que no puede ser dominado por nadie. El poder tiene voluntad propia. Quienes lo acumulan, si bien participan de la ilusión de que el mismo es un atributo propio por ser, a ojos propios y extraños, la causa eficiente de que suceda tal o cual cosa, son en realidad tan sólo vehículos del mismo. El poder no es un atributo del poderoso. El poderoso es un vehículo del poder. El poder esclaviza, condiciona. El poder vacía al individuo de su individualidad. Sólo persisten su voluntad de autopreservarse y de acumular más poder. Una mayor cuota de poder es interpretada como una mayor fuente de satisfacciones, de placer, pero también como una necesidad ante un hecho trágico: mayor poder implica mayor cantidad de amenazas, mayor peligro. De ahí que el más inteligente y poderoso de los poderes busque pasar desapercibido. De ahí que el pragmatismo conduzca al poderoso a entender que si bien la ostentación del poder suele inhibir y desalentar la voluntad de confrontación de los sometidos, nunca es tan eficiente como el hecho de su efectiva ocultación. 
- Te estás contradiciendo, querido. Sostener vivaz una pancarta que dice "Péguenme" es lo opuesto de lo que estás sugiriendo como cauto o como eficiente.
- No me estás entendiendo. Esa es precisamente la cuestión. Mi disyuntiva es hoy ética. No pretendo acumular poder. Pretendo reconciliarme. Pretendo fortalecerme. Pretendo dejar atrás esta sensación horrible de estar conflictuado. Quiero ser yo y estar orgulloso de eso.
- ¿A costa de martirizarte? ¿No te das cuenta de la vanidad que hay detrás de un acto semejante? ¿No está acaso también escrito que el mártir es un artista del poder? ¿No está presente en él la voluntad de incinerarse y hacer de su combustión un mensaje? ¿No es acaso él el vehículo del poder por antonomasia...? ¿...quien permite que su propio cuerpo sea sacrificado al servicio de aquél? No se puede escapar al Poder. Somos efectivamente vehículos de él, independientemente de si elegimos someter o ser sometidos.
- Bien. Estamos de acuerdo. Somos vehículos del poder. Y yo me encuentro muy por debajo del común de los normales. No soy lo suficientemente "bueno" como para proponerme acumular poder. No estoy lo suficientemente entero. Sufro estar conflictuado. Sufro el ser consciente de mis carencias y angustiarme enormemente por ello. No puedo dejar de ser consciente de ello. Esa es mi angustia, ese es mi centro. No pretendo evangelizar a nadie. No pretendo aplausos. No se trata de eso. Quiero estar en paz conmigo mismo. Me quiero en exceso.
- Pero... ¿por qué enunciar nada, imbécil? ¡Estúpido! ¿Por qué exponerte? Me estás exasperando.
- Porque siento que si no lo hiciere, me estaría mintiendo.
- Eso es una estupidez y lo sabés. Lo tuyo es narcisismo.
- Quizás tengas razón. Ahora mismo, poco me importa. No hace mucho enuncié que era una reivindicación narcisista, censurable por ser tal, pero que de igual manera me debía a ella: "por más que mi copa se sacuda violentamente ante el viento, soy un árbol de raíces profundas y madera flexible. Soy un álamo." Y no se trata tanto de lo que soy o no soy. Se trata de lo que quiero ser.

No hay comentarios.:

Que febril la mirada

Twenty-something-me, luego de la sorpresa y la incredulidad, encontraría sociego en la idea de que la apertura que he vivido los últimos año...